¿Y si cambiamos la pregunta?
En lugar de preguntarnos todo el rato:
«¿Qué me apetece?»
«¿Qué me conviene?»
«¿Qué voy a sacar yo de esto?»
«¿Y esto para qué me sirve?»
Probar a preguntarnos:
«Señor, ¿cómo puedo hacer esto para tu gloria?»
Porque entonces cambia la perspectiva.
Trabajar puede ser para su gloria.
Estudiar puede ser para su gloria.
Cuidar de alguien puede ser para su gloria.
Hacer la comida, limpiar, conducir, escuchar, acompañar, descansar… también.
Incluso esas cosas pequeñas que nadie ve y que, a veces, nos parecen tan poco importantes.
Todo puede convertirse en ofrenda.
San Pablo lo resume de una manera preciosa:
«Hacedlo todo para gloria de Dios».
(1 Cor 10,31)
Todo.
No solamente lo que hacemos dentro de una iglesia.
No solamente nuestras oraciones.
No solamente los momentos que consideramos «espirituales».
Todo.
Porque la vida entera puede ser un acto de amor.
Y esto tiene algo liberador: no necesito hacer cosas extraordinarias para vivir una vida extraordinaria.
Puedo hacer extraordinariamente bien lo ordinario.
Puedo poner amor en lo pequeño.
Puedo convertir una tarea cualquiera en una oración.
Puedo mirar a la persona que tengo delante y pensar:
«También esto, Señor, quiero hacerlo por Ti».
Y entonces hasta un día aparentemente normal empieza a tener otro brillo.
Porque ya no vivo simplemente para que las cosas salgan bien.
Vivo para que mi vida diga algo de Él. ❤️‍🔥
Así que hoy, hagamos lo que nos toque.
Con alegría.
Con amor.
Con toda el alma.
Y cuando nadie nos esté mirando, cuando no haya aplausos, cuando parezca que lo que hacemos no tiene ninguna importancia…
hagámoslo para gloria de Dios.
Porque para Él, nada de lo que hacemos con amor es pequeño.

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