Señor Jesús: Aquí estamos. Un jueves más contigo. Y ¡qué descanso poder venir aquí, Señor! Tal y como estamos: cansadas, desganadas, tristes, alegres… quizá con muchas cosas en la cabeza… Quizá con pocas ganas de hablar… No sé… Cada una como estemos.
Pero lo importante es que hemos venido y que podemos descansar en Ti.Porque delante de Ti no tenemos que aparentar nada. Aquí podemos quitarnos las máscaras. Podemos dejar de hacernos las fuertes. Podemos simplemente estar… y descansar.
Y Tú estás aquí y nos miras. Y nosotros queremos mirarte… aunque a veces nuestras miradas se distraigan y vayan por ahí, poniendo los ojos y el corazón en cosas que no son Tú. Pero nuestro deseo es mirarte a Ti. Y solo a Ti.
Y esta noche queremos aprender de tu Madre. Hoy es un día que quizá pasa bastante desapercibido, pero es un día muy mariano, muy de tu Madre. Y me acuerdo de que, desde muy pequeña, para mí este día ha sido superfiesta… la fiesta más grande.
He oído tantas veces algo que ha ido marcando mi vida y mi corazón desde pequeña: «No hay advocación más dulce a la que acogerse que la de la Merced y la misericordia de María» Y así he aprendido a querer a tu Madre, viéndola como merced, regalo, don, misericordia. Y esta noche quiero aprender de Ella. A estar contigo. A cuidarte. A quererte. A amarte tanto, tanto…
A estar a tu lado sin ruido, pero con la fidelidad más perfecta de todos los tiempos. Con el corazón más puro. Con la entrega más incondicional… Quiero aprender todo eso de tu Madre.
Son pocas las palabras que el Evangelio recoge de Ella. Pero las últimas que recoge de Ella son para nosotros son todo un programa. Todo un camino. Toda una vida. Y a mí me resuena en el corazón aquella frase: «Haced lo que Él os diga». Eso es lo que nos dice a nosotros: Hacer lo que Jesús diga. Y hacerlo rápido. Y hacerlo sin vacilar. Hacerlo sin dudar.
Tu Madre no dice: «Solucionadlo vosotros». «Espabilad». «Ya veré yo cómo arreglo esto, estad tranquilos». Tampoco dice: «Preocupaos». Sino que dice: «Haced lo que Él os diga».
Y esta noche, Jesús, eso es lo que necesitamos escuchar. No necesitamos saber qué va a pasar. No necesitamos que nos expliques los porqués de todo. No necesitamos que nos asegures que todo saldrá como nosotras planeamos y esperamos. Solo quiero escucharte fuerte dentro de mí, diciéndome: «Haz lo que Yo te diga».
Y aquí estamos. Háblanos, Señor. Queremos escucharte.
Hay otra palabra de tu Madre, Señor, en Caná, que dice tanto de lo que Ella es y de cómo cuida de todo y de todos: «No tienen vino». Qué frase tan sencilla. Solo tres palabras. Ella se da cuenta de lo que pasa. Ella ve lo que nadie ha visto todavía.
Ve la necesidad.
Ve la pobreza.
Ve la urgencia.
Ve la vergüenza que puede venir después… Y te la presenta.
Tampoco te dice lo que tienes que hacer, como hacemos nosotros tantas veces. No hace un discurso. No explica demasiado. Simplemente te expone una realidad: «No tienen vino».
Y, Señor, en mi vida hay muchos momentos en que a mí también se me acaba el vino. A veces se nos acaba la paciencia, la alegría, las ganas, la esperanza, la ilusión, las fuerzas… Y hay veces que venimos a Ti diciendo: «Señor, mira… yo ya no doy más de mí. Ya no puedo más».
Y tu Madre nos enseña algo precioso: Que no hay que tener miedo a decirte «no puedo más». No hay que tener miedo a decirte: «Ya no tengo vino». «Ya no me queda más». No tener miedo a mostrarte a Ti nuestra fragilidad y nuestra pobreza. ¡Ojalá no tengamos miedo a venir a Ti, Señor! A decirte:
«Yo no sé».
«No puedo».
«Tengo miedo».
«He vuelto a caer».
«Esto es lo que hay».
Porque yo sé que Tú no necesitas que venga a Ti llena, intacta, perfecta. Más bien quieres que venga a Ti vacía… para que Tú puedas llenarme. Y esta noche, Señor, quiero aprender de tu Madre. Ella ve la necesidad, pero no se queda atrapada en ella. Te la lleva a Ti. Y cuántas veces nosotros hacemos justo lo contrario: vemos una dificultad, vemos un problema… Y, en vez de traértelo y entregártelo, empezamos a darle vueltas.
Pensamos.
Repensamos.
Nos preocupamos.
Nos agobiamos.
Nos adelantamos.
Y montamos una película… Y terminamos agotados sin haber hecho otra cosa que pensar y darle vueltas.
Pero María, nuestra Madre, no hace eso. Ella te mira a Ti, Señor. Y confía. «Haced lo que Él os diga».



Tão verdade Madre Olga.
Gracias Señor,porque buscas la manera de decirnos que estás Siempre con nosotros,llámanos fuerte a Tu Presencia Bendita y Sanadora.
Gracias Madre❤️🙏