Adhesión plena a la Voluntad de Dios

Es el primer elemento esencial de la obediencia teresiana. En toda obediencia hay una Voluntad de Dios que está por medio y olvidarla es desfondar la obediencia. Siempre cuando obedecemos, además de ser que obedezcamos en un asunto o en otro o en otro… siempre cuando obedecemos estamos buscando la Voluntad de Dios. Y si no estamos buscando eso, pues, se pierde uno… ¿Para qué estoy obedeciendo? ¿por pasar el rato? ¿Por qué soy aficionada? ¡Pues no! Si yo busco obedecer, y quiero obedecer, e intento ser fiel a la obediencia, es buscando la Voluntad de Dios y deseando cumplirla, deseando realizarla.

Y Santa Teresa nos da una bella definición de esa virtud y nos dice, utiliza su “palabra mágica” por supuesto: “Obedecer es determinarse –estamos en lo de siempre: o nos ponemos o no nos ponemos– a poner la propia voluntad en la de Dios” (Fundaciones, Prólogo nº1). Ahí es nada. Esto se escribe muy fácil y se hace como se puede, porque más bien es difícil, es complejo, ¿no? “Determinarse a poner la propia voluntad en la de Dios”.

En las Fundaciones habla muchísimo de la obediencia. Sobre todo en el capítulo 5, es una virguería, pero es para leerlo en un día que uno tenga moral alta ¿eh?, porque te pude dar un… Te entra un agobiazo que te mueres en marcha. Entonces… si estais un día con sol, pletóricas, con ánimo y tal… ¡venga, voy a leer el capítulo 5 del Libro de las Fundaciones! Si estás a medio gas… dejadlo para otro día; leed algo divertido porque si no… ya os morís del todo…

El capítulo 5 de las Fundaciones es de una lucidez y de una precisión impresionantes, pero… ¡claro! es tan preciso que sacude sin misericordia. Entonces digo que tiene que ser un día en uno esté un poco bien, pues si está… no se recomienda para ese día, mejor se deja para otro momento, ¿no?

Bueno, pues en el Prólogo ella empieza diciendo todo eso que “es determinarse a poner la propia voluntad en la de Dios”. Eso es obedecer, así de simple, no hace falta una gran definición teológica. Eso es obedecer y lo demás son tonterías. Otra cosa es como ponemos eso por obra porque no es tan sencillo.

Su argumentación es sólida, la obediencia no es un fin, es un medio. Eso que nos quede claro: obedecer por obedecer… ¡es absurdo! Yo obedezco por hacer la Voluntad de Dios, para demostrarle a Dios mi amor, para configurarme lo más posible con Cristo que es el Obediente. La obediencia de Cristo es nuestra salvación, es nuestra salud, es lo que complace al Padre. Entonces yo obedezco para complacer al Padre como Cristo le complace, para ser corredentora con Él, para ayudarle en la Redención, en la Salvación, en la salud de todos… No obedezco por obedecer, obedezco para configurarme lo más posible con Cristo, que esa es la santidad.

La obediencia decimos que es un medio y es un medio certero y seguro para vivir el proyecto que Dios pone delante de aquel que ha sido llamado para hacer su Voluntad. Nosotras, por el hecho de estar consagradas, hemos sido llamadas a hacer la Voluntad de Dios y a caminar por donde el Hijo caminó y el Hijo caminó por el camino de la obediencia.

Esto para Santa Teresa es sinónimo de perfección y perfección en el lenguaje teresiano es santidad y a eso estamos llamados todos: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto. Sed santos –dice Dios- como Yo soy santo”, ¿no? La vocación del hombre, de todo el hombre, consagrado o no, pero más todavía el consagrado, es llegar a la perfecta unión con Dios. Todos estamos llamados a la unión, llegaremos o no llegaremos, pero estamos llamados a ella.

Y dice Santa Teresa que “no hay camino que más presto lleve a la suma perfección que el de la obediencia”. No hay otra vía más rápida. Si tú obedeces, no caminas, corres, ruedas…. Si no obedeces, ya puedes hacer muchas otras cosas, que todo acto deja de tener valor. Solamente la obediencia es lo que da valor a las cosas. “Pero ¡oiga! pero a ver ¿no era solo el amor el que da valor a todas las cosas?” Es que el amor y obediencia es una misma cosa. El amor a veces se siente, la obediencia se siente lo que fastidia simplemente, ¿no? No se siente nada más…

El amor, ¿por qué? Os lo voy a demostrar: porque el amor no está en los sentimientos, ya hemos hablado de ello. Tenemos tres potencias: memoria, entendimiento y voluntad. Entonces hay tres virtudes teologales que inciden sobre las tres potencias: el amor sobre la voluntad, la fe sobre el entendimiento y la esperanza sobre la memoria. Son las que elevan las tres potencias.

Entonces, si yo estoy amando de verdad, pero amando en Dios, amando teologalmente, con amor verdadero, del que nos explica ella en el Camino de Perfección, amor de Dios y del prójimo… si yo estoy amando de verdad, mi voluntad está unida a la de Dios, y obedecer y amar son la misma cosa, porque si por medio del amor mi voluntad se queda unida a la de Dios, estoy haciendo siempre la Voluntad de Dios. Luego, no estoy haciendo actos de obediencia, sino que vivo en un estado de obediencia, de docilidad a Dios.

Luego la plenitud de la obediencia -esto lo dice Charles de Foucauld, que no tenía nada que ver con Santa Teresa, pero que lo sabía por experiencia- “la plenitud de la obediencia es más adorativo a Dios” es porque es el que une nuestra voluntad con la de Dios y no hay un acto de amor mayor que configurar mi voluntad con la de Dios. Esto es lo que Jesús hizo: el acto de amor más grande de la historia de todos los tiempos tuvo lugar en Getsemaní -ya lo hemos comentados muchas veces- y fue el acto de amor más grande y más perfecto de todos los tiempos. “La plenitud de obediencia es plenitud de amor”. Lo de “obras son amores y no buenas razones” pues el refrán llevado a la Teología es eso: “plenitud de obediencia es plenitud de amor” y todo lo demás es falso. El que más ama, más entrega la voluntad, más obedece, más santo es.

“¡Es que no siento nada!” ¡Ni falta que te hace! Los sentimientos despistan y muchas veces fastidian muchísimo y entorpecen un montón. ¿Que el sentimiento te acompaña? ¡Estupendo, qué suerte, chica! Y si no te acompaña… da igual, porque la obediencia, como el amor de verdad, se vive en la fe.

Yo muchas veces no siento que amo a Dios, pero le amo, porque le amo con mi voluntad, no con mis sentimientos. Hay momentos en que el sentimiento me acompaña, pero muchos otros en la vida no acompañan el sentimiento.

Entonces… ¿qué pasa? ¿Que no amo a Dios cuando estoy más aburrida que una seta sentada en el banco de la capilla -que me he mimetizado con el banco- y no sé si soy banco, persona, ente abstracto, o apéndice del banco? Pues sí que estoy amando porque estoy ahí porque sé Dios quiere que esté ahí, aunque no sienta nada. Probablemente mi amor es mucho más puro, porque no estoy buscando la golosina, el gustillo de un sentimiento -que yo no digo que no esté bien- pero cuando ese sentimiento no se saborea, no se gusta, probablemente es cuando es más puro y más profundo el amor.

Así fue en Getsemaní: Jesús nunca experimentó y sintió menos el amor del Padre, la complacencia del Padre… No sentía nada y fue el acto de amor más grande de toda la historia. ¡Nunca se podrá repetir otro acto igual de grande! ¡Nunca! ¡Nadie! Por eso digo que el amor está en la voluntad y no en los sentimientos.

Con lo cual… como dice la Santa Madre, “¡me he divertido!” A ver… Decíamos eso, que la vocación del hombre es llegar a la unión con Dios, a la unión por amor. Y la unión por amor es la unión en la obediencia, es la unión de la voluntad, porque yo puedo estar enamoradísima de Dios y todo lo que queráis, pero como no obedezca… mira: ¡no me cuentes historias! No eres creíble. ¡No! Porque lo tienes que demostrar con tu vida, ¿no? El amor se demuestra con las obras y la obra que demuestra el amor a Dios es la obediencia, la docilidad, la entrega a su Voluntad.

La Virgen cuando responde al ángel no le dice: “Yo estoy encantada y amo muchísimo al Señor”. Dice: “Yo soy la esclava del Señor”. ¡Obedece! El acto de obediencia de la Virgen es lo que demuestra su amor a Dios. No dijo ninguna palabra bonita que hablara de amor para nada. “He aquí la esclava” o sea: estoy en una disposición absoluta de obedecer a todo lo que Dios quiera. Aunque no entienda “ni torta” de toda esa historia que me estás contando, yo creo y aunque me va a costar porque me juego el tipo, porque me pueden apedrear y me pueden matar… yo me fío de Dios, que se haga su Voluntad.

Ese es el acto de amor más grande de la Virgen y no habla de palabras de amor en ningún momento, pero es el acto de amor de la Virgen, donde ella demuestra que de verdad ama a Dios.

Y Santa Teresa nos viene a decir en el capítulo 5 de las Fundaciones que os digo que es tan… no duro, pero sí tan clarividente, tan clarividente, que nos puede asustar de entrada, ¿no? Que a veces, lo que importa es jugárselo todo por conseguir la perfección a la que Dios nos llama. Que no escatimemos medios: que si Dios me pide una cosa y soy consciente de que me la pide no me ahorre esfuerzos ni trabajos por hacer aquello que sé que Dios me pide, aunque se me caiga el mundo encima y me vayan a montar todas las broncas del mundo, si yo entiendo que Dios quiere aquello -sometiéndolo al criterio de quien tiene que confirmarlo- que Dios quiere eso.

Porque claro: si a mí mañana por la mañana se me ocurre que Dios quiere… -¿yo qué sé?- que compre el Big Ben… pues no voy a ponerme a hablar ya con el Ayuntamiento de Londres para ver si me lo venden, así de primeras… “Pues es que Dios me lo pide. Estoy convencida, entonces…” ¡No! Tendré que someterlo al criterio de la Iglesia. Cuando la Iglesia diga: “Sí, Dios quiere que usted compre el Big Ben, empiece a hablar con el Ayuntamiento de Londres”. Antes ¡no! Tampoco se trata de hacer despropósitos ni locuras, por eso hay que someter las cosas que entendemos que pueden ser de Dios, que Dios nos pide, al criterio de las mediaciones que Él ha puesto para discernir eso ¿no?, y evitaremos muchas locuras y muchas meteduras de pata. Pero una vez que sepamos lo que hay que hacer… la Santa dice que hay que jugárselo todo.

En Fundaciones 5, en el número 6, dice: “¡Y cómo de un alma que está ya determinada a amaros y dejada en vuestras manos, no queréis otra cosa, sino que obedezca y se informe bien de lo que es más servicio vuestro, y eso desee!” Pero lo que dice la Santa Madre, con mucho sentido de humor, que se informe bien, no haga lo que en ese día se le ocurra. Primero que se entere bien de que de verdad Dios lo quiere ¿no? Y… en cuanto tenga la seguridad de que Dios lo quiere… lanzarse de cabeza y no parar, surjan los obstáculos que surjan, porque cuando Dios quiere algo y un alma se determina a hacer la Voluntad de Dios por encima del mundo entero, van a aparecer obstáculos a montones, porque hay alguien a quien no le interesa para nada que hagamos nunca la Voluntad de Dios y se dedica a ponernos zancadillas una detrás de otra. Entonces puede ser que -al ponernos zancadillas- nos la peguemos, porque el se la pega… se levanta y sigue andando. ¿Te vuelven a poner otra zancadilla? Sigues andando. Tú sabes lo que Dios quiere y da lo mismo lo que cueste conseguirlo hasta el final.

Como para comprender mejor la importancia de la obediencia a la Voluntad de Dios, de cualquier forma que se presente, dirá que “la perfección no está –esto nos lo dice la Santa en Fundaciones 5, 10- en regalos interiores ni en grandes arrobamientos ni visiones ni en espíritu de profecía; sino en estar nuestra voluntad tan conforme con la de Dios” Ahí está la santidad. Todo lo demás –los arrobamientos, los regalos interiores, las visiones, el espíritu de profecía– pues mira, si Dios te lo da… ¡ufff! pues que te vaya bien porque… ¡vaya lío! Pero en principio, la santidad está en que tu voluntad esté unida a la de Dios y eso lo podemos hacer todos. Los arrobamientos, las locuciones y todo eso ¡no!, pero que mi voluntad esté conforme a la de Dios, eso lo podemos hacer todos.

4 comentarios en “Adhesión plena a la Voluntad de Dios

  1. Gracias a Dios por este hermoso dia que me das gracias Madre Olga. Que difícil obedecer pues generas lamente no me gusta. Pero en todo momento el que obedece nunca se equivoca. 🙏
    El mar., 1 de marzo de 2022 1:03 a. m., Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: » Es el primer elemento esencial de la obediencia > teresiana. En toda obediencia hay una Voluntad de Dios que está por medio y > olvidarla es desfondar la obediencia. Siempre cuando obedecemos, además de > ser que obedezcamos en un asunto o en otro o en otro… s» >

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