PUSO SU TIENDA ENTRE NOSOTROS (1)

“Y el Verbo hecho carne habitó entre nosotros y hemos contemplado su gloria, gloria del Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1, 14)

Estas palabras del evangelista San Juan sintetizan lo más grande y lo más característico y lo más identificativo de nuestra fe, de la fe cristiana: y es que Dios, el Verbo de Dios, se hizo carne, se hizo uno de los nuestros y vino a vivir entre nosotros. Y esto es lo que nos disponemos a celebrar en Navidad: el nacimiento de Jesucristo según la carne, en la carne.

Y para eso iniciamos un tiempo litúrgico, que es el de Adviento, que va todo él dirigido a la preparación, a la disposición interior de cada creyente y también de la comunidad, para recibir al que viene, para recibir al que nace, para recibir al Verbo que viene habitar entre nosotros.

Pero hay varias traducciones del Evangelio de San Juan. Bueno… y de toda la Escritura en sí, ¿no? Y en algunos sitios, la traducción es diversa, dice: “El Verbo se hizo carne y puso su tienda entre nosotros”.

Es muy significativo, porque la tienda para los hebreos es el verdadero hogar. Los hebreos de suyo eran un pueblo, como sabemos, nómada, que andaba todo el santo día con los rebaños y las tiendas de acá para allá. Llegaban a un sitio que era adecuado para los rebaños y se quedaban ahí un tiempo, unos días, una temporada… y lo que hacían era plantar, poner su tienda allí y aquello era su hogar. Llegaba un momento en que ya aquello dejaba de ser interesante para los rebaños y entonces se ponían de nuevo en marcha hasta que encontraban otro lugar apropiado, y volvían a hacer lo mismo: volvían a poner ahí su tienda. Y donde ponían su tienda, estaba su verdadero hogar, su verdadero… Sí, su verdadero lugar, su verdadera casa, su verdadero… Lo que es un hogar, ¿no?

Entonces, a mí me llama mucho la atención –siempre me ha llamado- el hecho de que digan y de que en determinadas biblias encontremos esta traducción: “El Verbo se hizo carne y puso su tienda entre nosotros”.

¿Qué quiere decir que el Verbo haya puesto su tienda entre nosotros? Pues, sencillamente: no simplemente que haya venido y se haya puesto a convivir con nosotros… que, sí, es eso. Sino que yo voy mucho más allá: si poner la tienda es poner el hogar, quiere decir que Jesús ha tenido empeño en vivir con nosotros; pero no vivir de cualquier manera, sino poniendo el hogar entre nosotros, su hogar, su vida, lo cotidiano, su vida cotidiana entre nosotros.

Y a mí esto me hace pensar muchísimo, por una razón muy simple. Yo no sé cómo lo habréis vivido vosotras, pero yo lo he vivido muchas veces de la siguiente manera: me he sorprendido, ahora ya me va pasando menos, pero me he sorprendido muchas veces a mí misma soñando castillos, fortalezas, palacios… algo grande para aposentar al Señor, para que Él ponga su morada en mí en algo grande.

Y me ha costado mucho tiempo entender -y todavía a veces me sigue costando, porque sigue aflorando lo anterior- que Jesús no busca eso. Jesús no busca la suntuosidad, ni el lujo, ni lo deslumbrante… sino que Jesús quiere simplemente un espacio libre -que eso es lo más difícil, dejar un espacio libre- sin piedras, sin broza, sin arbustos… ¡libre!, ¡libre!, ¡vacío!, ¡disponible!, para poder poner su tienda en mí!

¡¡Me ha costado mucho tiempo comprenderlo!! Poco a poco lo voy comprendiendo ya, pero de ahí a hacerlo vida, me resulta difícil, pues, porque me sigue aflorando todo lo anterior: mis pretensiones humanas, mis miras humanas, mi manera de entender las cosas demasiado humana… Y Jesús paciente, porque es paciente, es amante y es paciente, espera a que yo desmonte mi montaje para poder Él simplemente poner su tienda, para poder Él simplemente estar conmigo, estar en mí. 

Y eso es lo que quiere de cada una, eso es lo que quiere de la comunidad: ¡Él quiere poner su tienda en la comunidad! Y, para poner su tienda en la comunidad, tenemos que dejarle, dejarle el espacio libre y no ponerle trabas. Porque Él no espera nada a cambio: ni que hagamos cosas, ni que cantemos cosas, ni que recemos cosas, ni que… que hay que hacerlo, no estoy diciendo que no. Pero lo que de verdad a Él le interesa es el espacio, poder vivir entre nosotras, sentirse acogido, sentir que esta es su casa, sentir que este es su hogar, poner aquí su tienda y, de alguna manera, decir: “¡Me instalo! Yo vivo aquí, ¡y vivo aquí a gusto!”

Y esa es una de las tareas importantes que tenemos que esforzarnos, hasta donde podemos, por lograr en este tiempo de Adviento: desbrozar el campo, quitar marañas, quitar cosas y dejar espacio libre para que pueda acampar, para que pueda poner su tienda e instalarse y decir: “¡Este es mi hogar! ¡Aquí moro Yo a gusto!”

Esto me lleva a recordar una llamada recibida hace algún tiempo. No podemos olvidar que se nos pidió una casa, donde Él tuviera sus delicias, su agrado. Pero no quiere una casa lujosa, esplendorosa, llena de fausto, de boato, de riqueza, de lujo… ¡no quiere un palacio!… Quiere simplemente espacio para poder Él poner su tienda.

Y a veces, ese despojarnos, ese desbrozar el terreno es hacer el espacio, es… lo que más nos cuesta. Y como no somos capaces de hacer ese espacio, debido a la sencillez, debido a la pobreza, pues queremos taparlo, pues, con adornos: “¡No, no! Como no puede esto, entonces lo pongo por encima y lo pongo más bonito y lo cambio y…” Y, en el fondo, dices: “Pero es que… ¡no es eso que el Señor quiere!” Lo dice con mucha claridad Nuestro Padre San Juan de la Cruz: “¿De qué te sirve darle a Dios una cosa, si Él te está pidiendo otra?”

– “Yo quiero eso que Tú dices, pero en bonito, así como yo digo, como tal, como cual…”

Y tengo la sensación íntima de que el Señor se para, me mira y dice:

– Bueno, a ver… ¡a ver si ya te callas! ¡A ver si ya te paras! Y… ¡a ver si ya me dejas! ¡¡Y no quiero todo eso que tú dices!! Lo que quiero simplemente es… ¡que me dejes!”

– No, no, pero yo… pero tal…

Y, sin darnos cuenta, muchas veces insensiblemente, no le dejamos poner la tienda, porque queremos ser nosotras las que dirijamos nuestra vida…, queremos ser nosotras las que dispongamos qué hay que hacer y cómo hay que hacer, y le explicamos a Él con la mejor voluntad y bajo capa de bien lo qué hay que hacer… ¡y no es eso! Hay que dejar un espacio libre para que Él pueda crear, para que su amor creador fructifique, dé lugar simplemente a lo que Él quiera, no a lo que nosotras planeemos, a lo que nosotras queramos.

En la Escritura, en este tiempo de Adviento, los pasajes que rodean todo lo de la Encarnación y lo de la Natividad, hay una imagen bonita, preciosa que… pues, a mí me hace pensar, ¿no?, y es: el contraste entre el Templo de Jerusalén, el esplendor del Templo, y la sencillez del establo donde nació Jesús.

Jesús no puso su tienda en el Templo… ¡Jesús puso su tienda en un establo! Y ahí es donde se manifestó, donde se le vio por primera vez, donde su Madre le dio a luz y nos lo entregó.

Y en ese paralelismo, yo veo muchas cosas, ¿no?, ese contraste. El Templo para los judíos era lo más de lo más de lo más, porque era el lugar dónde, según ellos, según su fe, en el Sancta Sanctorum habitaba la Divinidad, era el signo de la presencia de Dios. Y le tenían ahí, de alguna manera, circunscrito al Templo de Jerusalén. El Templo de Jerusalén para ellos era lo más grande, la revelación más grande, lo más importante, porque era el lugar donde para ellos estaba presente la Divinidad.

Sabemos toda la historia del pueblo de Israel en el éxodo, como Dios les acompañaba en la columna de fuego por la noche y en la columna de nube por el día… y la presencia de Dios se hacía real, se hacía realidad con esos signos externos. Cuando termina el éxodo, cuando ha sucedido ya lo del destierro, cuando ya han vuelto, cuando han recibido la Ley, cuando se les han perdido las tablas… cuando ya se les ha pasado de todo… lo que les queda de esa presencia, puesto que han perdido el Arca, es el Templo. El Templo para ellos es la presencia de la Divinidad, el Sancta Sanctorum.

Y, como Dios es así de sorprendente, cuando llega la plenitud de los tiempos y envía a su Hijo, pues, no le envía de una manera deslumbrante en medio del Templo de Jerusalén, saliendo triunfante del Sancta Sanctorum… sino que crea otro templo. Un templo que María lleva nueve meses en su seno… ¡es un Templo vivo! El Templo donde mora la plenitud de la Divinidad, que es el Cuerpo de Cristo.

Y ese Templo, llega un momento en que nace, porque es un Niño, y no se muestra en la gloria, ni en el esplendor, ni en la riqueza del Templo de Jerusalén. ¿Por qué? Pues, no sé, ahí entramos en el misterio. Pero yo muchas veces pienso que el Templo, de alguna manera, había aprisionado a Dios en una serie de estructuras, de normas, de preceptos que, de algún modo, le asfixiaba. Y entonces escogió el seno de una mujer para liberarse de todo esto en la carne de un Niño, de un Niño Recién Nacido. Y el nuevo Templo que se nos presenta es que no brilla… no resplandece… es insignificante… pero, en Él, sabemos que, de verdad, mora la plenitud de la Divinidad.

Dios se libera de todo eso que le tiene preso de la Alianza antigua, para crear una alianza nueva en el Cuerpo de su Hijo. Y el Cuerpo de su Hijo nace de una mujer virgen, pero en unas condiciones tan aparentemente burdas, vulgares, prosaicas, simples… que pasa casi desapercibido. Y esa liberación de la Divinidad en la carne de ese Niño, llega al culmen cuando ese Niño muere en la cruz… y el velo del Templo se rasga -con todo lo que eso significa de romper también con lo antiguo, con la alianza anterior-, al  mismo tiempo, en que se rasga el Costado de ese Niño, y el Corazón de Dios queda liberado para siempre para ser entregado, tomado, visto… y lo más importante: el Corazón de Jesús es la verdadera Tienda del Encuentro. 💓💓💓

2 comentarios en “PUSO SU TIENDA ENTRE NOSOTROS (1)

  1. “O coração de Jesus, a verdadeira tenda de encontro”. Madre Olga, muito obrigada pelas reflexões que nos vai oferecendo neste advento. os tempos não são fáceis, mas são tempos de esperança. Muito obrigada (“El corazón de Jesús, verdadera tienda del encuentro”. Madre Olga, muchas gracias por las reflexiones que nos está ofreciendo en este Adviento. Los tiempos no son fáciles, pero son tiempos de esperanza. Muchas gracias (tradução do google).

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