PUSO SU TIENDA ENTRE NOSOTROS (2)

No hay posibilidad de encontrarse con Dios de verdad fuera de esa Tienda del Encuentro. El Sancta Sanctorum, el santuario de verdad, el lugar, el ámbito donde mora la plenitud de la Divinidad es el Corazón rasgado del Hijo de Dios, que se ve definitivamente liberado del Templo antiguo y, de alguna manera, hasta del Templo de su Cuerpo, cuando ese Cuerpo es rasgado y su Corazón queda, por decirlo de alguna manera, a la intemperie, expuesto, para todo aquel que quiera acercarse y vivir ahí.

El Corazón de Cristo es la Tienda donde Dios cita a sus predilectos, a sus más íntimos. Y no quisiera parecer presuntuosa al decir esto, pero todas las que estamos aquí, por el hecho de estar aquí en esta comunidad, más las que vienen y las que pueden venir en el futuro, han recibido una cita… ahí, en la Tienda del encuentro, que es el Corazón de Jesucristo. ¡Yo quisiera saber me dar a entender…! Insisto en haceros caer en la cuenta del privilegio y el regalo que supone haber recibido esta cita.

Lo he dicho muchas veces y lo repito, y todas lo sabemos: ¡el azar no existe! ¡La casualidad no existe!… ¡Solo existe la Providencia, que va guiando nuestros pasos y nuestro camino en la vida! ¡¡Ninguna estamos aquí ahora por casualidad!! ¡¡¡Ninguna!!! Cada una tendrá su historia y Dios se habrá servido de unos medios y de unas circunstancias… pero no estamos aquí por casualidad, sino porque Él quiere que estemos aquí, hoy y ahora.

Y en este momento, en ese inicio del Adviento, renueva su cita y la hace más apremiante. Tenemos que dejarle que Él venga a nosotras con la Tienda del Encuentro abierta, para poder penetrar en ella y acudir a esta cita. Es una cita que tiene un principio en el tiempo, pero no tiene fin porque es para toda la eternidad. Yo quisiera que adorarais a Dios por este designio y que le dierais infinitas gracias, porque el don es inconmensurable.

Y, al mismo tiempo, querría que pusierais todo el empeño en engalanaros para esa cita, que nuestro Adviento sea engalanarnos para esa cita. Y que, cuando Él llegue al establo y se nos presente bajo la apariencia del Hijo recién nacido de María, entendamos que la cita empieza ahí… Pero que tenemos que seguir junto a Él -¡siempre junto a Él!- hasta el Calvario. Y, una vez rasgado el Corazón, penetrar en la Tienda sin temor… ¡sin temor!

A veces no es fácil… Hay que despojarse de muchas cosas para poder penetrar en la Tienda del Encuentro. Pero ese despojo, aunque de entrada pueda ser doloroso, como cualquier despojo, a la larga es liberador. Y lo que decía hace poquito el Papa Benedicto XVI: “Jesucristo no quita nada y lo da todo”. Y lo único que pide es nuestro consentimiento, nuestro querer.

¿Dónde quiso Jesús asentar su tienda? ¿Y dónde quiso la Palabra hecha carne asentar su gloria? No en el Templo de Jerusalén, ni siquiera en la posada, que tampoco era de gente…, pero era de gente más o menos bien. Escogió el establo, cerca de los pastores que –fijaros en el dato- “vigilan de noche”. Los pastores tienen la agudeza suficiente de vista para saber ver a través de la noche… vigilan sus rebaños de noche.

Y nosotras tenemos un rebaño que guardar, un rebaño que se llama humanidad, que nos ha sido encomendada para que la amemos y, junto con Cristo la co-redimamos. “A través de todos los vacíos, de todas las noches, todas las oscuridades, todas las impotencias…” (Elevación a la Santísima Trinidad, Bta. Isabel de la Trinidad), hay que seguir vigilando, porque ahí, ante los que vigilan, aún en la noche, es donde Jesús pone la tienda.

Y sobre esta tienda, que es una tienda extraña, porque un establo con unos animales y un matrimonio joven, con una mujer que da a luz por la noche, es algo extraño, inhóspito, raro… Ahí, en esa circunstancia es donde la estrella, que va anunciando que Él viene, ahí es donde se detiene y termina su peregrinación. Ha pasado de largo por un montón de sitios: ha pasado de largo por Jerusalén, que dicen que en Jerusalén los magos la perdieron, ya no la veían, frente a todo el boato, la pompa, lo grande, la estrella palidece y los magos no la ven. Y cuando brilla más y se detiene es sobre aquel establo… sobre aquella pobreza… sobre aquella insignificancia… (Cf. Mt 2, 1-12)

La manifestación de Dios en la carne se realiza ahí y el Templo de Dios se muestra ahí. Y se muestra no en el boato y el lujo del Templo de Salomón, del templo de Jerusalén, sino en la carne frágil de un Niño Recién Nacido. ¡Ese es el Templo de Dios! ¡La Morada plena de la Divinidad!

Y es precioso, porque dice el pasaje evangélico que su Madre lo envolvió en pañales, envolvió ese cuerpo en pañales. Y lo más bonito que dice el pasaje que es un signo de una belleza increíble y que tenemos que copiar de la Virgen… De la Virgen hay que copiarlo todo, por supuesto, pero esto es muy importante: Ella no coge a su Hijo como haría cualquier madre que acaba de dar a luz, y lo deja en su regazo y lo estrecha para sí y lo mima, y lo goza, y lo disfruta… que sería muy normal y estaría en su derecho, porque cualquier madre lo haría. Ella coge a su Hijo, lo envuelve en pañales y lo coloca en el pesebre, porque sabe que no es para Ella. Es su Hijo, lo ha llevado nueve meses en su seno, pero ya lo ha dado a luz, ya lo ha entregado, ya no es para Ella. Es su Hijo y siempre va a ser su Hijo, pero no se lo guarda. Desde el mismo momento de su nacimiento, María nos entrega a Jesús.

Y el hecho de envolverlo en pañales -eso lo explica muy bien el P. Mendizábal- es una prefiguración de la Eucaristía envuelta en corporales y depositada. Pero, en vez de otro altar más digno, el Templo de Dios, la plenitud de la Divinidad envuelta en un pañal -que sería un trozo de tela simple y vulgar, porque eran pobres- queda en un pesebre… donde hay paja, heno, que comen los animales. ¡Esa es la manifestación de Dios en la carne! ¡Ese es nuestro Dios!…

Y en el Cuerpecito de ese Niño, que es nuestro Dios, desde los días después de su concepción, que lleva el proceso natural -que no sé cuántos son- pero en un momento dado, empezó a latir ese Corazón pequeñito. Pero desde el primer latido del Corazón de ese Niño, es ya el Corazón que tanto ha amado a los hombres. Desde este primer latido ya está amando, pero amando con corazón humano, porque hasta ese momento el Verbo de Dios nos ha amado en cuanto a Dios que es, como decíamos antes, con un acto de amor puro omnipotente. Pero en el punto y hora, en que empieza a vivir en el seno de su Madre, yo no sé en qué momento de la gestación el corazón del bebé comienza a latir…. Pero sé que, desde ese primer latido, nos ha estado amando y ha estado preparándose ese Corazón para ser rasgado, descubierto y entregado, para ser la Tienda del Encuentro.

Y luego, hay un detalle que yo tengo presente muchas veces y ya me lo habéis oído decir, pero que en el Adviento para mí es… más lleno de sentido: que es adorar –y yo lo hago muchas veces, y hay que hacerlo muchísimo y en el Adviento más- adorar ese instante supremo y único en la historia en que, impulsado por el Corazón de la Virgen, el Corazón de Jesús empezó a latir. ¡Ella nos ha dado todo! ¡¡Todo!! El primer latido del Corazón del Hijo fue impulsado por el Corazón de la Madre. Ella le dio vida… le dio carne… ¡le dio Corazón!

Y a mí me sobrecoge, cuando lo pienso y me llena de gozo y de gratitud y de amor, porque el Corazón de Jesús está así de precioso, porque Ella lo modeló en su seno. Ella existía antes y fue el amor que brota del Corazón de la Virgen el que impulsa ese primer latido del Corazón de Cristo. Y a mí me gusta muchísimo, me hace un bien inmenso trasladarme en espíritu allí, a ese lugar, en ese momento de la historia y adorar ese instante precioso y único de la historia en que le Corazón de Jesús, impulsado por la fuerza y los latidos del Corazón de su Madre, empezó a latir.

2 comentarios en “PUSO SU TIENDA ENTRE NOSOTROS (2)

  1. OH!!! QUE BONDADOSO ES JESUS CONMIGO!! LEER Y REELEER E IMAGINAR Y SENTIR TODO CON LOS RELATOS TAN REALES Y MARAVILLOSOS DE LA MADRE OLGA MARIA DEL REDENTOR!! ES JESUS ES MARIA ES OBRA DEL ESPIRITU SANTO!!!!! ES ASI!!!

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