El Corazón de Jesús nos invita al seguimiento

TEXTO: Mt 9, 9-13

Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando él a la mesa en la casa, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?» Mas él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están tempFileForShare_20191026-093555.jpgfuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»

REFLEXION:

Hay una expresión de Kierkegaard que es muy gráfica y muy hermosa. Habla del “incógnito del Absoluto en la historia” del incógnito del Todopoderoso en la historia, que pasa totalmente desapercibido. Solamente quienes le están esperando con ansia son capaces de verle y reconocerle.

Hoy día los cristianos tenemos que estar atentos, expectantes siempre a Jesús que viene, a Jesús que pasa. Y a Jesús que viene y pasa de las maneras más humildes, más sorprendentes, porque El vuelve a venir de incógnito. Él es la Gloria de Israel, la Luz que va a salvar a todas las naciones, la Redención, el Esperado prometido… pero nuevamente viene totalmente de incógnito. Nuevamente viene, nos sale al encuentro, y… el mundo no se entera, el mundo no le conoce.  El mundo se olvida de que Dios tiene Corazón en Jesucristo y nos invita a su seguimiento.

Pero lo más preocupante de todo esto no es que el mundo no le conozca, sino que, entre los cristianos, muchos no le reconocemos, muchas veces no le vemos, no le identificamos. En la Eucaristía, el Absoluto otra vez, una vez más, permanece de incógnito. Está presente en nuestra historia y está presente, pero de incógnito. Está presente y llamándonos, pidiéndonos a gritos que vayamos con El. Llamándonos a su seguimiento, a anunciarle a El como Redentor y Salud verdadera del hombre, a profesar nuestra fe en El públicamente, a no avergonzarnos de El. El seguimiento de Jesús es la vocación irrenunciable de todo ser humano como único proyecto de vida válido para ser auténticamente feliz.

¿Qué significa hoy seguir a Jesucristo? ¿Qué significado tiene hoy profesar públicamente nuestra fe? ¿Qué significa? ¿Qué sentido tiene? Primeramente, significa que nosotros le reconocemos como Señor de la historia y queremos seguir viéndole y seguir contemplando esa luz que alumbra a las naciones, etempFileForShare_20191026-093525.jpgsa bandera discutida, ese signo de contradicción que es Cristo. Comprender y acoger que Él es el Absoluto, el Único que puede redimir al hombre, el único Redentor del hombre; y que nos adherimos con nuestra vida y siguiéndole a Él.

Seguir a Cristo hoy significa acoger la salvación de Dios, acoger la Gloria de Dios, la Gloria de Israel, apropiarnos de ella cada una y ofrecerla, contarla, transmitirla, anunciarla al mundo… Y la mejor manera de hacerlo es el confesar nuestra fe en Cristo y en la Iglesia, ratificar nuestro Bautismo y nuestra Confirmación. Esto, muy en concreto, significa ser contemporáneos de Cristo y con Cristo.

Cristo no vivió en el mundo hace dos mil años y ya pasó, sino que el Corazón de Cristo vive hoy, palpita ahora y me llama a su seguimiento… Y tengo que reconocerle, tengo que adorarle, tengo que abrazarle y entregarlo al mundo, mostrarlo al mundo, darlo al mundo… Pero sobre todo, anunciarlo al mundo. Y para eso, no podemos anclarnos en el pasado, sino que Cristo tiene que ser -¡¡es!!- contemporáneo mío. Es alguien que vive conmigo hoy, ahora y aquí.

Ser cristiano significa hoy no admirar a Jesús, no comprender a Jesús o no seguir a Jesús, como si fuera algo ajeno a mí, que me convence más o menos. Significa entrañar mi vida en la suya, que de verdad El sea mi Vida Inseparable, que de verdad entre Él y yo no haya separación, que entre Él y yo no haya distancia: que seamos uno solo en el amor. ¡Ser Jesús! ¡Ser su Corazón! Tenemos que hacer nuestra la vida de Cristo, entrañarla en nosotros y que su Vida palpite en mí, que su Sangre corra por mis venas, que su Alma sea una con mi alma… ¡Ser Jesús, mostrar a Jesús! ¡Vivir a Jesús y hacerle vivo, presente, hoy aquí!

La Beata Isabel de la Trinidad pide ser una encarnación añadida, una encarnación suplementaria, donde Jesucristo viva, se encarne otra vez y renueve todo su misterio. No es una unión con Cristo, no es estar más o menos cercano a Cristo, ni siquiera el término “pertenecer a Cristo” es suficiente, es corto. ¡Significa ser Jesús, ser otro Jesús! Tenemos que desaparecer del todo y ser Jesús, ser otro Jesús. Y, desde ahí, desempeñar nuestro oficio sacerdotal, ofreciéndonos a nosotros mismos y ofreciendo el mundo entero, la humanidad entera, al Padre. Ese es el único fin de nuestro cristianismo: ser de verdad Jesús.

Y siendo Jesús, tenemos que ser lo más opuesto al mundo. Esto hay que entenderlo bien. Sabemos qué cosa es el mundo. Y sabemos –yo creo que al menos lo intuimos- la diferencia que hay entre Dios y el mundo, la diferencia cualitativa, de esencia, entre Dios y el mundo. Esa misma diferencia tiene que ser evidente y palpable en nosotros. Estamos en el mundo pero, como Jesús, no somos del mundo. La misma distancia y oposición que hay entre wp-1590132900212.jpgDios y el mundo -en el sentido negativo de la palabra “mundo”- porque el mundo no es la creación, el mundo es el mundo. El mundo es el reino del desamor, es el reino del mal, el reino de Satanás… Eso es el mundo, no lo que está fuera de la Iglesia. Lo que está fuera de la Iglesia también es creación de Dios y Dios todo lo hizo bueno y para el bien. El mundo es la perversión de esa creación, eso es el mundo. Y la misma oposición frontal que hay entre Dios y el mundo, tiene que haber entre los seguidores de Jesús y el mundo.

Y para ello, hay que desterrar todo lo frívolo, todo lo mundano, por pequeño que sea, para marcar esa distancia. No por desprecio, sino para huir de la mediocridad, de las medias tintas. ¿Con quién estoy: con Dios o con el mundo? ¿Cuáles son mis criterios: los de Dios o los del mundo? ¿Dónde está mi amor: en Dios o en el mundo? Son las grandes cuestiones que nos tenemos que plantear. Tenemos que rechazar -frontalmente y sin ningún miedo- ese cristianismo “razonable” que nunca arriesga nada, de personas que “admiran” a Cristo, que le contemplan –en el sentido peyorativo de la palabra “contemplar”- le admiran como quien ve un súper hombre o una pieza de museo… y Él no quiere ser admirado de esa manera. Sino que tenemos que tender a ser personas que vivan el cristianismo, que ejerciten el verdadero cristianismo, las Bienaventuranzas, el Evangelio… personas que vivan otro orden de cosas, que vivan el cristianismo con amor y con dolor, porque lo llevan entrañado y… les duele todo aquello que a Él le duele.

¡De esa clase de cristianas tenemos que ser! Otra clase de cristianas no sirven para nada más que para ocupar sitio en el mundo y en las iglesias. Pero ocupar sitio en el banco de una iglesia, ocupar sitio en un convento, no significa ser cristiano, ni ser testigo de Cristo, ni estar viviendo la consagración bautismal con intensidad, con pasión, con arrojo… como hombres y mujeres verdaderamente desposeídos de sí mismas, porque están poseídas por Otro. Tenemos que vivir como posesos, pero del Amor de Dios. Y totalmente desposeídos de todo lo que no sea Jesucristo. Por eso tenemos que rechazar ese “cristianismo lógico” que es mentira y que es el peor enemigo del cristianismo verdadero, el peor enemigo del Evangelio.

El Corazón de Jesucristo hoy no quiere adoradores, ni admiradores, ni aduladores. Quiere adoradores “en espíritu y verdad” -como le dijo a la mujer junto al pozo de Sicar- seguidores de Él, sedientos de Él, del Agua Viva; seguidores y amantes de la Cruz, no gente temerosa de la Cruz. Y la Cruz entendida como algo que rompe toda la lógica humana. No podemos pretender tampoco una Cruz lógica, medida, pesada, comprendida, pensada, razonada… La Cruz no es eso.

La Cruz es la locura más grande de todos los tiempos, el absurdo mayor, la sinrazón más profunda. Y esa Cruz hay que abrazarla… pero no a la Cruz, sino al Crucificado. La Cruz es el lecho del Crucificado, la Cruz es el lecho del amante del Crucificado. Y esa Cruz hay que amarla y abrazarla y estrecharla y clavarla en el alma… como un aguijón que se lleva en el alma, en la vida, en la propia carne. Y solamente abrazados de esa manera a la Cruz de Cristo, podremos ser de verdad adoradores en espíritu y verdad. Si no… nos sumaremos a la farsa de tantos y tantas. ¿Y a eso nos llama Dios? ¿Eso es seguirle? ¿? Y solamente abrazando la cruz de Cristo de esa manera y… llevándola dentro del alma grabada a fuego y amándola de verdad -solamente así- podremos comprender tantas cosas. Y encontrar sentido a la vida, sentido a estar en la Iglesia, sentido al Evangelio…

Solamente con esa pasión de amor por la Cruz y por el wp-1590132880232.jpgCrucificado, por Jesucristo, daremos un sentido a nuestra vida. Si no corremos el riesgo –¡y esto es patético!- de  convertirnos en seguidores tibios de Jesús. ¡Me horroriza eso! Se tiene mucho miedo a los masones… yo tengo miedo a los tibios e indolentes: me causan pánico, porque estoy convencida de que son más dañinos para el Cuerpo Místico que toda la masonería junta. ¡No hay cosa peor que la mediocridad!

¡No vivamos nunca así! ¡Vivamos siempre apasionadamente enamorados de Él! Y si el amor va perdiendo fuerza, va perdiendo brillo… ¡parémonos en seco para ver qué pasa, para buscar el amor primero, para avivarlo, para resucitarlo, para volverle a dar toda la fuerza! ¡No importa nuestra fragilidad! ¡No importa nuestro pecado! El mayor pecado, el pecado más grave en la vida de un seguidor de Cristo, es el de la tibieza, el de la mediocridad. Todas las demás pobrezas y las demás fragilidades pueden servir -y sirven casi siempre y Dios las permite- para tocar fondo y aprender la humildad. Pero creer que todo va bien, y que lo dejo todo como estoy y que todo lo hago bien… va machacando el amor.

“No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades. Sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros menos en el pecado.” ¡Qué consolador es leer esto! Mi pregunta es: ¿eres un desastre total pero enamorado? ¿Lo haces todo fatal pero estás enamorado? ¿Vibras de amor por Él? ¿Anhelas amarle más y más? ¿Cuál es el anhelo más profundo de tu corazón? ¿Cuál es el deseo más vivo, más íntimo, más ferviente? ¿Cuál es? ¿Es Jesucristo? ¿Es su amor? ¿Es su Pasión de amor? ¿Es su Corazón? ¿Son sus Entrañas? ¿Es su Intimidad? ¿Es eso lo que más deseas?

Entonces vas bien. Y si no eres un buen cristiano de momento, si tienes eso en el corazón, llegarás a serlo. ¡Al menos a los ojos de Él! No importa cómo te juzguen los de alrededor.

Por eso… “acerquémonos con seguridad al trono de la gracia para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente. Con ese espíritu, con esta pasión de amor en el corazón, que no nos ofusca y no nos impide ser realistas y conocer nuestra propia fragilidad, vamos a acercarnos al trono de la gracia, a pedir fuerza para seguir gritando al mundo que Dios nos ama. Pero primero me lo tengo que creer yo, porque si no… nunca voy a convencer a nadie de que Dios nos ama. Tengo que saberme amado de Dios, tengo que convencerme de que Dios está enamorado de mí… ¡de mí polvo!, como decía Quevedo: “¡Soy polvo, pero polvo enamorado!” Y Él está enamorado de mi polvo, de mi nada, porque soy polvo y al polvo voy a volver. Mi única ocupación tiene que ser amarle, amarle con pasión a Él y a todos los hombres con compasión.

No me digáis que amais a Jesucristo, que quereis seguirle y vivir en su Corazón y no me dejéis decirlo a mí nunca, si no veis en mí un hogar de misericordia, un cobijo de compasión. Si no soy eso, no me permitáis decir que amo a Cristo… ¡porque os estoy mintiendo! Y sobre todo, no me dejéis besar los pies del Corazón de Jesús, porque es mentira y mi beso le hiere como el de Judas. Si no soy compasiva, si no soy misericordiosa, si no socorro las miserias que veo a mi alrededor, me estoy mintiendo y le estoy traicionando a Él, porque Él nos llama a vivir así. No se puede rezar delante del Corazón de Jesús, besarle los pies y comulgar delante de Él todos los días, si no somos la misericordia de Dios encarnada. ¿Cómo vamos a redimir al mundo? ¿Cómo vamos a ser corredentores con Él, si previamente condenamos? La misericordia del Absoluto también está de incógnito y tiene que estar de incógnito, pero tiene que estar presente.

Que nunca me olvide de que tengo que luchar por acoger a todos bajo mis alas, como la gallina20191006_074146.jpg hace con los polluelos. Que nunca nadie se aleje de mí, con la espina del desamor en el corazón. Y que luche hasta el último aliento y el último suspiro de mi vida por los hombres, mis hermanos, para que sean de verdad en Jesús, para que permanezcan en Jesús, porque tengo que vivir con el convencimiento profundo de que Él ama a estas hermanas profundamente. Cada ser humano, por encima de todos sus pecados y de todas sus fragilidades, es un fruto maravilloso de la Redención de Cristo y así lo mira Él y así le ama Él. Y yo tengo que ser consecuente y coherente con ese sentimiento de Él, haciéndolo mío y demostrándolo.

ORACION:

Señor: yo te seguiré, donde quiera que Tú vayas, donde me quieras llevar. Llévame siempre Contigo, no me dejes alejarme. La vida sin Ti es desperdicio, no dejes que me aleje, llámame con fuerza porque Tú sabes que yo quiero seguirte a pesar de mi pobreza y fragilidad. Amén

 

 

4 comentarios en “El Corazón de Jesús nos invita al seguimiento

  1. Es una gozada escucharla hablar así, Madre Olga.
    Gracias por hacernos participes de su vivencia de la Espiritualidad del Corazón de Jesús. Personalmente hace años que me consagré a Él y su Reflexión es una invitación a renovar mi Consagración.Solo puedo decir que nunca me ha fallado. Y que sigo en su Escuela,me queda tanto por aprender y aprenderle!
    Gracias, Madre!

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  2. HERMODO TODO MADRE OLGA!! LEO TODO Y ME LLENA MI VIDA……!DIOS LA BENDIGA A USTED Y A TODAS LAS HERMANAS!! PERO DISCULPE NO ENTIENDO NADA DE LA WEB Y DE LA TECNOLOGIA!! NO TENGO QUIEN ME INDIQUE…..LE PIDO AL SEÑOR JESUS QUE ME ILUMINE!!

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  3. ¡Alabado sea Jesucristo! ” La Cruz la locura más grande de todos los tie mpos”. Que bien, Madre nuestra, y agrega no quedarse en la Cruz, sino abrazar al crucificado. Que reflexión más profunda, todo su texto. Me quedo recibiendo de sus palabras, tengo que profundizar en la vida que estoy llevando. Aprendo día a día, cuando me llega, correo, hago el silencio, para escuchar con mucha humildad.
    Me viene a la memoria lo que decía Santa Teresa de Jesús, de Los Andes; “Ese loco de amor, me ha vuelto loca de amor”. Madrecita le sigo y espero en el Señor y encontremosno en el sagrario. Reciba mi gratitud y oración; desde San Felipe, Chile.

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