¿Por qué lloras, mujer?

María Magdalena fue corriendo al sepulcro a buscar a Jesús.

Y, qué curioso: Él se hace presente a ella, pero a mí lo que me impresiona es… por un lado ver, cómo ella aunque amaba al Señor muchísimo y por eso sale corriendo al sepulcro, por el deseo de estar cerca de Jesús, pero ella en realidad, buscaba un cadáver, nada más.

Tenía el dolor de aquellos que desean estar junto al cadáver del ser querido que han perdido, pero en ningún momento pasa por su mente que Jesús hubiera resucitado; de hecho, cuando llega y ve el sepulcro abierto y que el cuerpo de Jesús no está, en vez de alegrarse y creer en la Resurrección, su desconsuelo llega al máximo: no solamente le han matado a su Señor, sino que encima se lo han llevado y ella le busca.

wp-1586848179685.jpgLe busca con verdadero amor porque le mueve el amor, pero un amor sin fe: ella no ama a Jesús vivo y resucitado, ella ama el recuerdo de aquel a quien tanto ama y de quien se ha sentido tan querida, pero no va buscándole vivo, va buscando un cadáver. Aún así… corre, corre presurosa, porque es el amor lo que la mueve.

Y, cuando se encuentra con Jesús, está tan obcecada, tan obsesionada, tan cerrada en su idea, en buscar y encontrar el cadáver de Jesús, que le tiene delante vivo, resucitado y glorioso, y no es capaz de reconocerle; no se da ni cuenta. Sus lágrimas la ofuscan de tal manera que no le dejan ver la gloria y la belleza del Resucitado.

Y a mí una de las cosas que me impresiona mucho es, que cuando Jesús sale del sepulcro resucitado, glorioso, vencedor de la muerte, no se convierte en una especie de “superdios”, estupendo, que ya lo tiene todo ganado, que no tiene nada que perder, y que como tiene una naturaleza gloriosa está aparte, lejos de nosotros. No.

Jesús resucitado lo primero que se encuentra en la mañana de Pascua es con las lágrimas de una mujer, y su condición de Resucitado no le hace inaccesible, lejano, pasar de ese tema, “eso yo ya lo tengo superado”, ¡no! Se acerca con dulzura, con cariño, como Él siempre es y le dice: “¿Por qué lloras, mujer?” Porque podría haberle dicho: “mira, no estamos hoy para lloros, que ya he vencido. María, mira, soy yo, he resucitado, déjate de llorar y vamos a otra cosa. Ya hemos llorado bastante hace dos días en el Gólgota”. No, no, no, ese no es Jesús.

Jesús resucitado y glorioso sigue siendo ante todo un Corazón delicado, tierno, compasivo y comprensivo, la Resurrección no le ha hecho lejano sino más compasivo todavía. Y se acerca a ella con dulzura, suavemente, y le pregunta por el motivo de sus lágrimas, aunque Él lo sabe, como sabe todo lo que tenemos cada uno de nosotros en el corazón, pero ese saberlo, como digo, no le hace lejano ni duro, sino que con toda dulzura se interesa por lo que a ella le duele.

A Él podría parecerle una estupidez, porque ya IMG-20190807-WA0131.jpgestá por encima de todo eso y ya ha vencido… ¡pues no! Sigue preocupándole todo lo que a nosotros nos preocupa, sigue siendo cercano y delicado hacia todo aquello que para nosotros que somos tan pequeñitos se nos hace un mundo. Y, lo primero que hace es preguntar por sus lágrimas, “¿por qué lloras?, ¿qué te pasa?, ¿qué te aflige?

Y eso lo sigue haciendo hoy, lunes de Pascua, con cada uno de nosotros. Él sabe cuántas personas hay ahora mismo atribuladas, doloridas, enfermas, que acaban de perder a un ser querido, que lo están perdiendo, que tienen personas aisladas en una UCI, familiares a los que no se pueden acercar, otros que han perdido su trabajo, su medio de vida, que lo están pasando francamente mal por la situación de precariedad económica que toda esta enfermedad también está causando.

Y, Él se acerca a nosotros con toda delicadeza, no nos dice: “¡Hala, ya es Pascua, se acabó! A mí que me importa lo que os pase, yo ya he resucitado”. No, no, ese no es Jesús. Sino que con toda delicadeza, intentando consolarnos, darnos paz, darnos esperanza, se acerca y dice: “¿Por qué lloras? Cuéntame, a ti, ¿qué te pasa?, ¿qué es lo que te aflige hoy?”

Y nos deja que le lloremos, que le digamos, que nos desahoguemos, y muy suavemente, con mucha dulzura, pronuncia nuestro nombre, porque no hay consuelo mayor que escuchar en el fondo de nuestro corazón la voz del Señor, la voz de Jesús, experimentar su presencia, porque la presencia triunfadora y resucitada de Jesús es como todo en Él, suave, delicada.

San Juan de la Cruz dice que es una mano blanda, un toque delicado que a vida eterna sabe. Y así, así se nos acerca esta mañana a cada uno de nosotros, en el huerto de nuestra vida, por donde muchas veces vamos buscando, llorando, buscamos a Jesús de manera… pues eso, muerto, porque nos falta fe. Y, se acerca a cada uno de nosotros y nos dice: “Y tú, ¿por qué lloras?, ¿qué te pasa?, ¿qué te duele?, ¿qué es lo que aflige tu corazón?”

Y, va transformando nuestras lágrimas de desconsuelo en lágrimas serenas, en lágrimas que al derramarse suavizan, dulcifican el corazón, lo van haciendo descansar y nos mira con infinita compasión y misericordia y suavemente pronuncia nuestro nombre de ese modo que solo Él sabe hacer para que yo le reconozca: “¡María!” No necesita decir “soy yo”, el modo de pronunciarlo ya le hace a Él presente, ya le revela.

Jesús resucitado se revela a cada uno de nosotros de una manera única y particular, Jesús no se revela dos veces de la misma manera a nadie, nunca se repite. El espíritu de Jesús resucitado, el Espíritu Santo hace nueva todas las cosas, hace nuevo cada encuentro nuestro con Él y lo hace a la medida del amor, proporcionándonos el consuelo y el gozo de la Pascua que Él quiere que experimentemos.

Jesús quiere que gocemos de su Resurrección, que gocemos de la Pascua, que la disfrutemos. Pero, primero nos consuela, no nos atropella con su triunfo, menospreciando lo que nos duele, sino que suavemente nos consuela, nos conforta, nos calma y transforma nuestro luto en danzas, nuestra tristeza en gozo.

“¿Por qué lloras? ¿Por qué lloramos? María, ¿no lo ves? ¡¡¡Si soy Yo!!! La causa de tu dolor no existe, estoy aquí, estoy vivo, estoy contigo”.

6 comentarios en “¿Por qué lloras, mujer?

  1. ¡Alabado sea Jesucristo! No hay nadie, mejor que el Señor, quien conoce todo de mi y ve mi corazón, que es ingrato, tu sabes Señor mi fragilidad, mi miseria. Se que me amas tal como soy. Quiero pertenecer toda a ti. Vuelvo a leer su reflexión, Madre Olga. Seguiré……. Vuelvo a ti Señor, tu amor es incondicional. Me llamas por mi nombre. Aquí estoy, Señor. Desde San Felipe, Chile. Mi saludo fraternal, para usted Madre Nuestra y hermanas.

    Me gusta

  2. Agradezco a nuestro Padre Dios, querida Madre Olga Maria, por concederle la docilidad a la acción de su Espiru Santo y asi nos enseña a amar el Corazón Divinamente Humano de Jesús. Un abrazo fraterno a todas las Hermanas, desde el estado Trujillo. Venezuela. Dios las Bendiga!!

    Me gusta

  3. UF! digo esta expresión, pues no encuentro otra como escape de salida ante semejante asombro mío y conste que he leído sólo el 1 er párrafo, me basta, pero luego seguiré.
    Jamás, me he dado cuenta ni me hubiera dado nunca!
    Madre Olga, su vida contemplativa en un monasterio, convento sólo ha sido para Gracia de quienes la hemos conocido, seguido, oído..
    Que todo el mundo la conozca Madre Olga!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s