Características del diálogo teresiano

Decíamos que a la Santa Madre, una de las cosa que le preocupa muchísimo es que la nueva vid fraterna que se ha empezado en San José, haya de verdad unión entre la hermanas y para que haya esa unión, ella dice y comprende, que es necesario la comunicación y el diálogo, aunque decíamos que nunca utiliza ni el término comunicación ni el término diálogo porque no eran palabras utilizadas en el castellano del siglo XVI, sino que utiliza principalmente tratar, conversar, como palabras sinónimas del diálogo.wp-1585044414647.jpg

Ella dice que es necesario este diálogo pero le preocupa y le interesa muchísimo que no sea una palabrería vana, una palabrería vacía, hueca, un hablar por hablar… sino que lo que se diga de verdad comunique algo y tenga contenido. Entonces, ¿qué hace ella? Pues traza unas directrices para las que tenemos que vivir ese carisma, para las que somos sus hijas.

A ella le preocupa desde el principio contar con una comunidad de monjas, de personas llamadas a vivir en comunidad la experiencia de la oración, de la unión con Dios, del trato con Dios, como un camino a recorrer hacia dentro, hacia el interior de cada una. Donde de verdad, sin falsificaciones se da el auténtico diálogo entre Dios y el alma.

Ella cuidó con escrupulosidad la selección de las vocaciones, fue -si queréis- exagerada en eso. ¿Por qué? Porque también había vivido la experiencia en la Encarnación de lo que era dejar pasar a cualquiera, ¿no? O sea, en la Encarnación cualquiera entraba y cualquiera profesaba. Y eso significa pues… que al final… a base de echarle agua al vino, el vino acaba perdiendo su sabor, ¿no?, acaba perdiendo su aroma y eso… es vino aguado, no es vino. Y ella no quiere que en el Carmelo suceda -o nos pueda suceder- lo mismo, ¿no? En la Reforma, que a ella, esa misma situación, que se cuele cualquiera. Entonces fue muy escrupulosa a la hora de seleccionar.

Un punto clave para el diálogo fraterno en comunidad es estar determinados todos los del grupo a vivir de la misma forma el Evangelio. ¡Esto que os estoy diciendo es muy importante!: que todos los de la misma comunidad estén determinados, o sea, con una voluntad firme, a vivir de idéntica manera el Evangelio. Es lo que es una espiritualidad: una vivencia concreta del Evangelio destacando unos matices del Evangelio, unos aspectos.wp-1585044548265.jpg

Cuando una comunidad cuenta con algún miembro de vocación indefinida… o sea, traducido en nuestro castellano actual, que está ahí sin saber bien porque, haciendo bulto -perdonadme la expresión pero es así- está pues porque está; o es una persona inadaptada, sin madurar, que no acaba de aceptar las exigencias que supone esta vocación concreta -la que sea- en esa comunidad donde está, que no acaba de abrazar y adoptar y hacer propias las características, las señas de identidad, de esa comunidad y -sobre todo- las exigencias; o sea, que no desea esa vida, que no la quiere, que no la procura… pues esa persona va a encontrar dificultades inexorablemente en la vida fraterna y, por supuesto, en el diálogo porque, para comenzar, no habla el mismo idioma que el resto.

Si tú estás llamada a una determinada vida, al margen de que te guste o no te guste -esto hay que entenderlo muy bien– tienes que desearla con todas tus fuerzas, porque Dios te ha traído aquí y Dios te pide esto, entonces… deseas esto. No porque te guste, no porque te cae bien, no porque es afín… ¡no! Eso serían razones puramente humanas y naturales, ¿no? Tú estás aquí porque Dios te ha traído y quieres esto con todo tu ser, porque Dios lo quiere para ti.

Y entonces, en el punto y hora en que todos los miembros de la comunidad quieren con todas sus fuerzas eso que se vive en esa Congregación, en ese Instituto, en esa comunidad… wp-1584874626395.jpgse crea ya un nexo de unión irrompible, fuerte, que da pie a un diálogo profundo porque todos hablan el mismo idioma, todos miran en la misma dirección, todos guardan en su corazón los mismos deseos… Cada uno desde su peculiar condición, desde su psicología, desde su edad, desde sus circunstancias, desde su historia personal… desde todo lo que es, desde su singularidad –porque no todos somos iguales– pero cada uno, desde su singularidad, se vincula al resto con una mirada igual, en la misma dirección y con un deseo firme y determinado de vivir una vocación concreta.

¡Eso es muy vinculante! ¡Eso es lo que de verdad une, eso es lo que de verdad genera el amor, el amor teologal, el amor de verdad, el amor fraterno! ¡Eso es lo que de verdad crea hermanos y vínculos espirituales e irrompibles, muy superiores a los de la carne y la sangre! Y desde ahí, desde esa actitud, se comparte, porque hay una vivencia común que se puede compartir y se dialoga, porque hay algo importante que nos toca a todos y que comunicamos. No siempre hablando, ¿eh? El diálogo no tiene porque ser siempre verbal, hay muchas maneras de dialogar. Lo que pasa es que siempre entendemos que dialogar es hablar. Y hablar… ¡no! De hecho dice la Escritura que “en el mucho hablar no faltará pecado”. El caso es hablar y hablar y hablar y hablar, pero hablar ¿de qué?

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Dialogar es algo mucho más profundo que hablar. Es comunicar algo, compartir algo que a todos nos importa y que todos tenemos dentro. Por lo menos ese es el estilo de diálogo que Santa Teresa quiere para sus comunidades y para sus hijas. Y ese estilo de vida no puede brotar sino de un diálogo estrecho, íntimo, continuado, con Dios que, al fin… es el que nos ha convocado, el que nos ha unido y el que nos lleva a dialogar.

 

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