DESDE DENTRO HACIA AFUERA

Una de las aspiraciones sempiternas del ser humano es cambiar el mundo. Y pienso que todos con intención de mejorarlo, sin duda, pero difiero de los métodos…. Muchas veces están equivocados y dejan bastante que desear. Sobre todo el planteamiento ese de que hay que cambiar las estructuras para cambiar la realidad que nos rodea, eso que llamamos mundo.magazine-unlock-05-2.3.906-_ac6ce50b97284981aa8a00f54d343647.jpg

¿Cómo hacerlo? ¿Cómo cambiar las estructuras? Aparecen paladines y héroes de revoluciones que apenas rozan la epidermis del problema, aunque hagan mucho ruido. La realidad es que no cambian nada: simplemente alteran, molestan y hacen ruido, pero nunca van a la raíz profunda, que no es “el sistema”, sino el ser humano, que es el que hace que los diferentes “sistemas” se muevan. No soy amiga de gritos, protestas y pancartas, y opino que las verdaderas revoluciones, las que sirven para algo positivo, surgen del interior del hombre, de lo más profundo, de su esencia. Estas son las que llegan a transformar las estructuras exteriores y la vida de las personas conduciéndolas a una felicidad auténtica y sin mentiras: la que nace, se da y perdura en el corazón. ¿Para qué queremos cambiar el mundo si no es para ser más felices de lo que actualmente somos?

Si perseguimos alguna otra intención… estamos equivocados y abocados al fracaso y la desilusión. Cuidado con las falsas revoluciones, las que solamente se sustentan en ruidos y alboroto, las que comienzan al revés: proponiendo un cambio de estructuras, de lo de fuera, de lo frágil, de lo que no es vital… pero que “se ve”, “hace ruido” (y con eso logran deslumbrar y despistar, porque parece que se está haciendo algo) pero que son incapaces de sanar el drama interior del hombre, dejándolo languidecer y agonizar en su sed insatisfecha de trascendencia e infinito.

Organizando revoluciones sin base, queriendo empezar la casa por el tejado, nos encontramos con mentiras socialmente admitidas y con la posibilidad de despistar a todos desviando la atención de lo esencial, del verdadero problema: el dolor existencial de tantos y tantas. Es terrible ver tanto sufrimiento, tanto vacío, tanta ausencia de amor en personas concretas de carne y hueso, y que nos desgastemos en querer acallar nuestras conciencias trabajando por eso que llaman “bien social”, cambiar el mundo… como si el mundo y las estructuras que lo rijen se cambiaran así como así. ¡¡Que ilusos al pensar que cambiando esas estructuras e inaugurando un nuevo orden se va a calmar el dolor y los anhelos de los corazones de los hombres!!

¿Hay alguien que siga pensando que -de esa manera- se va a mejorar la situación de vacío interior que aplasta a tantos hombres y mujeres de hoy? Estamos llamados a procurar la revolución de la ternura, la bondad, la compasión… la que da lugar a una revolución íntima de cada ser humano. Que cada uno regrese a su corazón y se encuentre con el remedio de su sed y de todas sus heridas íntimas: todas ellas, sin duda causadas por el desamor.

En estas fechas próximas a la Navidad os convoco a esta revolución de la ternura que se realiza de dentro hacia afuera. Cambiemos la estructura de nuestro propio corazón y poco a poco se irá cambiando, suave pero firmemente, el mundo que nos rodea.

 

4 comentarios en “DESDE DENTRO HACIA AFUERA

  1. ¡Alabado sea Jesucristo! Que gran invitación nos haces ” os convocó a la revolución de la ternura”, tomaré muy seriamente sus palabras y aquí en Chile hemos sufrido tanto dolor, miedos, violencia verbal y sobre todo física lo más triste con algunas muertes. Cambiar nuestra forma de tratarnos, de compartir, es que no compartíamos nada, ni siquiera nuestro reloj, cada uno en lo suyo. El domingo co mo primer día de Adviento, después de participar de la misa. Fue profunda, que sentí, que debemos nosotros los católicos, también, con firmeza pero a la vez con ternura dar testimonio real vivo, que éste niño Jesús, que nos colme de ternura, amor. Y desde ese con las personas que comparto en el día, ser puente de Unión hay esperanza que se puede empezar a reconstruir confianzas y decir al prójimo que hay alguien que nos ama, y espera por nosotros y nos acepta como somos. Jesús nos ama y su Madre Santísima nos cubre con su manto. Creo en Dios Todopoderoso. Desde San Felipe, Chile reciba Madre nuestra un abrazo.

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