“¡Buscad compañía!”

Es una expresión que ella utiliza -la Santa- y se refiere a la necesidad de relaciones en profundidad, de relaciones sólidas, intensas, con confesores o con consejeros espirituales: “Yo no hallé confesor que me entendiese, aunque le busqué veinte años.” Así que… ¡qué consolación! Estuvo veinte años buscando un confesor que la entendiera y no la entendía ninguno. Esto lo dice en el Libro de al Vida en el capítulo 7 famoso este que no tiene desperdicio. Si leéis el capítulo 7 del Libro de la Vida ¡cuenta cada cosa…!

Vivió largos periodos de crisis, dudas sobre sus experiencias espirituales, luchas personales en las que se ve sola y sin ayuda… Nadie, ni la Priora, ni la Maestra de Novicias, ni el confesor, la pueden ayudar… ¡porque no la entienden! Ni la pueden ayudar, ni la pueden aconsejar. Su palabra suena como un lamento en el Libro de la Vida, capítulo 7, número 20: “Gran mal es un alma sola entre tantos peligros. Paréceme a mí que si yo tuviera con quien tratar todo esto…”IMG-20191018-WA0080.jpg

Esta situación cambió totalmente en su madurez. Primero no encontró confesor, luego tenía cola de gente que la quería confesar. Sostuvo amplias y profundas relaciones no solo con buenos confesores y teólogos de gran prestigio, incluso con santos hoy canonizados, entre los que se encuentran San Juan de la Cruz, San Pedro de Alcántara, San Francisco de Borja… con San Juan de Ávila tuvo relaciones epistolares y son santos tremendos pero ninguno como ella. Ninguno –sin ánimo de hacer comparaciones– ninguno como ella. La grandeza humana y espiritual de aquella mujer… nos deja a todos raquíticos.

Otra cara de la misma moneda es la necesidad de amigos en torno a Cristo y compañeros de camino. Amigos en torno a Cristo: ¡esos son los amigos que ella quiere! No amigos de pasar el rato, de perder el tiempo y de decir tonterías. Amigos en torno a Cristo con los cuales hablaba de Cristo y se ayudaban a ir a Cristo, compañeros de camino.

Por la gran significación de sus miembros, merece un capítulo aparte lo que se llama “El grupo de los Cinco”. En el Libro de la Vida, capítulo 16, en el número 7, es una expresión preciosa de la Santa que a mí me parece preciosa. Dice: “Este concierto querría hiciésemos los cinco que al presente nos amamos en Cristo.” Eran cinco amigos: ella; la única mujer del grupo; García de Toledo, que fue su confesor; Domingo Báñez, que también lo fue; Gaspar Daza, que también lo fue y Francisco de Salcedo, que no lo fue porque no era sacerdote, que si no… también lo hubiera sido. El “Caballero Santo” era un seglar.  Y esos cinco y ella se autodenominan “el Grupo de los cinco” porque tenían largas conversaciones espirituales. Dice: “…los cinco que al presente nos amamos en Cristo”.

Queda muy reflejado el concepto que ella tenía de la amistad, el concepto tan alto. Cómo la valoraba, pero nunca la estropeaba, nunca la maltrataba, nunca la profanaba, nunca la rebajaba… Para ella la amistad era un tesoro y lo cuidaba. ¿Y cómo lo cuidaba? ¡En Cristo! Y ¡¡les quería muchísimo!! porque ella no sabía querer de otra manera, pero ¡en Cristo! Y ellos… pues todos con el babero, porque la querían, la admiraban, las cosas que les decía…20190815_090732.jpg

Leeros el “Vejámen”. Les daba ciento y raya a todos y se reía de ellos… pero a mandíbula batiente. Algunos de los del “Vejámen” eran del Grupo de los Cinco, no todos, porque en el Vejámen está su hermano Lorenzo de Cepeda y está San Juan de la Cruz que no están en el grupo de los cinco. Pero la gracia, aún en el “Vejámen”, que es una cosa jocosa, divertida, una especie de tomadura de pelo de ellos… es espiritual, porque habla de una sentencia espiritual. En ella… todo es en Cristo y para ir a Cristo y eso que había creado lazos de afecto muy profundos, muy hondos.

Además del Grupo este de los cinco -que merece una mención por lo que hemos dicho- está un pequeño círculo de amigas, monjas y seglares, que se reúnen en su celda –eso era muy habitual en la Encarnación- en coloquios espirituales e íntimos para ayudarse a la oración. Y precisamente, en uno de esos encuentros, en una de esas veladas, surge la idea de la Reforma y el primer esbozo de lo que sería la futura comunidad teresiana. Esto nos lo narra ella en el Libro de la Vida, capítulo 32, en el número 10.

Hay un punto débil en la Encarnación que es el locutorio, que era un lugar de relación con personas del exterior y de conversación. Hay allí visitas que interesan a la comunidad y a muchas otras personas y esto fue para ella -el locutorio de la Encarnación- una espada de doble filo. Por lo que os dicho antes, porque era vanidosa y en el fondo le gustaba… Ella se prodigaba en ser amable con las visitas, consolarlas, aconsejarlas… darles consejos espirituales para orar… Pero por otro lado le afectó mucho -y esto es bien sabido- en su mundo afectivo-emocional. Por eso le hacía mucha mella porque ella era una persona de una sensibilidad muy fina, de una sensibilidad de onda muy exquisita, ¿no? y dificultaron su vida de oración seriamente, ¡fue un verdadero obstáculo! Porque toda aquella serie de impresiones que llegaban a chorro a través del locutorio, a ella le afectaban, la distraían, la dispersaban, IMG_20191013_074722_197.jpgle dificultaban la oración.

La casa y las hermanas compartiendo cada día oración y vida, gozos y preocupaciones, fueron tejiendo en su espíritu –esto es muy bonito también– un hondo y agradecido sentido de pertenencia a la comunidad. Entre sus monjas, ella siempre se ha sentido hermana y carmelita, y de este Monasterio de la Encarnación se siente hija. Ella siempre lo vivió así y nunca jamás renegó de la Encarnación, ni habló mal, ni se marchó de allí por ninguna otra cosa que no fuera la Voluntad de Dios, lo que Dios le pedía, la llamada nueva de Dios.

Cuando años más tarde, en sus viajes de fundadora pase por Ávila, se acercará a la Encarnación, con este comentario: “Vuélvome a mi madre”. Ella había vivido allí sus primeros años de Vida Religiosa y se sentía hija de la Encarnación. El el juicio que refleja sus escritos sobre esa comunidad, Santa Teresa se muestra delicada y generosa con las personas. No se escandaliza de las debilidades humanas, pero en una mirada clara a las realidades negativas, se le presenta la otra alternativa: el proyecto de un nuevo marco vital donde vivir más puro el ideal del Carmelo contemplativo. Un proyecto largamente pensado, orado y consultado (Vida 32, 12-13) que se hace cada día más urgente ante los problemas y males de la Iglesia.

 

3 comentarios en ““¡Buscad compañía!”

  1. “Amigos entorno a Cristo con los cuales hablaba de Cristo y se ayudaban a ir a Cristo,compañeros de camino “Qué falta nos hace esto hoy,poca gente se encuentra con la que puedas compartir momento de oración, o simplemente divertimento.Por eso Las Samaritanasllegaro a mi vida y la llenaron a tope.GRACIAS. 💕💕💕

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