La abnegación evangélica

En ese “ser monja” entra de lleno en la enseñanza de la Santa la norma evangélica de la abnegación. ¡Ésta es una palabra muy rara también hoy día! Está borrada de muchos diccionarios, de muchos cristianos y de muchos consagrados. “¿Abnegación? ¿Eso de qué va? ¿Eso qué es?” Pues ¡no está pasada de moda! Otra cosa es que la hayamos condenado la abnegación al ostracismo, es como una palabra maldita. “¡Maldita, sí, sí! ¡Ésta ya no se lleva!”  Santa Teresa nos dice que es absolutamente necesaria para seguir a Jesucristo.

¿Qué es la abnegación? Santa Teresa lo define en el Camino de Perfección con unas palabras muy suyas que la definen a ella -no solo a la abnegación- y a su modo de concebir las cosas: “Se trata de darse todas al Todo sin hacernos partes” (Camino 8, 1).

tempFileForShare_20191009-175431.jpgDarse toda al Todo sin hacernos partes”, sin dividirnos, vamos… sin dejar tamo en el bolsillo, sin escurrir el bulto, sin mirar para el otro lado, sin dar una parte, sin darnos a plazos, sin “poco a poco”. “Ya, poco a poco. Es… ¡las cosas van poco a poco!” ¡No, no! No van poco a poco. ¡O somos o no somos! “Darnos del todo al Todo -que es Dios- sin hacernos partes”, sin dividirnos, sin reservarnos, sin guardarnos, sin dilatarlo en el tiempo… esa es la abnegación. Es el “dejarlo todo” de Jesús en el Evangelio para seguirle a Él. Es desasirse de personas y cosas que impiden la libertad y -sobre todo- de las amarras interiores, porque dentro tenemos un mundo de cuerdas, amarras, nudos… que no nos  dejan avanzar.

De esta manera, se impide el avance y se puede deformar y desfigurar el seguimiento de Cristo, porque a veces lo queremos presentar como algo que obedece a la propia satisfacción, al propio regalo. Y no es así. Yo no sigo a Jesucristo porque me encanta el camino que me ha trazado, sigo a Jesucristo porque me está llamando. ¡Es así de simple! Y como me está llamando, ¡pues voy!

-“Pero es que me está llevando por un sitio…”

-¡Pues te aguantas! ¡Tú, vas porque estás llamada a su seguimiento -no a que te guste el itinerario, sino a ir con Él- a estar con Él, a vivir con Él, a responder a ese llamamiento!

Y nos escribe (todo eso es en el Camino de Perfección): “Determinaos –la palabra mágica–  “Determinaos, hermanas, que venís a morir por Cristo no a regalaros por Cristo”.

Hay que distinguir entre el seguimiento abnegado -cargando con la cruz- y la propia felicidad; son dos cosas que van juntas, que una lleva a la otra, pero que no son lo mismo. Una cosa es la propia felicidad, que es una opción libre; y otra cosa es el seguimiento de Cristo, que es otra opción libre. Y el seguimiento de Cristo lleva a mi propia felicidad pero la propia felicidad no es que las cosas sean como a mí me gustan, como a mí me apetece, como me parece mejor. ¡No!

Abnegación y felicidad no se contraponen, al contrario: la felicidad irrumpe de lleno en la vida de una persona cuando nos determinamos a vivir abnegadas. En el punto y hora en que yo me determino a cargar con mi cruz yIMG-20190818-WA0088.jpga seguir a Cristo me lleve por donde me lleve, pase lo que pase, aguantando lo que haya que aguantar, y digan lo que digan, y se enfade quien se enfade, y caiga quien caiga… en el punto y hora en que yo me determino a eso, empiezo a ser libre y feliz. Mientras quiera contentar al uno y al otro, al de más allá; a ver si es así, a ver si le convenzo… empiezo a negociar con Dios, que es lo que estuvo Santa Teresa haciendo veinte años: negociar con Él para ver si podía tener lo que quería el Señor pero en bonito, como a ella le gustaba. O sea, era un duro y dale, y un tira y afloja… pues mientras avanzamos así es una zozobra, es un sinvivir y no somos felices.

La felicidad y el descanso vienen en el punto y hora en que nos determinamos a seguir a Jesucristo pase lo que pase. Y entonces, a partir de ahí, uno descansa y la felicidad irrumpe en tu vida. Que luego las pasas canutas, moradas, “¡que esto es tremendo!”… ¡Sí, pero no te va a impedir ser feliz! ¡El sufrimiento no impide la felicidad, se puede ser inmensamente feliz aunque las estés pasando negras oscuras! ¡Lo uno no contrapone a lo otro! El sufrimiento no es un obstáculo para la felicidad, en contra de lo que nos venden hoy día… ¡es la mentira más grande! Porque entonces -si fuera verdad lo que nos dicen por ahí fuera- ¡nadie sería feliz nunca!, porque en esta vida no se puede estar sin sufrir: si no es de una manera, es de otra. Entonces la fórmula es ver cómo somos felices a pesar del sufrimiento: siguiendo a Jesucristo, que es el que da sentido al sufrimiento. ¡Entonces ya se puede ser feliz! ¡Si es facilísimo, solamente hay que ponerse a hacerlo!

3 comentarios en “La abnegación evangélica

  1. Muy duro lo de ¡Te aguantas! Pero que real es todo y cuanta verdad desprende….me he quedado sin palabras.
    El sufrimiento no impide la felicidad. Me guardo en el alma esa frase porque es una casualidad que aparezca en mi vida de esta manera y precisamente ahora cuando más la necesito y comprendo.
    Gracias por esas palabras Madre Olga, realmente no creo en las casualidades. Casualidad es la forma que tiene Dios de mostrarse cuando no quiere que se le reconozca, decía Einstein…

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  2. Soy Marta, de Argentina, y quiero darle gracias a Madre Olga por esta meditación. Estoy viviendo un tiempo de sequedad espiritual y sus palabras me alientan y fortalecen. Unidas en la oración junto a Jesús Eucaristía. Un gran abrazo de mi parte para usted, y especialmente a Hna.Eugenia? Con ella compartimos el camino de Hnas de Betania

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