¡ESTOY DE VACACIONES!

¡Estoy de vacaciones! Esto lo oímos cantidad de veces en tono de tirar la casa por la ventana y pasar de todo; como si las vacaciones significaran perder el tiempo y vivir sin sentido ni ningún tipo de norma. Espero, mis queridos lectores, que las vacaciones para vosotros sean algo más que eso…

No podemos planificar nuestro tiempo de descanso -que es sano y muy necesario- como algo que dependa exclusivamente del dinero del que disponemos para gastar, del destino escogido y del tiempo que haga esos días. De modo que si llueve… ¡se fastidiaron las vacaciones! Y si no puedo viajar muy lejos porque nuestra economía está un poco pachucha este año…también se nos estropean las vacaciones.image_content_8278299_20180610102127

Propongo planificar las vacaciones estivales (o de cualquier época del año) como un tiempo para descansar y para enriquecernos. Estas dos cosas las podemos asegurar independientemente de que llueva o haga sol. Sería bueno concebir las vacaciones como un período de descanso psicológico (no sólo físico) y de crecimiento interior, espiritual y humano: tiempo para romper la dinámica habitual de todo el año y poder descansar de la monotonía de todos los días, tiempo para hacer aquello que no podemos hacer habitualmente, como puede ser leer un buen libro, visitar museos, disfrutar del buen cine, acudir a conciertos y recitales… y sobre todo un tiempo para la reflexión, el diálogo y la compañía de las personas con las que no podemos pasar mucho tiempo en nuestro día a día y que son importantes en nuestra vida: ese amigo del alma que vive a setecientos kilómetros y con el que habitualmente sólo puedo hablar por teléfono, o miembros de la propia familia. Relacionarnos con ellos en profundidad y sin los condicionamientos que nos imponen los horarios de trabajo, escolares y demás.

Disfrutar de un tiempo libre y gratuito, sin presiones ni condicionamientos, para gastarlo con las personas que más me importan y saborear cada minuto junto a ellos como un regalo. Creo que pocas cosas existen más gratificantes que estas relaciones interpersonales que aumentan el amor, consolidan el afecto y llevan a la persona al desarrollo máximo de la más importante de sus capacidades: la capacidad de amar, que es exclusiva y constitutiva del ser humano.IMG-20180908-WA0331.jpg

Creo que ese es el mayor descanso y el mejor plan de vacaciones: alternar momentos de soledad y reflexión, de lectura, de poesía, de buena música, con otros momentos de convivencia, diálogo y compartir experiencias con esas personas importantes y especiales. Si el tiempo acompaña se puede vivir todo eso al aire libre: en la montaña, en la playa, paseando… Pero reconoced que aquí en Asturias también tiene su encanto pasear con un chubasquero bajo el orvallo. El mar, la playa y los paisajes pueden ser disfrutados aunque no haya sol, pero desde otra perspectiva y con otras tonalidades…

Nuestra riqueza interior se disfruta desde dentro y ese disfrute no lo condiciona ningún factor externo. La gozada de “estar” con quienes amamos, de “ser” junto a ellos, de compartir, de vivir con hondura lo que somos, encontrándonos con nuestro propio corazón y lo que más amamos y concentrarnos en estos días de descanso en lograr nuestros anhelos más íntimos… no tienen parangón con nada y son el mejor plan de vacaciones, lo que nos hace descansar y tomar fuerzas para continuar después.

 

 

 

 

 

 

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