Un hueso dislocado

El otro día una persona que conozco, de la manera más tonta, hizo un mal movimiento con un brazo y se dislocó el hombro. Al principio pensó que en un rato aquel dolor agudo se le pasaría, que había sido un movimiento un poco forzado el causante de aquel dolor agudo y persistente y que se le pasaría, que era cuestión de unos minutos.

Pero dice que el tiempo fue pasando y que aquel dolor persistía y se intensificaba, y llegó un momento en que era tan fuerte y tan continuado, que empezó a sentir nauseas y mareo y malestar general. En vista de lo cual se fue al médico y le dijeron que tenía el hombro dislocado. Cuando me lo contaba me decía que nunca pensó que un solo hueso dislocado pudiera generar tal malestar… y me acordé de las palabras de San Pablo: “cuando un miembro del cuerpo sufre, todos sufren con él…”

Efectivamente: no somos islotes, no vivimos cada uno por separado, sino todos formando un cuerpo y todos nos sostenemos unos a otros, o nos ayudamos, o nos entorpecemos… o depende de lo que cada uno viva. Muchas veces nos refugiamos en esa mentira tremenda y descarada: “¡es mi vida!” Y no… es mentira: no es tu vida, no es sólo tuya. Es tu vida porque la estás viviendo tú, pero nos afecta a todos.IMG-20190704-WA0020.jpg

¿Y qué tiene que ver esto con lo del hombro dislocado que contaba al principio? Pues sí: que hay personas que viven como huesos dislocados: fuera de su sitio, sin encajarse en el cuerpo (el entorno social en que les toca vivir) y no calibran de qué manera generan malestar en todo el cuerpo. Estas personas van a su bola, metidas en sus intereses, en sus opiniones, n sus propósitos, en sus deseos, en sus juicios… y causan verdadero dolor y malestar, porque ni siquiera quieren darse cuenta de que hacen daño e incomodan al resto. Parece como si no les importara estar al revés de todos y al dolor que causan no le dan importancia. Su lema es… “¿de que se habla? Que yo me opongo…” y así siempre. Son huesos dislocados, fuera de su sitio, que hacen daño a todo el cuerpo.

Esto me ha hecho pensar muchísimo acerca de mí misma y de mi relación con las personas de mi entorno, a quienes debo todo el cariño, el respeto y la consideración del mundo y hacia quienes he adquirido el compromiso de amarlas y hacerlas felices. Y me hago esta pregunta y os invito a que os la hagáis también vosotros: ¿soy una persona feliz, centrada, plena y realizada, que acepta la vida y sus circunstancias serenamente y con paz, y que a la par lucha por mejorarlas, pero siempre con buen talante y sentido del humor y buena cara, o soy un hueso dislocado, disconforme siempre, a contrapelo por sistema y causando siempre malestar?

Creo que reflexionar sobre esto y contestarme a esta pregunta y “curarme” si soy un hueso dislocado para dejar de hacer daño a mi alrededor… es muy bueno; un gran plan para este verano: vacaciones terapéuticas.

 

2 comentarios en “Un hueso dislocado

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