TERRORISMO VERBAL

¡¡Cuidado con lo que decimos!! Una vez un hombre sabio y bueno que me ha ayudado mucho en mi vida me dijo: “no olvides nunca que las palabras son el medio de expresión más pobre”. Pero también es el más utilizado para comunicarnos y expresarnos y manifeIMG-20190524-WA0171.jpgstarnos al exterior de nosotros mismos.

Hay personas más habladoras y otras menos, pero aun así… son tantas las palabras que pronunciamos en nuestra vida… que calcularlas sería una misión imposible. En diferentes idiomas y contextos y en infinidad de situaciones diversas, pero… todos nos comunicamos con palabras.

Quizás sea el momento de recapacitar sobre nuestras palabras. Cada uno debería hacerse algunas preguntas: ¿De qué hablo yo? ¿Cuáles son mis palabras? ¿Cómo empleo ese don exclusivamente humano que es el lenguaje articulado? ¿Construyo con él o destruyo y causo heridas? ¿Lo pongo al servicio del bien?

Como en todas las facultades humanas, esa es la gran cuestión: el uso que hacemos de ello. Desde nuestra libertad podemos servir con la palabra y matar con la palabra. Las palabras que pronunciamos casi nunca dejan de tener consecuencias… es tremendo que no seamos conscientes de esto y hablemos y hablemos y hablemos sin parar y sin pensar en las consecuencias de nuestra verborrea.

Es cierto que la mayoría de las veces nuestra torrentera de palabras no tiene mayor trascendencia, pero también es cierto que muchas veces los comentarios que hacemos, las palabras con retintín… todo eso… afecta a la vida y la felicidad de muchas personas, a la paz, a su fama… Hemos de tener cuidado con lo que decimos y no ser sembradores de confusión, de malentendidos, de leyendas urbanas y mucho menos de murmuración.

Me gustaría que reflexionáramos un momento sobre nuestras palabras y nuestros temas de conversación: ¿de qué hablo yo normalmente? ¿me dejo arrastrar por respetos humanos y sólo hablo de cosas intrascendentes y vanales? ¿me atrevo a hablar alguna vez de Dios, de la eternidad, del amor, de la muerte, de la misericordia, del dolor…? ¿o sólo me enardezco y hablo como un loro de temas que no comprometen lo íntimo de mi persona porque hablo y hablo y hablo y nunca arriesgo nada porque nunca tengo la valentía de abrir mi más profunda intimidad con generosidad y dar de lo que verdad llevo en el corazón? Como con todo en esta vida puedo ser generosa y dar de mí en mis palabras o puedo parapetarme tras ellas sin entregarmagazine-unlock-05-2.3.892-_0705319055f24e0793b46fd04126e80d.jpgme ni comprometerme a nada.

Tengo el firme convencimiento de que lo único que merece la pena y da sentido a esta vida es la donación de uno mismo a los demás: hacer el bien siempre y a todos, el mayor bien posible. Y todo en nuestra vida tiene que estar subordinado a este propósito: nuestras palabras también. De lo contrario…. Como se suele decir: “calladitos estamos más guapos”.

Hablemos de lo que hablemos, independientemente del tema que sea, que lo hagamos siempre como un acto de entrega de nosotros mismos: dando amor, compartiendo conocimientos, sembrando esperanza, animando, confortando, consolando, construyendo la paz, tendiendo puentes, acercando a las personas… En definitiva: servirnos de la palabra para amar. Que hablemos para dar amor y hacer el bien, desterrando de nuestras conversaciones las segundas intenciones, terceras, cuartas y quintas que se nos cuelen y se nos vayan “pegando”. No y mil veces no al terrorismo verbal: a la murmuración, la maledicencia y las conversaciones en que reinan las críticas destructivas y en las que gritamos nuestro resentimiento, nuestra rabia, nuestra envidia solapada… y que son sólo ballestas para lanzar dardos envenenados que desatan oleadas de violencia y dolor. Podemos ser tan injustos con eso… y lo peor es que las palabras que deberían ser vehículo del amor se convierten en instrumentos al servicio del odio y la división. Luchemos también con las palabras para que triunfe la bondad y el odio nunca lleve la razón. Que nuestras palabras sean instrumentos al servicio del amor, la unidad y la verdad.

3 comentarios en “TERRORISMO VERBAL

  1. No había leído esto hasta hoy y me sorprende mucho pues escasamente hace unos días, escribía en mi estado sobre el mismo tema. Me llegó un mensaje de una amiga que lo había leído diciendo que por qué no decía esto a la cara ( hablaba sobre cómo puedes ofender a la gente con tus palabras) Le contesté que lo que escribo en mi estado no es ni mucho menos para que lo lea alguien en concreto, al contrario, lo escribo para ayudar a la gente de una forma indirecta a través de mis letras… Mi amiga no me entendía…pero a menudo, soy yo la que sin querer, puedo decir palabras que maten el alma solo por la forma de decirlo y otras veces, me ha pasado a mí, que me han hecho sin querer o queriendo tanto daño…
    Vivimos en una sociedad en la que la crítica por desgracia es el plato primordial y es muy difícil luchar contra ello pero si cambiamos esas críticas destructivas por críticas positivas sacando lo bueno, la gente se sorprende y te dice: ” no defiendas así, no sabes lo que dices” y un largo etc…Es aprender a manejar las palabras porque nunca sabes cuánto daño puedes hacer…Y ojo, me lo aplico a mí misma, la primera porque caigo mil veces en la misma piedra y mil veces que reparo porque lo que no me gusta que me hagan a mí, no quiero hacerlo a los demás.

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