Es necesario consentir…

Los santos son personas que tienen esperanza, que es otra de las virtudes teologales. Y la esperanza revestida de amor es lo que se llama confianza. El corazón evangélico lo que hace es cambiar completamente la vida de la persona. La vida sigue siendo igual, sigues haciendo lo que hacías, pero tu disposición interior es absolutamente otra. ¿Por qué? Porque Dios es quien obra en nosotros, porque el niño le deja obrar, le deja hacer. Y en esta disposición de aceptar su impotencia y su incapacidad, abre totalmente, de par en par, la posibilidad de que Dios obre.

¿Qué hay que hacer para que Dios obre de esa manera? Nada. Simplemente reconocer que no puedo. Teresita pone la imagen del niño que intenta subir la escalera. Intenta levantar el piecito y no puede. Y no puede, y no puede. No deja de intentarlo, no deja de alzar el piececito. Ella dice que, IMG-20181010-WA0009.jpgindefectiblemente, Dios viendo el esfuerzo baja a por el niño y le coge en brazos y lo sube.

Yo en esto no estoy totalmente de acuerdo con ella. Hay niños y niños. Los hay más tercos, más cabezotas. Pero hay quien intenta tres o cuatro veces, ve que la cosa es complicada y se sienta en la escalera tranquilamente. En cualquier caso es una aceptación de que no puedes. Te sientas y llamas: “Que no puedo subir, que alguien baje a por mí”. Pero estamos en lo de antes: para eso hay que aceptar reconocer y confesar la propia pobreza.

Hay unas palabras de Teresita que yo creo que son… Hay muchas frases de ella famosas. Hay muchas frases de ella fuertísimas. Pero, yo creo que la más importante para mí lo ha sido es: “Es necesario consentir en permanecer siempre pobres y sin fuerzas”. Yo creo que esto es lo más difícil. Consentir en nuestra pobreza. No querer quitar la pobreza de en medio. No querer crecer. No querer mejorar. No querer superar esto. La superación más difícil es la aceptación de los propios límites. Porque si tú tienes una limitación y consigues superarla en realidad te está apuntando un montón de tantos y te sientes estupendo, y vamos, no es precisamente que te sientas pequeño. Sino que dices: “¡Qué bien lo he hecho!”

Teresita dice que “es necesario consentir en permanecer siempre pobres y sin fuerzas”. Cuidado con esta frase, porque con esto no estoy diciendo que nos tumbemos al sol y, como soy así… ¡aquí me las den todas!

Los niños en la playa hacen de todo menos tumbarse al sol. Se les cae el castillo doscientas veces y vuelven a empezar la doscientas una. Pero no se rinden. Son tenaces cuando quieren algo.

Por eso os he dicho antes que es necesario querer este camino y querer el corazón evangélico y querer la santidad con todas las fuerzas. Sabiendo que no vas a avanzar un milímetro por ti mismo, pero tú quieres avanzar siendo consciente de que no puedes. Hace falta ese equilibrio entre las dos cosas: la fuerza, la entrega, la tenacidad, la cabezonería IMG-20181103-WA0028.jpgpor conseguirlo porque lo quieres con toda tu alma, y al mismo tiempo -es un equilibrio difícil pero la gracia de Dios lo hace posible- aceptar que no puedes nada. Que eres un inútil total. Y luego, lo más misterioso de todo esto es que, creyéndote de verdad que eres una inútil total, eres feliz. Eres feliz.

Yo soy infinitamente feliz, aunque sé que soy una inútil total, porque mi felicidad no está en mí. Mi felicidad ¿en qué esta? En que soy hija de un Dios, de un Padre que es todopoderoso. Entonces, siendo mi Padre todopoderoso, ¿qué más da que yo sea una inútil total? No me causa ningún problema. Otra cosa es que, aunque yo sea una inútil total, quiero seguir jugando, yo quiero seguir haciendo las cosas… Y si no puedo, doy el tostón porque tengo un Padre que todo lo puede.

Eso, que parece una estupidez, es la cima más alta a la que se puede llegar, de madurez humana y cristiana, y de santidad. Y tiene fundamento por lo que os he dicho antes: “De los que son como ellos es el Reino”, y “Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino”. Así de claro lo dice Jesús. No es una cosa que es conveniente o recomendable. No. Es que, si no sois como uno de estos pequeñitos, lo tenéis negro para entrar. De los que son como ellos es el Reino, de los que tienen el corazón como ellos es el Reino.

No tenemos más que mirar a los santos. Los santos de verdad, cuanto más cerca han estado de Dios, cuanto más han avanzado en el camino a la santidad, más sencillos, más simples… en el mejor sentido de la palabra, simples. Más bienaventurados, porque son limpios de corazón, son pobres de espíritu, son sencillos.IMG-20180814-WA0119.jpg

Cuando uno de verdad llega a esa sencillez, esa limpieza de corazón, las pasiones humanas se van serenando, porque Dios nos descomplica y nos hace niños. Cualquier artificio, lo que es complicado, Él lo allana y lo vuelve sencillo. Dios nos pacifica porque nos hace simples, porque nos hace sencillos.

Y esto nos lleva a un conocimiento perfecto de Dios. Porque dice Jesús: ¿en qué consiste la vida eterna? “En que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que has enviado, a Jesucristo”. En realidad la vida eterna consiste en que conozcamos a Dios, que es lo único que de verdad importa. Conocer al Padre.

A Dios se le conoce desde la vivencia: es necesario que yo viva a Dios como Padre, que conozca a Dios como Padre, porque ese es el Dios verdadero. Y solamente le puedo conocer si logro -esto es parte nuestra, tenemos que responder a esa gracia, por eso digo, parte es de Él y parte es correspondencia nuestra- tener una experiencia íntima, interior, personal e intransferible de este Padre. Es que yo ya no necesito que me contéis como es Dios Padre, yo ya le conozco. Me puedes contar cómo le percibes tú, qué vivencia has tenido, pero, aunque no me lo cuentes… no pasa nada, porque yo ya le conozco. No necesito que nadie me convenza. No necesito que nadie me lo explique. No necesito que nadie me de ese testimonio, porque Dios mismo se me ha mostrado. Yo le conozco, yo puedo dar testimonio, porque yo he tenido esa experiencia y sé quién es mi Padre. Sé de quién estoy hablando.

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