Todo puede ser entregado al Amor

En este espíritu de abandono, en esta situación que os acabo de intentar describir, se vive de una manera ejemplar el amor y la caridad unas con otras. Este retorno perpetuo a Dios, este estar continuamente vueltos a Dios es el que nos permite practicar la perfección. Si eres amable y sonriente es porque todo amor viene de Dios. No podemos dar nada que no tenemos y no tenemos nada. Todo lo que yo puedo dar de amor es porque lo recibo de Dios. Si puedo ser cariñosa, si puedo ser atenta, si puedo ser amable, si puedo sonreír… es porque viene de Dios, porque yo por mi misma no puedo nada.

El abandono nos permite incesantemente sacar de esta fuente de agua viva que es el amor de Dios, fuerzas, amor… agua viva en definitiva, para el servicio de los hermanos. Tenemos que ir continuamente a ese pozo, a ese manantial, y obtener el agua, porque nosotras por nosotras mismas no podemos.  Y con esa agua saciamos la sed de todos los que están alrededor.

Cuando Teresita se sacrifica por sus hermanas siempre lo hace pensando en las almas, en la cantidad de almas que tienen necesidad de salvación, y teniendo siempre muy presente la cantidad de cargas, la cantidad de seres, la cantidad de IMG-20180815-WA0038.jpegpecados, la cantidad de dolor… la cantidad de necesidades que hay en la Iglesia. Ella de ahí saca la fuerza para vivir esa caridad fraterna que muchas veces es heroica. Pensemos en el bien que se proporciona a tantas almas.

El movimiento de abandono resume el pensamiento de Teresita y contiene en sí todas sus aspiraciones. Es el complemento y la consecuencia -ya lo he dicho anteriormente- del Acto de Ofrenda. No hay tarea alguna, ni disposición que no pueda ser remitida a Dios. No hay sufrimiento ni estado psicológico alguno de que el alma no pueda desprenderse confiándoselo a Dios.

Hay veces que ves gente tan centrada en sí misma que no la puedes sacar de ahí. Y cuando le dices que intente practicar esto, que intente vivir el abandono a veces se quejan y te dicen: “si es que es imposible… tú no sabes en qué estado estoy”. Da igual el estado en que estés… siempre puede ser ofrecido al amor y siempre se puede abandonar en Dios.

No hay ningún pesar, ningún sufrimiento -por duro que pueda ser- que no se pueda abandonar en Dios. Todo se puede entregar al abandono. Todo puede ser transformado en amor. Desde la situación más difícil, pasando por la situación más absurda, incluyendo también la situación más dolorosa: todo puede ser entregado al amor.

Hasta las enfermedades psíquicas profundas pueden ser entregadas al amor. No es difícil esto. No hace falta hacer nada. Cualquier enfermo psíquico, con tal de querer, en los momentos en que pueda tener cierta capacidad de decisión, aunque sea relativa, porque siempre en un enfermo psíquico la capacidad de decisión puede estar mermada, solo un poquitín, aunque sea rapidito: “Quiero”. No tenemos que dudar de que va a ser tomado. Más que entregar -porque no tienen capacidad de entregar- creamos que su situación, su dolor, va a ser tomado, va a ser asumido por Jesús.

¿Por qué digo esto? Porque Él no ha venido a otra cosa. No ha venido a buscar a los sanos sino a los enfermos. Y si hay alguien que desea sanar y llener de sentido y de amor todo este dolor, es Jesús: que le sea entregado para que Él lo sane, a veces no como nosotros querríamos ver la sanación, pero que lo sane desde su Interior, haciéndolo suyo y cargándolo sobre Sí. Lo cual no significa que lo quite. Esa es otra cosa que no entendemos.

– Pues si tengo esta enfermedad, que me la quiten, que me curen.

Hay que ver qué es curar para nosotros y qué es curar para Dios. Es que el lenguaje de Dios a veces no coincide con el nuestro. Para nosotros curar significa que acabes como una rosa, que vayas al médico y te diga que ha desaparecido todo lo que te pasaba -sea físico, o sea psíquico- y que ya no hace falta nada más y que ya no hay que volver al médico y que te den el alta definitiva… así es como lo entendemos nosotros.

Dios no siempre cura así. A veces cura como nosotros queremos ser curados, nos concede ese capricho; pero normalmente… Dios cura interiormente. Cura de modo que la enfermedad, la cruz estaIMG-20180810-WA0048.jpg -que es un obstáculo y un impedimento y que te cae mal y te está fastidiando la vida- pues ya es una gran cura que dejes de verla como una enemiga y que la asumas como parte de tu vida. Esa es la mayor cura. Porque entonces la maldición se convierte en bendición, lo que era un obstáculo se convierte en una palanca para saltar y se cambia totalmente.

Esas curaciones son las más importantes. De ser un rollo y un lastre, la cruz acaba siendo una pértiga con la que saltar muy alto. Dios te puede hacer amar tu cruz, amar tu enfermedad, sentirte privilegiado en ella… y desear la suerte que te ha tocado. Esa es la manera que Dios tiene de curar. La cura profunda y verdadera que muchas veces no entendemos y que requiere un tiempo y un proceso. También depende… si uno se deja curar es más rápido y si uno sigue haciendo el bruto y no dejándose curar… pues Dios tiene que respetar los ritmos que nosotros marcamos.

Un comentario en “Todo puede ser entregado al Amor

  1. “Este retorno perpetuo a Dios”No me ha traído más que cosas buenas.En mi caso con alguna laguna,pero en esencia EL conduce mi vida.A lo largo del día LE tengo presente,tanto en lo bueno como en lo malo.Cuanta paz siento al saber que EL está aquí,conmigo siempre.Gracias Madre por sus palabras,para mí es una inmensa alegría tenerla aquí todos los días.Un abrazo.❤️

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