Una estrategia para una victoria segura

Después de sumergirnos en la realidad, y de tirarnos de cabeza a la piscina, y tragarnos eso que nos crispa, después de zambullirnos en el agua y de la primera impresión ya Teresita vuelve y lo analiza con calma. A ver, qué es lo que de IMG-20180717-WA0005.jpgverdad pasa, porque a veces también nos ponemos histéricos con cosas que no son tan graves como al principio nos parecen. Esto sucede con mucha frecuencia. Y cuando se trata de analizar el problema… en eso ella también es cautelosa, como en todo, en los primeros ensayos se conforma con una ojeada rápida del problema, el que sea, y tras la ojeada rápida te precipitas inmediatamente en los brazos del que va a vencer.

Porque pasa lo siguiente: estudiarse, analizarse, comerse la cabeza, insistir en uno mismo, en el problema, en el sufrimiento que esto te causa, etc., es dar vueltas y vueltas en torno a sí mismo. Es cansino, acaba uno totalmente mareado, y la consecuencia no va a ser nunca buena. Lo mínimo malo que nos puede pasar es desalentarnos: “Yo no puedo con esto”. Miro: “Uuuh, qué complicado es esto”.

Pum, le paso la pelota -se la puedo pasar- no a cualquier desgraciado sino a Dios Nuestro Señor, que este sí que lo puede arreglar, yo hago se lo lanzo y ya: “¡Qué alivio! Apáñate que para eso eres Dios”.

Y además… a Dios sí que le puedo decir eso sin faltar a la caridad: “Es tu problema”. Al de al lado no. Cuando decimos al de al lado: “Es tu problema” faltamos a la caridad siempre, siempre; aunque sea su problema de verdad, no se le puede decir. Pero cuando se lo dices a Dios haces una cosa estupenda -fijaos lo que es cambiar de interlocutor, cambiar de destinatario-. Tú a Dios le dices: “Es tú problema” y oye, perfecto, has dado en el clavo. Genial. ¿Por qué? Porque efectivamente es su problema y… si es suyo ya no es mío, y si no es mío… ¡Qué a gusto me he quedado!

A veces te encuentras a gente hundida y naufragando. Pero… ¿por qué, si no hay tormenta? ¿Por qué naufragan? Porque en un dedal han creado su propia tormenta, su propia tempestad.

Esto es un oasis, esta familia es estupenda, no hay problemas, esta comunidad es maravillosa, hay muchísima unión, todas las hermanas se quieren… Entonces esta hermana… ¿por qué está aquí de náufrago? Medio ahogándose. Si no hay tormentas, si no hay problemas… Ya: pero es que ella se ha montado en su propio dedal una ‘pedazo’ tempestad en las que lleva ahogándose ocho días.

Por eso, en cuanto hay una pequeña brisa que se puede convertir en huracán, se le remite a Dios la pelota y se le dice: “Es tu problema”. Y se queda uno tan tranquilo, porque si es suyo… ya no es mío. Todo lo de Dios es mío, menos mis problemas, que son sólo suyos. Esto es importante.

Y es que a Él no le afecta, a mí me mata, a mí me tumba; y Él, por aquello de que es Dios se queda tan tranquilo, tan fresco, tan “oreao”. Y encantado de que no tengas ningún problema: agradece que se los pases.

Cerrado este inciso y volviendo a Teresita, insisto en que el propio sufrimiento solamente nos conduce al desaliento, a desanimarnos del todo y decir que no podemos nada. Y, muchas veces, dice Teresita, no vamos sino después de mucho deliberar. Dudamos en sacrificar nuestros propios intereses materiales y espirituales, y así no es el amor. El amor es ciego y nos cuesta entender eso.

Cuando Teresita le recomienda a su hermana Celina, sor Genoveva, que renueve sus proezas de niña. Le dice a Celina: “¿Te acuerdas cuando pasabas por debajo de caballo?” Era pequeñita, había un caballo y -difícilmente un niño pequeño pasa por encima de un caballo- perIMG-20180605-WA0069.jpgo por debajo sí que pasa. Si el caballo está quieto el niño se agacha un poquito y fácilmente pasa por debajo del caballo. Y Celina, que era intrépida lo hacía, se metía por debajo de las cuatro patas del caballo y pasaba e iba y venía.

Y le dice: “¿Te acuerdas cuando pasabas por debajo del caballo?” Pasar por debajo de los asuntos, sin mirarlos muy de cerca y razonarlos… Pasa por debajo de tu caballo, pero no intentes montarlo ni pasar por encima. Pasa por debajo del caballo. Si algo se cruza en medio de tu camino, pasa por debajo del caballo.

“No hay que dejarse hipnotizar por el adversario”. Y si le miras mucho a los ojos te pasa como a la serpiente aquella del Libro de la Selva: te hipnotiza y se acabó. La voluntad se pierde, deja de existir, dejas de ser persona. No dejarse hipnotizar por el adversario que trata de llevarnos a su terreno. No entrar al trapo, que se dice ahora. De ninguna de las maneras. Se trata de desentenderse de él lo antes posible. El refrán castellano: “No hay mejor desprecio que no hacer aprecio”. Ni caso. Me da igual. Paso de ti, no me pienso enfrentar y mucho menos dedicarme a contemplarte.

Un comentario en “Una estrategia para una victoria segura

  1. Buen día madre Olga. Entiendo que con Dios a mi lado podre resolver mejor todo lo que se me presenta te y sin el nada.
    El vier., 20 de julio de 2018 12:23 AM, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: “Después de sumergirnos en la realidad, y de > tirarnos de cabeza a la piscina, y tragarnos eso que nos crispa, después de > zambullirnos en el agua y de la primera impresión ya Teresita vuelve y lo > analiza con calma. A ver, qué es lo que de verdad pasa, porqu” >

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