Aprendiendo y practicando

Si la vida fuera así de fácil… sería fenomenal, pero la vida no es así de fácil. Ante una contrariedad, normalmente, nadie reacciona de buenas a primeras aunque le cuentes todo esto, haciendo actos de abandono. No. Sigue metiendo la pata como hasta ahora, lo que pasa que sabe unas cosas más, y el tener una serie de nociones nuevas, y de enfoques nuevos eso no significa que vamos a dejar de meter la pata ya. Entonces sería la panacea, y no es así. Somos conscientes de un camino nuevo, pero hay que aprender a caminar.

La siguiente tentación es desesperarnos y hacer una especie de melodrama para decir qué mala soy. Mira, decir: “qué mala soy” es una pérdida de tiempo estúpida que no conduce a nada. IMG-20180628-WA0042.jpgEres la que eres delante de Dios, ni buena, ni mala, ni regular… eres como eres, y en nuestro caso, en el caso de las monjas que vivimos además en un ámbito cerrado, ya nos conocemos todas y… ¿te enteras ahora de que eres así? Las demás lo sabemos hace la tira de tiempo.

¿Te has enterado ya? Pues… ¡enhorabuena! Por fín te has enterado de algo que era conveniente que supieras. Pero no es para desesperarse, el problema de esto es que, al final, desplazamos el centro de atención hacia nosotros mismos. La cosa es ser el centro… aunque sea en lo malos que somos. Y no: estamos diciendo que –precisamente- lo nuestro queda postpuesto y el que importa es el que importa. El importante es Dios aun cuando hagamos algo mal; lo grande es que, cuando nosotras la estamos liando, Él nos está cuidando, Él nos está sosteniendo para no caer más abajo todavía, para que el golpe sea lo menos estrepitoso posible. Aun en nuestro mal, el importante siempre es Dios. Y eso no se nos puede olvidar.

Y Teresita sabe -esto lo ha experimentado ella en persona- lo difícil que es a veces intentar reaccionar, porque ella conocía el movimiento de abandono, ella comprendía… pero reconoce que le costó mucho llegarlo a vivir de una manera fluida. Fue un largo aprendizaje hasta que se convirtió en algo habitual, que le salía espontáneamente.

Como cualquiera de nosotros, ella se lo tenía que pensar, lo tenía que recapacitar: primer tiempo tal cosa, segundo tiempo tal otra, y ahora ya el tercer tiempo… y ya: parece que ya me he abandonado. Pero el proceso a vivir lo tenía que marcar porque no le salía espontáneamente. Llegó un momento en que llegó a ser connatural a ella. Pero para eso se necesita muchísima práctica.

Cuando un niño empieza a caminar va como un pato y muerto de miedo y pensando: “Quiero ir ahí y tengo que mover un pie y luego tengo que mover el otro…” Y así empezamos a caminar. Y ya no te cuento al subir y bajar la escalera. Pero llega un momento en que eso lo hacemos de manera espontánea, sin pensar, si cuando vamos a bajar o vamos a subir un escalón no tengo que pensar: “Tengo que echar un pie y luego tengo que levantar el otro”. Llega un momento en que te sale solo, se automatiza. ¿Por qué sale con fluidez y sin pensar? Porque lo hacemos tantas veces que ya sale de una manera connatural, forma parte de nosotros mismos. Pero primero requiere un aprendizaje.

Pues el movimiento de abandono sucede lo mismo. Tiene unos tiempos, tiene unos tiempos que vamos a ver a continuación, pero para que salgan de manera fluida, fácil… hay que trabajar mucho. Es un camino fácil en el sentido de que es un camino que es asequible a todo el mundo: todo el mundo puede caminar por ahí. Pero no es fácil porque sea comodón. No es facilón. No es para vagos.IMG-20180628-WA0052.jpg

Ese es el problema: que los vagos, no sé qué lugar tienen en la Iglesia, lo tienen difícil, pero este no es, este es de gente que tiene que trabajar y tiene que esforzarse. Yo creo que estoy cayendo en la cuenta de que los vagos no tienen ningún sitio, porque dice el Señor que el Reino de los Cielos es de los esforzados… o sea, que los vagos entran en el Reino de los Cielos malamente. A lo mejor, por la misericordia de Dios, acaban colándose, pero… así como un lugar específico… no tienen.

Un ejemplo muy revelador, muy sencillo, pero muy de todos los días, que nos pasa a todos. Dice Teresita:

Una noche, después de completas, busqué en vano mi lamparita en las tablas reservadas a este uso” No había luz eléctrica y entonces cada monja, por lo visto, tenía su lámpara con su número, en unas tablas, en unas estanterías donde las iban a recoger, cuando era hora de usarlas. “Nos hallábamos en el gran silencio -después de las completas- y era imposible reclamarla. No podía ir a pedirla. Comprendí que alguna hermana, creyendo ser su lámpara, había cogido la mía, de la que yo tenía en ese momento suma necesidad. En lugar de sentir tristeza por verme privada de ella, me vi gozosa, sintiendo que la pobreza consiste en verse privada no solo de las cosas agradables, sino también de las cosas indispensables. Y también, de las tinieblas exteriores fui iluminada interiormente”. Pues una cosa muy sencilla, es una tontería que a todos nos puede pasar, que ella resuelve de la manera más sencilla. Pero no siempre ha reaccionado así.

Ella cuenta en “Historia de un Alma” unos episodios en que las cosas le costaban y se impacientaba, pero… ¿qué es lo que pasa? Pues el movimiento de abandono: ve lo que pasa, acepta lo que pasa y lo ofrece a Dios. El primer fruto inmediato es la paz, porque otra se pondría verde y amarilla y de todos los colores y por lo pronto empezaría a lanzar improperios interiores, como pensar que la “mendruga” que se ha llevado la lámpara, en qué estaría pensando, es tonta del bote y nunca se entera de lo que hace.

Esto es como muy normal, y entonces perdemos cantidad de tiempo y de energías en poner verde a alguien que a lo mejor no se la ha llevado. Pero bueno… Eso como mínimo… si no sales de allí echa una furia…

Y la que se ha llevado la lámpara… bueno, sIMG-20180420-WA0067.jpge la ha llevado sin querer, pues estará tan tranquila y tan ajena a la necesidad de la hermana que ha dejado a oscuras…  ¡bendito sea Dios! Necesitaba la lámpara y no ha reparado en más.

Si vivo abandonada y soy pequeña, se lo ofrezco a Dios en paz porque soy pobre y me quedo tranquila, y de algo que podía haber dado lugar a un melodrama interior pues hago una ofrenda, una prueba más de santidad, un acto de virtud, algo bueno, positivo, que acarrea y redunda en bien para todos.

Este incidente nos señala una actitud -lo que acabo de decir- lo que sería la reacción natural y lo que es la actitud de un alma entregada. Imaginad, además, si no hay vida interior y proyección sobrenatural, durante una hora a oscuras, al no tener lámpara, sin poder ver nada… imaginad el espacio que tiene la cabeza para darle vueltas al asunto y montar una película trágica. Porque no podía entretenerse con nada ya que no tenía una luz, y sin embargo… ella fue iluminada interiormente. Teresita con gran madurez reduce el drama -esto es un síntoma de gran madurez- a sus justas proporciones: “No, si al final aquí no ha pasado nada. Que se han llevado mi lámpara y además sin querer, despistadamente, sin mala voluntad.”

Y se deja invadir por la gracia que la purifica y la ilumina y la consuela, y lo que es algo que -de suyo- es molesto acaba por convertirse en algo agradable que produce risa, alegría, contento… El movimiento de abandono transforma la vida: lo que puede ser un problemón acaba siendo un motivo de agradecimiento y de gozo.

Reducir las cosas a sus justas proporciones y no dar lugar a tempestades en vasos de agua. Hay veces que hacemos una tempestad en un vaso de agua. Preparamos un drama impresionante por una cosa que -fríamente analizada- es una estupidez. Pero somos así… El ser humano, en concreto nuestro egoísmo, tiende a eso. Y es un síntoma de gran madurez ver la vida como es en realidad, dejando toda subjetividad, dejando la impresión propia para decir: si es que, de verdad, lo único que está pasando es esto y restarle importancia.

La caridad de Teresita en este ejemplo de la lámpara y su obediencia -que es una cosa muy importante- la entregan solamente, la empujan solamente a la acción de Dios. No es una tontería. Ella fue lo primero caritativa, y segundo obediente. Porque cualquier monja -esto a las monjas IMG-20180401-WA0068.jpgse nos da requetebien- hubiera dicho: “No se puede hablar, pero necesito la lámpara, aunque sea por señas o haciendo el pino… yo se la pido”

Ella no, ella dice: “No es hora de hablar, no es hora de comunicarse, entonces yo me recojo interiormente en paz, puesto que Dios ha permitido que no tenga lámpara, y soy fiel. Obedezco.” La obediencia, lo primero que nos trae, el primer fruto, el inmediato, es la paz.

Y lo segundo, la luz interior. El lema del papa Juan XXIII, el lema de su pontificado, de su escudo episcopal que mantuvo siendo papa, es “Obediencia y paz”. Obedeciendo se tiene paz siempre. Ella obedece. No hay que comunicarse, no hay que hablar, pues no hablo. Y disculpa. No condena ni murmura interiormente contra la hermana. Es caritativa y es obediente. Y eso la lleva a la paz. La lleva a la santidad y a la luz interior. A sentirse interiormente confortada y consolada por ser pobre.

 

3 comentarios en “Aprendiendo y practicando

  1. Buenas tardes madre Olga. El servir a los demás es algo en lo que debo trabajar.
    El lun., 2 de julio de 2018 12:39 PM, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: “Si la vida fuera así de fácil… sería fenomenal, > pero la vida no es así de fácil. Ante una contrariedad, normalmente, nadie > reacciona de buenas a primeras aunque le cuentes todo esto, haciendo actos > de abandono. No. Sigue metiendo la pata como hasta ahora,” >

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  2. ¿te enteras ahora de que eres así? Las demás lo sabemos hace la tira de tiempo.
    ¿Te has enterado ya? Pues… ¡enhorabuena! Por fín te has enterado de algo que era conveniente que supieras.
    esta frase me ha encantado. por poco me parto de risa……. aquí, entre nosotros, también pasa, se puede decir que todos los días y a todas las horas. me consuela saber que pase en el convento, igual no nos diferenciamos tanto.
    mi abrazo correspondiente.

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  3. Desde que leo sus escritos , escucho sus audios,o la escucho en persona,la verdad es que me reboto bastante menos.por cosas de poca importancia,pasan y ya,ni vuelvo a pensar en ellas.Ahora alguna que otra,le doy vueltas y vueltas,hasta que se va enfriando y por consiguiente,olvidando. Nunca antes tuve esta sensación de “sed” Estaba en mi Parroquia,con mis cosas y ya.Ahora cada vez quiero más y más.No sé,es como cuando empiezas un libro y es tan interesante,que te cuesta dejarlo para hacer las tareas.Gracias M.Olga.💟💟💟

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