PREPARANDONOS PARA LA OFRENDA

Hasta aquí hemos ido caminando, caminando, preparándonos, comprendiendo y empezando a practicar una serie de disposiciones interiores, y hemos llegado a esa encrucijada en que hay que tomar una decisión de entregarse o no entregarse al amor.

Hemos conocido las exigencias de la vida evangélica, hemos ido viendo como la fe en el amor es el fundamento de todo este camino, hemos ido viendo, también, cómo es el amor que Teresa nos presenta, el amor en que Teresita cree y que nos muestra y enseña, hemos escuchado sus consejos sobre la mirada de fe en el amor, y sobre cómo podemos y debemos transformarlo todo en amor… y con todas esIMG-20180602-WA0131.jpgtas premisas, ya hemos llegado al punto en el que hay que decidir si nos entregamos al amor o no nos entregamos al amor.

Sinceramente, y con todos los respetos, llegar a este punto y no entregarse al amor es de tontos con mayúscula.

No tiene ningún objeto llegar aquí, y darnos la media vuelta para llegar donde estábamos al principio. La libertad humana es la libertad humana, y hay que respetar al que decida hacerlo así, pero vamos… de pocas luces, desde luego.

Pudiendo apropiarse del mismo amor de Dios y dejar pasar la ocasión… pues es de tontos, pero cabe esa posibilidad. Aunque yo parto de la base de que todos los que hemos llegado hasta aquí, es porque queremos seguir caminando y entonces llega el momento en que hay que ofrecerse al amor.

Es como si estuviéramos escalando y hubiéramos llegado a la cima, que es la ofrenda de amor, y luego ya… tenemos el descenso, porque esa ofrenda de amor nos va a dar lugar a una vida nueva, a un corazón nuevo y sobre todo a la práctica de algo impresionante y maravilloso, que es lo mejor que hay y que cambia la vida del todo, que es el abandono.

Y entonces, ¿en qué consiste esta ofrenda, qué trascendencia tiene, qué pasa?

Sobre la ofrenda al amor misericordioso hay muchísimos mitos. El peor de todos es este: la ofrenda, tal como Teresita la formula, dice en su enunciado: “Ofrenda de mí misma como víctima de holocausto al Amor misericorIMG-20180602-WA0129.jpgdioso”. Ahora, los que siguen el caminito en el siglo XXI, los más modernos, lo han dejado en “ofrenda al Amor misericordioso”, y evitan las dos palabras más polémicas del enunciado y queda así, cortito, en plan light, lo han descafeinado.

No pasa nada, porque “víctima de holocausto”, ya no, que suena a una cosa muy trágica, muy cruenta… sabe Dios lo que a uno le puede pasar y… no, no. Ofrenda al amor… ¡vale! pero de víctima y holocausto… nada. No estamos aquí ahora para estas cosas. Sabe Dios lo que a una le puede pasar. Contestación: Si lo sabe Dios, pues tranquilos. Si lo sabe Dios, fenomenal. Nada malo nos puede pasar. Pero somos incoherentes hasta en nuestras objeciones.

La ofrenda al amor misericordioso no significa para nada ofrecerse a algo trágico. No tiene nada que ver ni con la tragedia ni con el sufrimiento. La ofrenda al amor misericordioso, aunque sea como víctima de holocausto al amor misericordioso, no significa nada más que ofrecerse una persona, un alma, a Dios Nuestro Señor, para recibir todo el amor que Él está deseando dar. No es nada más. Otra cosa es cómo luego eso se traduzca en la vida, en los hechos, en circunstancias… Pueden pasar muchas cosas, pero es importante aclarar que el ofrecimiento no tiene nada que ver con tragedias ni con ninguna carnicería, que lo del holocausto nos suena a las vacas y a los terneros, y los degüellan, los desangran y luego los queman…

Sacrificios y holocaustos

A ver: el holocausto -esto es muy importante también entenderlo bien, de cara a la ofrenda y de cara también a la vida espiritual- consiste en lo siguiente: en el Antiguo Testamento habían dos maneras de ofrecer dones y sacrificios a Dios: los sacrificios, propiamente, las ofrendas, y los holocaustos. Como sabéis, los sacrificios los ofrecían los levitas, los de la casta sacerdotal, los que tenían ese oficio, y se le ofrecía a Dios, normalmente, una res.

Pero la diferencia entre el sacrificio y el holocausto era la siguiente: como os digo se ofrecían eran reses, solían ser de las mejores que había en los establos, eran para Dios. Cuando era un sacrificio, los sacerdotes después de matar al animal, de ofrecerlo y de hacer las oraciones, y demás, aprovechaban la carne para comerla. Cuando era un holocausto no se aprovechaba nada, se incineraba todo. Se quemaba absolutamente todo de la víctima y no quedaba absolutamente nada.

¿Por qué? Porque el holocausto quería significar la supremacía de Dios. Dios es el primero, el único, el sólo necesario. El hecho de ofrecer los mejores dones sin ningún otro provecho, en honor de Dios, dejaba patente la supremacía de Dios, la grandeza de Dios, la inmensidad de Dios, que merece que se le ofrezcan los mejores dones sin ninguna otra utilidad que la de ofrecérselo: Dios es Dios, y eso basta. Es razón suficiente. Y el hecho de inmolar de esa manera esa víctima dejaba clara la supremacía de Dios sobre todo lo demás.

Cuando Teresita habla de ofrecerse al amor, habla de un holocausto. O sea, de una entrega absoluta de nosotros mismos sin buscar utilidad alguna. Dejando patente y evidente que nuestra vida entera, ofrecida en amor, como holocausto a Dios, sin ninguna otra utilidad, tiene sentido, es válida; porque deja claro y hace patente que Dios es Dios y merece quIMG-20180603-WA0069.jpge le ofrezcamos cualquier don, incluso nuestra propia vida. No me refiero sólo a la vida material, a la vida física, sino a todo el transcurrir de nuestra vida, todo el sentir de nuestra vida, sin ninguna razón, sin ninguna utilidad. Es de Dios, le pertenece y a mí eso me basta. Esto es muy importante.

Uno de los escollos más grandes con que nos tenemos que topar siempre las monjas de vida contemplativa es ese: “No hacen nada, no sirven para nada, qué desperdicio, con todo lo que hay que hacer ahí fuera, qué pérdida de tiempo, qué absurdo, qué inútil…” Eso es algo que se nos repite con cierta frecuencia. Nosotras lo hemos oído.

Bien… pues nuestra vida aquí, sin “hacer” nada y sin que IMG-20180601-WA0003.jpg“sirva” para nada útil, patentiza la supremacía de Dios, la grandeza de Dios, que es tan sumamente grande, tan sumamente inmenso, que merece que yo le ofrezca toda mi vida sin que sirva para nada. Dios es Dios y basta.

 

Yo me entrego a mí misma, entrego lo que soy: es el mayor don que tengo, no tengo otra cosa más que mi propia vida, lo más preciado, y se la entrego a Dios sin ninguna utilidad aparente, sin ningún fin práctico, porque Dios es Dios y basta que Él lo sea para ofrecerle los mejores dones.

Y a cambio de nada: nuestra recompensa es el hecho de ser de Él, nos compensa de todo. No necesitamos ningún premio más.

 

3 comentarios en “PREPARANDONOS PARA LA OFRENDA

  1. yo, como leo casi todos sus comentarios, puedo decir que he ido siguiendo el caminito, ahora quiero llegar hasta el final y aunque sea en mi propia casa, acepto el holocausto, la ofrenda final sin mas, como usted dice, por puro amor de Dios, sin ninguna otra utilidad. La utilidad es esa Dios y nada más, puede haber utilidad mejor?.

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  2. Buenas tardes Madre Olga .Al único que debemos agradar es a Dios.pues la gente siempre hablara mal o bien.
    El dom., 3 de junio de 2018 03:15 AM, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: “Hasta aquí hemos ido caminando, caminando, > preparándonos, comprendiendo y empezando a practicar una serie de > disposiciones interiores, y hemos llegado a esa encrucijada en que hay que > tomar una decisión de entregarse o no entregarse al amor. Hemos conocid” >

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