Los engaños de la sensibilidad

Lo sensible no sirve para nada. Volvemos otra vez a la eterna cuestión: capítulo tropecientos mil de la sensibilidad, los sentimientos, la voluntad, etc. Pero, cuando todo en tu sensibilidad está en contra y amenaza con aplastarte, porque sensiblemente se experimenta el sinsentido, el vacío, la tristeza, el desaliento, el cansancio, el agobio, la angustia… pues en ese caso la sensibilidad no ayuda nada, y entorpece todo.

Entonces, en ese momento terrible ¿qué hay que hacer? Nuestra voluntad es libre, y tenemos que fijarla por encima de todas esas impresiones sensibles que están ahí, que son reales, pero efímeras y pasajeras; son reales en mi estado de ánimo, realmente me siento así, pero que yo me sienta así no quiere decir que eso que sienta sea la verdad. Es mi sentimiento. IMG-20180131-WA0011.jpgY ahí no me puedo apoyar. A eso no tengo que darle credibilidad.

En lo único que me tengo que apoyar y a lo único que tengo que dar fe es al amor que Dios me tiene, me sienta yo como me sienta: si me siento pletórica, qué alegría, ¡estupendo! Pero si me siento fatal, y lo siguiente a fatal, se prescinde de ese sentimiento, y -por encima de la experiencia sensible- me agarro a la fe y fijo mi espíritu y mi voluntad ahí, en lo que creo: en el amor de Dios que nunca falla, que es absoluto e inconmovible.

Ahí me instalo, ahí me coloco y dejo mis impresiones sensibles fuera, al margen, las ignoro, paso de ellas… están ahí pero paso de ellas, no hago caso. Me molestan, como me puede molestar un dolor de cabeza, pero el dolor de cabeza no me quita la fe. Me duela la cabeza, o no me duela la cabeza, yo creo en el amor de Dios. Me sienta triste o me sienta alegre, yo creo en el amor de Dios… Pues es lo mismo: una es sensibilidad física y fisiológica, un dolor de cabeza, y la otra una sensibilidad afectiva, emocional. Se prescinde de una sensibilidad y de otra. La sensibilidad es algo subjetivo, que está en mí, que existe, e incluso objetivo: el dolor de cabeza. Pero es algo mío, de mi persona. Pero la verdad está muy por encima de mí y de mi persona. Y ahí es donde yo voy a fijar mi voluntad, mi alma, mi corazón: en lo que creo.

IMG-20180513-WA0288.jpgLa fe de las hermanas y de los principiantes, que otras veces se apoyaban en lo que habían experimentado en el amor de Dios, en adelante sólo deba apoyarse en lo que saben de Él, en lo que conocen de Él; no en lo que experimenten de Él, sino en lo que conocen de Él. Teresita sostendrá con su inquebrantable certeza todo el edificio espiritual que Dios comienza a elevar en las almas.

Las gracias pasadas pueden ayudar a las novicias a conservar su confianza, pero la aridez presente no debe quebrantarlas, por lo que os acabo de decir. La aridez presente es algo que está ahí, pero no es la verdad en la que yo creo, no es el fundamento de mi vida. Es algo que está ahí y que me influye, que molesta, que padezco… pero no es el fundamento de mi vida. El fundamento de mi vida es sobre lo que edifico, en lo que yo creo: el amor de Dios, independientemente de la aridez o de cualquier otro sentimiento.

Teresita -otra vez emerge con fuerza la hija de san Juan de la Cruz- quiere que nos sirvamos de esta prueba que estamos experimentando, que estamos atravesando, para llegar a una fe que no tenga necesidad de sentir nada. Y formula: “Amemos nuestra pequeñez, amemos no sentir nada”. Quiere llevarnos a una fe por encima de toda sensibilidad, una fe inquebrantable que no necesite sentir. Y dice: “entra en el espíritu del caminito no desear ver nada, prefiero vivir de fe”.

Esto para nosotros es dificilísimo, porque queremos sentir todo, saber, todo, experimentar todo, probar todo… y en el mundo actual más. Vivimos en el mundo de lo sensible, de lo tangible, de lo experimentable, de hecho hay gente sumamente tonta, y perdonad que lo diga así, que se dedica a probar todo. Y  se meten en veinticuatro mil berenjenales, porque tienen que probar todo y experimentar todo.

Y todo lo que tiene que ver con la sensibilidad es profundamente efímero e inestable. Las impresiones sensibles van y vienen. Y duran lo que duran… Si yo acaricio el terciopelo estoy experimentando la fruición, el gozo, el placer de sentir ese tejido, mientras estoy tocándolo. En el punto y hora en que dejo de tocarlo, no queda ninguna impresión, se acaba. Lo mismo con un aroma, y lo mismo con cualquier cosa, con cualquier sabor, todo depende del momento, después se pasa. Es efímero.photo.jpg

Por eso la fe está muy por encima de lo sensible. Porque todo lo sensible es pasajero, no es sólido, no es firme, no tiene trascendencia ni perspectiva de eternidad. Lo sensible no tiene perspectiva de eternidad nunca. La sensibilidad es una cosa bastante engañosa.

Por eso el demonio, que es mentiroso y padre de la mentira se sirve tanto de nuestra sensibilidad para tentarnos y sobre todo para engañarnos. Muchas de las cosas que nos abruman y con las que el demonio nos tienta, vienen por la vía sensibilidad: “es que siento no sé qué, es que no siento el no sé qué… es que me parece…”

Porque la imaginación también entra en juego; y también las impresiones de la imaginación son muy pasajeras. No solamente hay que prestar atención los sentidos corporales sino también los sentidos internos, y la imaginación es uno de los sentidos internos, que peores pasadas nos juega. Y Teresita quiere que -por encima de todas esas impresiones sensibles- nos situemos en la verdad de Dios, que es su amor inquebrantable. Ella quiere convencernos de que, después de haber recibido tantas gracias, tantos regalos, debemos vivir muy seguros en su amor y no exigirle más pruebas sensibles para complacernos en los consuelos de Dios más que en Dios mismo. Muchas veces nos quedamos en la parte sensible, en los consuelos, más que en la sustancia de la vida espiritual.alegría

Y también afirma ella: “Es tan dulce sentir a Dios en la noche y en la prueba. No tenemos más que esta vida para vivir de fe”. Después ya no va a ser necesaria la fe, cuando tengamos la visión cara a cara del Señor; la fe tiene sentido en esta vida, no después. Y la esperanza tampoco, ya lo decía san Pablo, que al final sólo va a quedar el amor, porque la fe y la esperanza tienen razón de ser mientras peregrinemos en esta vida, luego ya no.

Hay que creer en Dios mismo, desear a Dios por Él mismo, sin detenernos en nada que sea inferior a Él, nada que sea menos que Él.

Un comentario en “Los engaños de la sensibilidad

  1. Buenas tardes madre.la sensibilidad entiendo yo que nos ayuda a acercarnos a Dios y nos da fuerza.,es la que nos hace ser humildes y ser personas.Si estoy en lo correcto aciertame y di no ensrñame como debe ser.Gracias madre.Bonita tarde.
    El jue., 17 de mayo de 2018 05:05 PM, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: “Lo sensible no sirve para nada. Volvemos otra > vez a la eterna cuestión: capítulo tropecientos mil de la sensibilidad, los > sentimientos, la voluntad, etc. Pero, cuando todo en tu sensibilidad está > en contra y amenaza con aplastarte, porque sensiblemente se” >

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