Un amor empapado de confianza

Para Teresita Dios en Jesús y Jesús lo es todo. Vive con Él en la más estrecha intimidad y dice: “No veo qué más tendré después de mi muerte que no posea desde ahora. ¿Veré a Dios? Es cierto. Pero si se trata de estar con Él ya lo estoy del todo en la tierra”. Ahí tenemos que llegar. Y cuando ella dice esto, pocas semanas antes de la muerte y desahuciada… ya no hay nada que hacer, tiene veinticuatro años, tuberculosa, con los padecimientos terribles que esa enfermedad suponía en aquel momento.IMG-20180511-WA0071.jpg

Y en ese momento ella está viviendo, cuando formula estas palabras, una prueba de Dios profunda en que la idea reincidente que asalta su mente y su sensibilidad es la siguiente: “No hay nada, Dios no existe, no hay Cielo, después de la muerte no hay nada.” Este era su sentimiento cuando sabe que se está muriendo y es plenamente consciente de que la vida material se le acaba.

En el momento de esa prueba, ¿qué le queda a Teresita? Agarrarse a la fe, que tampoco siente. De hecho, en un momento dado ella dice: “No digo lo que creo, digo lo que quiero creer. Ni siquiera tengo la seguridad de lo que digo. Digo lo que quiero creer”. Y en medio de esa purificación tremenda que Dios permitió para ella, la oímos decir: “No veo qué más tendré de mi muerte, que no posea desde ahora. ¿Veré a Dios? Es cierto. Pero si se trata de estar con Él, ya lo estoy del todo en la tierra”. Ella escribe esto en medio de la oscuridad más grande. ¿Por qué? Porque en ese momento, para no desfondarse lo único que tiene es la fe. Y contra viento y marea sigue creyendo, porque es lo único que tiene.

IMG-20180511-WA0072.jpgPor tremenda que sea la noche y en su caso, en ese momento era tremendísima, ella se agarra a la fe. Y a la fe -luego lo veremos más adelante- con el matiz propio que Teresa tiene de la fe, que es la confianza. La fe empapada de amor, que se llama confianza. Ella sigue confiando hasta el final.

Y el amor en el que Teresa cree tiene otra característica, que es la siguiente -a ver si lo sé explicar bien-: si Teresa ama a Dios como a Alguien muy íntimo y muy cercano, ella tiene conciencia de ser amada por Él de una manera muy particular. Las relaciones de Jesús con Teresita, y de Teresita con Jesús, son recíprocas y -ella lo expresa muchas veces- extraordinariamente vivas y cargadas de una ternura de una y otra parte que no se preocupa de nada sino de colmar al otro y de preferirle a todo. Ese es el amor en el que Teresita cree. De lo único de lo que ella se preocupa, es de que los deseos que Jesús tiene de ser amado sean colmados y de preferirle siempre a todo. Ella se pasó la vida haciendo opciones fundamentales donde, ante cualquier circunstancia, su criterio siempre era: ¿Dónde puedo amar más? ¿Haciendo esto o lo otro? Y siempre escogía amar más. ¿Por qué? Para calmar más el ansia y el deseo de Jesús.

Un amor infinito

Otra característica del amor en el que Teresa cree es que es un amor infinito. Siendo Dios infinito, no puede amar sino infinitamente. En Dios no cabe la mediocridad. Eso cabe en nosotros, pero en Él no. Si ama, ama siempre e infinitamente. Varían sus dones pero no el amor con que los hace que es siempre-Teresa lo denomina así- la ternura de su amor infinito. Parezca uno rico o pobre, ensalzado o humillado a los ojos de los hombres, Dios le ama infinitamente.

Esto es muy importante a la hora de mirar nosotros a nuestros prójimos. Hay veces que en la vida nos encontramos personas que dices: “Uff, vaya personaje. Es que no lo puedo atravesar, es que es imposible, es que esto no sé cómo hacer, es que…” Ahí tenemos que hacer un esfuerzo intenso y decir: “Aunque me parezca la persona más indeseable del mundo, yo creo firmemente que el amor de Dios con esa persona es infinito”. Es infinito, aunque a mí me parezca el ser más despreciable, el más vil, el más indeseable… Pero que sepamos que ante Dios es infinitamente amado.IMG-20180511-WA0073.jpg

¿Por qué es tan importante esto? Porque a la hora de convivir, a la hora de sobrellevar muchas cosas, a la hora de perdonar, eso es fundamental. Dejar de lado mi visión -que puede ser que sea totalmente objetiva- de que esta persona es insoportable, infumable… y todo lo que queráis, para mirarla con los ojos de Dios. Y para Dios es infinitamente amada. Y desde esa óptica es que cambia todo.

Lo difícil es acostumbrarnos a ponernos esas gafas y empezar a mirar así. No tenemos costumbre, y nuestra parte humana molesta bastante: nos topamos siempre con la pugna continua entre nuestra naturaleza y la gracia.

El llegar a ver a todos nuestros prójimos como seres infinitamente amados por Dios, eso es una gracia, no es algo que naturalmente brote de nosotros. Mientras esta gracia se va haciendo hábito en nosotros y va reinando en nuestro corazón y en nuestra vida, la naturaleza sigue molestando. Molesta bastante y es una continua lucha, pero es muy importante no dejar de luchar para que esa gracia ordinaria se vaya haciendo hábito en nuestra vida, porque -si logramos llegar a ver a todos nuestros prójimos como seres infinitamente amados de Dios- todo se hace muy llano y la vida cambia totalmente. Es muy fácil -si tú llegas a  ver así a las personas- disculpar, perdonar, soportar… y corresponder al amor de Dios. El problema e impedimento es que vemos a los sujetos llenos de limitaciones, y encontrar en ello un vestigio del amor de Dios nos resulta muy difícil, por eso es importante que cambiar nuestra óptica.

Dice también Teresita: “Así como el sol ilumina al mismo IMG-20171012-WA0183.jpgtiempo a los cedros y a cada florecilla como si ella sola existiese en la tierra, lo mismo Nuestro Señor se ocupa tan particularmente de cada alma como si no hubiese otras en el mundo”. Ella puede afirmar, y lo hace con frecuencia a cada una de sus hermanas: “Dios te ama con todo su corazón”. Y con más convicción aún dice: “Dios te ama y te trata privilegiadamente. ¿Piensas por ejemplo, que santa Teresa recibió más gracias que tú?” Y lo dice convencida y es verdad: “Dios te ama infinitamente”. Otra cosa es que en la medida en que cada uno de nosotros correspondamos a ese amor infinito iremos recibiendo más gracias. No porque Dios no nos quiera dar.

No se nos puede olvidar nunca que Dios es infinitamente justo y nos ama a todos infinitamente, por igual. El derrama en nosotros muchísimas gracias, por igual, gracias iniciales que todos recibimos en nuestro caminar espiritual, en nuestro caminar en la fe, pero… si yo correspondo a ese amor y a esas gracias, Dios me va a dar más, pero no por el hecho de que haya correspondido. No: es que el hecho de que yo haya correspondido a estas gracias me va transformando interiormente, y me va capacitando para recibir más y por eso me da más.

Si a esas nuevas gracias que me da, más hondas y más profundas, sigo correspondiendo, hace que mi recipiente, mi capacidad de recibir, mi vaso, se vaya haciendo cada vez más grande y -conforme agranda mi vaso- Dios me da más. Nuevamente correspondo a eso: si yo voy agrandando el vaso me va dando más, más y más hasta llegar a recibir las gracias que recibió santa Teresa si yo quiero recibirlas.

Y no vale decir “yo quiero” de boca para afuera. El movimiento se demuestra andando. Yo quiero y correspondo y -al corresponder- me capacito para seguir recibiendo más.

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2 comentarios en “Un amor empapado de confianza

  1. Cómo me gusta esto del vaso.No tenía ni idea.Voy viendo y sintiendo cosas ,que antes eran impensables.Gracias a quien?A mis SAMARITANAS del alma.GRACIAS.❤️❤️❤️❤️❤️

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  2. Gracias madre Olga.Como nos seguimos capacitando para conocer a Dios?
    El sáb, 12 de mayo de 2018 12:48 AM, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: “Para Teresita Dios en Jesús y Jesús lo es todo. > Vive con Él en la más estrecha intimidad y dice: “No veo qué más tendré > después de mi muerte que no posea desde ahora. ¿Veré a Dios? Es cierto. > Pero si se trata de estar con Él ya lo estoy del todo en la tie” >

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