Secundando la acción del Espíritu Santo

 

El fruto de las primeras gracias místicas es revelarse Dios al alma como a cualquiera que le ama. Pero es tan fácil al contacto con la vida cotidiana, con la vida real, que se evapore este conocimiento… ¿Qué nos pasa muchas veces?  Cuando hablamos de gracias místicas tendemos a imaginarnos cosas raras o extrañas, no habituales, y eso no es exacto. Mirad: una gracia mística es, simplemente, algo que implica la intervención del Espíritu Santo en la vida. Primeramente, hay que puntualizar que todas las gracias son místicas y todas las gracias son del Espíritu Santo, pero una gracia mística es aquella en la que, de alguna manera, Dios tiene la iniciativa y mueve la vida de una persona: no hace falta levitar, ni bilocarse, ni cosa parecida.

Existen las gracias místicas habituales, que se llaman mociones y que, más o menos, todos los que vivimos en gracia de Dios tenemos. Otra cosa es que nos enteremos o no nos enteremos, que hagamos caso de ellas o nIMG-20180405-WA0008.jpgo hagamos caso de ellas…

Y ese es el problema: que muchas veces nos sentimos interiormente movidos, inclinados a algo, y no hacemos caso. Y esos movimientos interiores de inclinación y atracción hacia algo, que te nacen en lo profundo del ser, no tienen una explicación lógica.

¿Por qué te inclinas a esto? Pues no sé. Pero yo creo que a todos nos ha pasado, en un momento dado, que el Señor me lleva a esto, me empuja a esto, me pide esto. Bien… Pues cuando sentimos esos movimientos interiores, a no ser que sean cosas muy raras, muy estrambóticas… Debidamente discernido, lo mejor es seguir esas inclinaciones y esas mociones siempre y cuando no vayan en contra de la Ley de Dios.

Pero como somos así… empezamos a usar la cabeza o nos dejamos tranquilamente llevar de la indolencia, de la vagancia… y no lo hacemos. Pero si tú, interiormente, te sientes, por ejemplo, movido a parar un momento lo que estés haciendo en un momento dado, y recogerte interiormente y rezarle un Avemaría a la Virgen… ¡hazlo! Porque eso es una llamada interior del Espíritu Santo para que le hagas una muestra de cariño a la Virgen. Entonces… no se lo niegues.

Si la ocurrencia es que abras la ventana y saltes, evidentemente no va a ser el Espíritu Santo. Pero yo creo que Dios nos da la gracia suficiente para diferenciar cuándo algo viene de Dios, con paz, con sosiego… Las cosas de Dios suelen ir con paz, y consisten -normalmente- en un movimiento suave, que te impele, te empuja… pero no te violenta. Dios nunca violenta y siempre deja la voluntad libre.

Teresa quiere que lleguemos al convencimiento de que -todas estas mociones interiores- son fruto del amor y, quiere que aprendamos, que nos abramos, para detectar y acoger estas mociones interiores, mociones del amor -el Espíritu Santo es el Amor de Dios- en nuestra vida ordinaria, en las pequeñas cosas de cada día. Ella siempre está pendiente de las cosas pequeñas, y es muy fácil y frecuente que nos perdamos en la maraña de los asuntos y actividades cotidianas, en detrimento de la sensibilidad de onda necesaria para secundar estas mociones interiores.

Habituándonos a la Presencia de Dios

Para lograr esto… ¿qué hay que hacer? Vivir en un incesante corazón a corazón con Dios. De hecho, Teresita formula algo precioso, impresionante, porque dice: “creo que en toda mi vida nunca he estado más de tres minutIMG-20171125-WA0110.jpgos seguidos sin pensar en Dios.” Sin comentarios.

Es vivir siempre con, siempre con Jesús, aún en las cosas más simples y más ordinarias. Y ¿qué quiere decir esto? ¿que hay que estar las veinticuatro horas del día pensando en Dios? A ver… Habrá veces que hay que elevar el pensamiento y la memoria a Dios, pero es algo más… Porque la mente a veces hay que ocuparla en cosas que no son Dios y la capacidad intelectiva que tenemos tiene que estar centrada en eso. Pero hay algo dentro de ti, hay una parte de ti, en la que Dios vive, en la que Dios está, que nunca tiene por qué separarse de Él, aún en medio de veinticuatro mil ocupaciones.

Yo sí que puedo decir que -hablo por experiencia- se puede estar con Jesús siempre. Otra cosa es que se esté o no se esté, pero poder… ¡se puede! ¿Es difícil? Esto no es ni fácil ni difícil. Es una cuestión de hábitos adquiridos, es una cuestión de acostumbrarse.

Ella dice en otro momento: “Es muy fácil: se piensa espontáneamente en quien se ama.” Donde está tu corazón está toda tu vida, está todo tu ser. Una persona que está enamorada de otra no tiene que hacer actos de memoria de la persona que está enamorada. Continuamente, sin pretenderlo, sin esfuerzo, espontáneamente ese recuerdo, esa presencia del ser amado está ahí. De una forma natural, no hay que programarlo: es connatural al enamoramiento.

Si yo estoy enamorada el objeto de mi amor siempre está ahí, siempre está presente. Por muchas cosas que tenga que hacer… yo no me “desenamoro” un rato para trabajar y me vuelvo a enamorar después. Tú estás enamorado siempre. Eso es un estado real y continuo. La persona que está enamorada no tiene que hacer esfuerzos para acordarse. Se acuerda espontáneamente, porque es algo que… tampoco se acuerda… porque recordar es traer a la mente algo que estaba lejos, sino que ese “recuerdo” se actualiza solo, o por mejor decir… es constante. Está ahí siempre. Y eso es lo que ella pretende que hagamos: que lleguemos a este recuerdo continuo de ese amor personal.

Teresa sabe que las causas segundas, todo aquello en lo que se envuelve nuestra vida, no nos puede separar ni un solo instante de Jesús si no queremos. Nuestra mirada -pero no la mirada exterior, sino la mirada íntima del alma- tiene que estar siempre puesta en la causa primera de nuestra vida que es Dios. “En todo lo que me acontece -dice ella- no veo más que la blanda mano de Jesús”.

¡Qué bonito! la mano de Jesús siempre es blanda aunque lo que me acontezca pueda ser duro. Y ver eso de esa manera supone y requiere una gran fe. Yo lo suelo formular de otra manera que me enseñaron cuando era pequeña: “tenemos que aprender a ver la mano de Dios detrás de las manazas de los hombres”. Porque las manazas de los hombres están ahí, se entrometen, lo pringan y lo estropean todo. Esas son las manazas, y hay q12715372_917322205033444_5138576958017552800_nue aprender a ver a Dios siempre detrás de esas manazas: la mano blanda de Dios. El toque delicado de Dios, que diría san Juan de la Cruz, detrás de nuestras manazas.

Esto que me está sucediendo no tiene ningún sentido, es absurdo, me la están jugando, y además es que me estoy dando cuenta de que esa persona lo está haciendo con mala idea, con malicia… Bien: no vamos a negar lo que estoy viendo. No se trata de decir que lo blanco es negro, sino que lo mismo detrás de lo blanco, que detrás de lo negro… yo tengo que aprender a ver la mano blanda de Jesús. Aún de intenciones torcidas y de cosas malas… Jesús va a sacar bienes. Y aunque yo ahora no lo vea lo creo. Y lo creo firmemente. No entiendo, no veo, pero sé que es verdad. Tampoco lo siento, pero lo creo. Y ese es el fundamento sólido para no desfondarme: creer firmemente en el amor que Dios me tiene en todos los instantes de mi vida por adversas y penosas que puedan ser las cosas.

 

 

Un comentario en “Secundando la acción del Espíritu Santo

  1. Buenos días Madre Olga. Espero se encuentre bien usted y todas sus demás hermanas. Gracias por estas herosas palabras que en estos momentos han tranquilizado el alma inquieta. Pues he descubierto hoy con tu mensaje que las cosas buenas y pacíficas son de Dios.
    El 7 de mayo de 2018, 16:07, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: ” El fruto de las primeras gracias místicas es > revelarse Dios al alma como a cualquiera que le ama. Pero es tan fácil al > contacto con la vida cotidiana, con la vida real, que se evapore este > conocimiento… ¿Qué nos pasa muchas veces? Cuando hablamos ” >

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