No excusarse

 

“Cuantos más avances tengas en la vida espiritual, en el camino, menos combates tendrás, tu alma se elevará por encima de las criaturas. Todo lo que ahora se me puede decir me deja completamente indiferente, porque he comprendido la poca solidez de los juicios humanos. Cuando somos incomprendidos y juzgados desfavorablemente, ¿A qué vienen defenderse? Dejemos todo eso. No digamos nada. Es tan dulce dejarse juzgar de cualquier manera…” Y pone un ejemplo precioso: “No se dice en el Evangelio que santa María Magdalena se haya excusado cuando su hermana la acusaba”.cropped-img-20171128-wa0217.jpg

Teresita siempre buscaba ejemplos y apoyos en el Evangelio. Cuando Marta se queja de que la otra no da un palo al agua, y sabemos positivamente que se queja, Jesús reprende a Marta: “Marta, Marta…” En ningún momento dice que María se excusara. En ningún momento lo dice. Y sin embargo, es Jesús quien la excusa.

Cuando a María, en Betania, Judas le recrimina haber gastado aquel perfume caro, ella tampoco se defiende. Y es Jesús quien la alaba como no ha alabado nunca a nadie. Cuando llega la pecadora a la casa de Simón, y Simón recrimina, tampoco la mujer se excusa. Es Jesús quien le dice: Simón, Simón, cuando yo he venido, no me has dado el beso de paz, no me has dado para que me lave… Y esta mujer… ¿Por qué? Porque caemos en juzgar. Y cuando se nos juzga mal, si guardamos silencio, y no nos defendemos, siempre es Dios quien nos defiende. De una manera o de otra, antes o después.

Y esto yo lo he vivido en primera persona montones de veces. Cuando han dicho algo contra mí y yo me he encargado de aclararlo, de defenderme, de tal y de cual, yo me he encargado y así ha quedado. Y generalmente queda mal. Pero cuando Dios me ha concedido la gracia de callarme, después Dios ha ido poniendo las cosas en su sitio.

Porque hay una cosa que es clara: Avila-Gredos-asi estamos en la verdad y tenemos la conciencia tranquila, la verdad padece, y padece muchísimo, pero nunca perece. Nunca. La verdad al final triunfa. A lo mejor es muy al final, peo mi experiencia es que la verdad al final triunfa, y la mentira siempre lleva al fracaso, a estrellarse, no tiene consistencia. Esto es una de las cosas que he aprendido una de las monjas que me educó. Ella me decía siempre: la verdad padece pero no perece.

Y yo, cuando ella me lo contaba, que era una niña, me parecía muy bonita la frase, pero… ¿¿ ¿? Y treinta años después, tras de haber vivido unas cuantas cosas, puedo decir cuántas veces en mi vida he experimentado cómo la verdad padece y a veces padece mucho y muy cruelmente, pero nunca perece. Y Dios sale siempre por la verdad. Siempre. Mientras que deja totalmente a sus fuerzas y abandonado al que vive en la mentira. Porque quien escoge la mentira para vivir está escogiendo el mal. Y quien escoge la verdad para vivir está escogiendo a Dios.

Y yo lo he visto cantidad de veces: callarte y al final, la verdad llega a saberse. Porque “nada hay oculto que no llegue a saberse”, y -si no se llega a saber en esta vida- no nos olvidemos nunca que después de esta vida hay otra, que es la que importa y la verdadera. Que aquí estamos de paso. Y antes de llegar a esa vida todos nos vamos a encontrar cara a cara con la Verdad. El juicio particular es ese: encontrarnos cara a cara con Jesucristo que es la suma Verdad, y ante Él, desnuda del todo, se va a ver lo que es mi vida. Asi que… ¡dejémonos de tonterías! Vivamos en la verdad y no nos excusemos. Porque si vivimos en verdad, Jesucristo nos va a defender siempre, ante su Padre, siempre, pero viviendo en la verdad, y nosotros calladitos. Porque si lo cacareamos solos… no necesitamos ya más defensor.

Esta es una de las cosas que Teresita más sostiene: todo eso que os estoy diciendo es doctrina sanjuanista cien por cien. Si leéis a san Juan de la Cruz, en determinados pasajes no dice otra cosa. 94fa4576ea4997b0c51054d60a72a970--scotland-travel-edinburgh-scotlandY Teresita lo coge, lo asimila y lo presenta así. Nos dice: hay que elevarse por encima de lo que hacen y dicen las hermanas, tenemos que estar en el monasterio -cada cual en su lugar de vida- como si no tuviésemos que pasar en él más de dos días.

Este es el renunciamiento de verdad: vivir en ese desasimiento. Es mi casa, es mi comunidad -por supuesto- pero tengo que vivir con el desprendimiento como si fuera a vivir en él dos días. Si yo voy a pasar dos días, me puede pasar en esa casa lo que me pase, pero… ni voy a poner a defenderme, ni voy a intentar cambiar a nadie… porque voy de paso. Entonces, las cosas me van a rozar por de fuera. Me van a afectar de diferente manera.

Aunque viva en el convento cuarenta años, estoy de paso. Y cuarenta años no es nada frente la eternidad, aunque vivas sesenta años. Eso también es sanjuanista cien por cien.

Ese es el sentido del renunciamiento. Yo estoy aquí, eso no quiere decir que tenga que ser una despegada, una rara y no me integre donde estoy. No estoy diciendo eso. Tengo que vivir absolutamente integrada, entregada, unida a mi comunidad, unida a mi familia, a las personas que tengo a mi alrededor. Pero, desprendida como si fuera a pasar aquí dos días. No puedo echar el ancla de modo que no haya quien me mueva de donde estoy. Y cuando digo de donde estoy, no me refiero al lugar físico sino de mis convicciones, de mis ideas, de mis cosas, de mis manías, de mis planes, de mis horarios, de mi voluntad… Ese es el renunciamiento.

Hay una frase IMG_20170608_102123_365.jpgsanísima para la vida espiritual que es: “Bueno… ¿y qué…?” Y qué. Y qué más da. Claro: cuando usas mucho el “y qué más da” la gente llega a la conclusión de que eres un abulto y te da lo mismo ocho que ochenta. Pues no: intentas que te de lo mismo ocho que ochenta, para ser libre. Pero no quiere decir que las cosas no te importen, que seas un irresponsable, sino que hay que darles su valor justo.

Y el valor justo de las cosas no se ve sino desde la perspectiva de la eternidad. Y a veces hay que decir: ¿Y qué? Y yo hay veces que cuando vienen determinadas personas y determinadas monjas a contarme toda su “tragedia vital”, tengo que reprimirme muchísimo para no faltar a la caridad, y no contestar: “Bueno… ¿y qué?”

– Porque me han dicho esto, porque me han dicho lo otro, porque… ¿A ti te parece normal? Pues no me parece, porque además estoy súper-dolida, porque fíjate, porque luego me contestó, luego…

Y ya lo dejé porque para qué, y entonces me fui a hacer otra cosa.

– Me pasó tal cosa…

– Ya.

– Y claro, y luego… y claro…

– Y son las doce del mediodía, hasta las doce de la noche… ¡la de cosas que te pueden seguir pasando!

– Porque la una me dijo, porque la otra… Y claro, y luego resulta que me cerraron la puerta y ya no podía pasar y había un ruido, y me molestaba y no se qué, y luego dejaron abierto y qué calor, y qué frío, y qué patatín y qué patatán…

Y yo digo:

– Bueno, ¿Y qué?

Porque claro: cuando me vienen a contar todo eso me dan ganas de decir:

– Y a mí… ¿qué? Primero que a mí qué me importa, y a ti… ¡es que tampoco debería importarte! por otra serie de cosas que no voy a contar ahora.

De verdad, que hay personas que vive tan pendiente de lo que le pasa y tan pendiente de sí mismos, que dices:

–              Bueno, pero si es que estamos aquí de paso. ¿Y qué? A ver: ¿y qué?…

De verdad, aprended a decir: “¿Y qué? …”

– Lo que me han hecho…

– ¿Qué te han hecho?

– Es que tú no sabes.

– Ni falta que me hace enterarme. ¿Qué más da? ¿Te han crucificado? No. ¿Has llegado a la sangre en tu lucha con el pecado? No. Pues entonces… cállate la boca. Punto.

Tenemos que hacernos fuertes. Estamos aquí para seguir a Jesucristo. No podemos ir por el camino de Teresita como merengues. Sin consistencia, sin fuerza, dulzonas… No: tenemos que ser personas recias. Ella lo era. En sus procesos, ya lo he dicho en más de una ocasión, la virtud en a que sobresalió en los procesos de canonización fue la de la fortaleza.

Esa reciedumbre no tiene nada que ver con la dureza ni con la inflexibilidad, porque el que es así es recio para sí y suave para los demás. Pero hay que ser recio, no merengues.

 

2 comentarios en “No excusarse

  1. Un saludo madre Olga. No la conozco físicamente pero ya la quiero y mucho.Le doy gracias a Dios por haberla encontrado y gracias por tan hermosas palabras.
    El vier., 4 de mayo de 2018 12:43 AM, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: ” “Cuantos más avances tengas en la vida > espiritual, en el camino, menos combates tendrás, tu alma se elevará por > encima de las criaturas. Todo lo que ahora se me puede decir me deja > completamente indiferente, porque he comprendido la poca solidez de” >

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  2. Buenas tardes Madre Olga María y hermanas Carmelitas descalzas. Cuando leo sus mensajes y encuentro que me sirven, que son parte de la vida diaria y que me ayudan a crecer, me embelezo, los comparto y trato de aplicarlos, aunque mi memoria no es tan buena como quisiera (o mi alma necesita purificación… y caigo en tentanciones…..) y olvido cosas importantes. Hace unos días, una tía me llamó para contarme una tragedia vital como las que describe Madre Olga María: media hora de quejas, recuerdos, rencores, miradas, palabras que hacían sufrir a esta tía sin capacidad de perdón ni de mirarse como lo dice la Madre Olga María: estamos de paso, ocurrió eso , y qué??? Realmente quisiera decirle eso, pero seguro que se alejaría por otro periodo más (ya antes ocurrió, se alejó por 2 años), y de toda la familia, me ha elegido para escucharla y para “hacer saber a la familia que está muy dolida” por lo ocurrido, porque ella no hace esto, lo otro,…. que ofenda o haga sentir mal, ella es así y asá. Bueno, le he ofrecido viajar para conversar personalmente, pediré ayuda, iluminación del Espíritu Santo porque saldré malparada si le digo lo que pienso, y creo que necesita ayuda de Dios, pero no será fácil, yo no tengo tanto para enseñarle, no tengo la serenidad ni prudencia que necesitaría para escucharla y decirle exactamente lo que le ayude a darse cuenta que no es para tanto, que nadie quiso hacerla sentir mal ni ofenderla. Pueden darme una ayudita??? Si no responden, entenderé que debo hacerlo sola y continuar yendo a Misa, leer a Madre Olga María y pedir ayuda al Espíritu Santo. Un abrazo!! Amparo C.

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