Ordenando los afectos

Teresa reclama. Reclama insistentemente cosas que ella no permite que se negocien. Tiene paciencia, tiene mansedumbre, pero tiene firmeza a la hora de reclamar. Ella reclama la mortificación de los afectos, del propio juicio, del amor propio, segura de que un alma que se cuida de su vida natural y sigue todas sus inclinaciones es incapaz de buscar a Dios, de vivir de Él como Él lo quiere.IMG-20180501-WA0078.jpg

Es lo que ya os he dicho antes: ella, cuando habla de la mortificación de los afectos -aquí la gente se arma unos líos muy gordos- no solamente nos referimos al afecto sensible, en el sentido de cariño, de unas personas con otras. Tenemos afecto a un crucifijo, tenemos afecto a un libro, tenemos afecto a un pupitre, tenemos afecto a una silla… El corazón se nos va pegando a muchas cosas, y es necesario vernos libres de todo.

Este crucifijo en concreto -el de mi profesión religiosa- para mí tiene un valor afectivo muy grande, y significa mucho para mí, le tengo un gran cariño… Y esto es normal porque está ligado a un acontecimiento trascendental en mi vida, como es mi Profesión, pero tengo que vivir desprendida de él, de modo que si alguien me lo arrebata ahora mismo yo no replique, aunque me cueste…

Tengo que aprender a vivir desprendida, porque si para conservar el crucifijo en mi poder, doy una mala contestación, digo que ni hablar y que no se lo doy a nadie, que esto es mío… ¿pues qué sentido tiene el Crucifijo en mi vida? Es una incoherencia bastante grande.

Teresita nos quiere libres. Que yo tenga este crucifijo, con el afecto que me une a Él -quien dice este crucifijo dice cualquier otra cosa-, pero libre. Sí: siento el afecto porque tiene un significado especial para mí, pero desprendida, dispuesta a desprenderme de él: si en algún momento dado alguien me lo pide se lo doy con tranquilidad, y si alguien me lo quita, no lo reclamo.

Ese desprendimiento es también un afecto que hay que educar. No solamente el afecto entre las personas, sino el desprendimiento de todas las cosas, renunciar absolutamente a poseer de cualquier manera. Nada es mío, todo lo tengo aquí prestado, hasta la propia vida está prestada, porque estamos aquí de paso. Y este cuerpo también es prestado para poder vivir un tiempo en esta tierra, pero tampoco es mío. Hay que prestarle la atención necesaria, pero tampoco más de la necesaria, porque sería también un desorden, un afecto desordenado.

Lo mismo pasa con los propios juicios, las propias ideas, los propios criterios, eso es lo que más nos cuesta dejar.

– Es que yo lo veo así.

– Pues nada, sigue viéndolo. Pero no nos vamos a guiar por tu criterio sino por el de Dios, o por el que nos indiquen los superiores, que son los que nos muestran el criterio y la voluntad de Dios.

– Pero yo no puedo dejar de verlo así.

– Si yo no te digo que dejes de opinar eso, o que dejes de verlo así, pero sí que lo arrincones, lo pospongas, porque tu opinión no es lo más importante. Lo más importante es Dios, el más importante es Jesús. Y si tu opinión va a ser en esto un omagazine-unlock-05-2.3.822-_728b1d532fd049f4874af41dd581a56f.jpgbstáculo, quítala.

¿Qué más te da que la criatura a la que te apegues se llame crucifijo o se llame opinión? Da igual. No deja de ser un obstáculo.

Y llegamos al amor propio. El amor propio es justo lo contrario al amor evangélico, al amor de Jesús. El amor de Jesús es para los demás, y el amor propio consiste en: yo, mí, me, conmigo… El amor propio nos hace enfrentarnos. ¿Por qué? Porque si nos amamos tanto a nosotros mismos tenemos que defender nuestra posición y defender nuestro yo. Y pobre del que diga nada que pueda ser interpretado como un ataque, como un apartarnos, como un posponernos, porque… ¡yo soy el primero, yo soy lo más importante! Y si yo soy lo más importante… ¡muerdo por defenderlo!

El amor propio es una de las manifestaciones externas del egoísmo. Es una modalidad de egoísmo que nos hace reaccionar de maneras muy rotundas… Si nos tocan el amor propio pues…

Se necesita que el amor a Jesús y a los hermanos sea más fuerte para poder atajarlo y mantenerlo a raya.

 

 

4 comentarios en “Ordenando los afectos

  1. Cuanto bueno Madre.Me veo reflejada en alguno de estos puntos,parece tan sencillo cambiar .Como lo relata usted ,se ve tan fácil.Pero poco a poco,con tan buena maestra ,aprenderé a ser libre.Un abrazo.

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  2. pues casi casi que me rindo, cualquiera mantiene a raya los afectos: el amor a tu madre, a tus hijos (el que los tenga) y no digamos nada de la pobre monja con respecto al crucifijo de su profesión. yo creo que tiene derecho a defenderlo a capa y espada y a no soltarlo hasta el día que se vaya para siempre. Además ¿Quién se lo va a quitar?. O sea que estoy entre los que se arman “líos gordos”, solo veo claro que luchemos contra el amor propio, eso sí, ése a raya.
    En la próxima nos lo aclara, por favor, madre Olga.

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  3. Querida Madre Olga :
    ¡ Qué gran verdad es la que nos está diciendo !
    …. cuento aquí mi pequeña historia, hace dos años y algo más, entraron a casa a robarnos, y se llevaron de allí hartas cosas que para nosotros eran de mucho valor; a mí particularmente me robaron la medalla de mi consagración a la Santísima Virgen, la cual tenía para mí un valor extremadamente significativo, y pues ese día no la andaba trayendo como de costumbre ( se me quedó en el velador ).
    Cuando regresé en la tarde y pude constatar lo sucedido, y al ver la casa ” patas arriba ” y desvalijada, sentí una tremenda pena, mucha impotencia… también había desaparecido la medalla de la ” Virgen de los rayos “, la Milagrosa , junto con un pequeño llavero de cuero, que me había regalado mi papá, fallecido hacía poco.
    Primero tuve muchísima pena, pero muchísima, pues el valor de esas dos pequeñas cosas eran para mí algo ¡ grande !, que a nadie más le puede importar… con el correr del tiempo fui poco a poco comprendiendo el desprendimiento que Dios me venía pidiendo desde que decidí seguirlo y vivir para El antes que nada, hasta ese día yo decía ¡ todo, menos esto… ! luego recuerdo haberle dicho a El :
    ” Señor toma todo lo que quieras de mí, es más, le regalo al ladrón mi hermosa medalla para que de esa manera no sea un robo, y con ello se aminore su falta, y quiera la Santísima Virgen bendecirlo y algún yo vea su rostro en el cielo “.
    Esta oración, Madre, me nació del alma hace ya dos años atrás. hoy estoy super tranquila, y me ha servido, pues más que llevarla puesta, he podido profundizar mucho más en la entrega de mi corazón a la Madre de Dios. Soy más hija de Ella que antes.
    Un gran abrazo Madre Olga
    Gracias, gracias por todo !!!
    Su siempre agradecida
    M.Eliana

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  4. Si cuesta mucho trabajo pero no es imposible el dejar el amor propio
    El miér., 2 de mayo de 2018 12:26 AM, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: “Teresa reclama. Reclama insistentemente cosas > que ella no permite que se negocien. Tiene paciencia, tiene mansedumbre, > pero tiene firmeza a la hora de reclamar. Ella reclama la mortificación de > los afectos, del propio juicio, del amor propio, segura de qu” >

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