NO TENGÁIS MIEDO! CON CRISTO SIEMPRE HAY FUTURO (IV)

 

¡No tengáis miedo!, con Cristo siempre hay futuro

XIII jornadas “Católicos y vida pública”, en el País Vasco

Palacio Euskalduna, Bilbao  20 y 21 de abril de 2018

Mesa Vocacional,  Sábado 21 de abril de 2018

Preside: D. José Ramón Altuna, Consiliario ADcP de Bilbao.

 

Le voy a volver a preguntar a la hermana Olga, por la otra dimensión, que no quiero que se pierda: en la vida religiosa está la pobreza, el voto de pobreza. En un mundo donde el amor al dinero es la única ideología que perdura, han caído muchas ideologías, pero el amor al dinero ¡no!, ese no cae: derecha, izquierda, centro, todos nosotros. Bien ¿es posible no buscar una seguridad económica o no contar con ella? Bueno, háblanos un poco que es para ti esta dimensión de la pobreza.

Es posible. Pasa como con lo de la castidad, posible es, fácil no, pero posible es. A ver, esto es muy sencillo,  desde el principio, podemos tener mil dificultades pero….yo se lo digo muchas veces a las hermanas: ¡cuidado con el dinero! Porque encima es un veneno legal, o sea, moneda de curso legal, veneno de curso legal, ese es el dinero ¿no?IMG-20180420-WA0131.jpeg

Y no sé que tenemos que se nos adhiere sin querer: es muy difícil tener dinero, poseer bienes y no apegarse a ellos ¿no? Entonces yo siempre le digo al Señor: danos lo justito y cuanto menos mejor, porque así nos evitamos peligros. Y ya Jesús nos advierte del resto de pecados y del resto de males;  nos advierte y nos enseña, pero fijaos: que del dinero dice que no se puede servir a dos señores. El dinero llega a enseñorear la vida de una persona; se pone al nivel de Dios y Jesús nos advierte del peligro: cuidado con el dinero que se convierte en un dios.

No es simplemente una tentación, no es simplemente un mal, no es simplemente un pecado más… llega a convertirse en dueño de una persona y una persona que deja que el dinero se convierta en su dios… ha desterrado para siempre de su vida la felicidad, ha desterrado para siempre de su vida el amor y -en definitiva- ha dejado de vivir, se le ha metalizado el corazón y ha dejado de ser persona, para convertirse en máquina de guardar y producir dinero.

¿Esto qué quiere decir? pues que los bienes tenemos que aprender todos a utilizarlos conforme al plan de Dios: hay que servirse de ellos y tienen que servirnos para vivir para el Señor, para realizar nuestra vocación cristiana, para ayudarnos y ayudar a otros a ser de verdad hijos de Dios, es el fin de los bienes.

Y en la vida consagrada procuramos desentendernos de ello… Vamos a ver: utilizar lo que tenemos que utilizar, pero intentando siempre vivir en ese desprendimiento y con cuidado de no acumular. Pedirle a Dios el pan nuestro de cada día, que es lo que nos enseñó Jesús, no el de mañana, ni el de pasado mañana…

¿Qué pasa? Que es difícil, porque a veces la gente te pregunta… ¿Qué hacéis? ¿A qué os dedicáis? ¿Cuál es vuestro carisma? Y a continuación ¿de qué vivís? Pues a mí a veces me ganas de contestar: “de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí” de eso vivo… el resto… si tú buscas el reino de Dios, nos va a venir dado por añadidura.

IMG-20180422-WA0028.jpegY si que os puedo decir, y esto lo hablo desde la experiencia vivida de haber atravesado graves dificultades materiales,hasta el punto de sufrir un embargo y verme en la calle con treinta monjas a mi cargo y decir y ¿ahora… a donde vamos?

Pero si tú te fías de Él nunca te va a faltar. Santa Teresa de Jesús, nuestra Madre, dice: “si son las que deben no tengan miedo de que les falte” y efectivamente confirmo que, ni el Señor ha mentido, ni santa Teresa tampoco.

Nunca nos ha faltado lo que necesitamos, otra cosa es que venga dado de una manera que no esperas y que te cueste el desarraigo afectivo… Yo puedo decir que una de las cosas más difíciles de mi vida fue salir de Valladolid, y de nuestro convento de Valladolid, que fue nuestra casa madre, donde empezamos.

Para mí aquello fue un desarraigo tremendo y sufrí mucho, pero sufrí porque afectivamente, yo que creía que lo tenía todo controlado, estaba muy ligada a un lugar, a unas personas, a unas circunstancias… Yo siempre he dicho que el convento de Valladolid fue como mi Isaac: “vete al monte Moria y ofréceme en sacrificio “eso”… y yo le decía al Señor: ¡mande! Esto será broma ¿no?

Porque llegamos a Valladolid, supuestamente, porque se nos había llamado a eso… Era el hijo de la promesa… de alguna manera y Dios fue tan bueno que me quitó “aquello” ¿no? todo lo que pueda ser un obstáculo entre Él y nosotros me lo quita.

Yo no fui tan generosa como Abraham: no cogí a Isaac y le llevé a sacrificarlo. Me resistí todo lo que pude, luché todo lo humanamente posible, para que no nos arrebataran aquello porque me parecía que Dios lo quería ¿no? Y Dios me dijo: ¡que no te enteras! ¡fuera!

Y esto sigue adelante, de esto han pasado ya casi tres años… luego no era necesario ni esto, ni esto, ni esto… ¡no! lo único necesario es Jesús y mis hermanas. Esa es mi casa, ese es mi hogar. Ningún lugar, ningún bien material, nada en realidad, es necesario: sólo Jesús y las que Jesús me ha dado para vivir mi vocación. El resto, que yo creía que era vital… pues no era tan vital, porque llevo tres años viviendo sin ello y muy feliz ¿eh? Y con la perspectiva del tiempo… dando gracias a Dios de que me enseñara y me diera esa lección y me quitara lo que podía ser un estorbo entre Él y yo ¿no?IMG-20180420-WA0080.jpg

El problema de la pobreza es que llega un momento en que la gran pregunta de tu vida cuando sigues a Jesús es: ¿te va a bastar Jesús? ¿vas a ser capaz de vivir como el Hijo del Hombre, sin tener dónde reclinar la cabeza, alimentándote solo de la voluntad del Padre? Y claro… en teoría todos decimos que sí, pero es que luego eso… se traduce en hechos concretos del día al día, que cuestan mucho y que muchas veces suponen lágrimas.

Pero sí se puede, y os puedo garantizar, esto es experiencia vivida, que ahora soy mucho más feliz que antes y mucho más libre, porque antes peleaba por poder conservar la propiedad de algo y… en el punto y hora en que ya no tenemos nada somos libres; hemos empezado a crecer, han venido más vocaciones, y vamos yendo al mundo entero. Con el lastre de aquello que queríamos tener, no se podía avanzar, lo que pasa es que -en ese momento- por fragilidad, yo no me daba cuenta de que aquello en realidad era un lastre y el Señor, que es bueno, pues nos lo va quitando ¿no?

Entonces tenemos que aprender todos a confiar en el Señor, sobre todo cuando nos quita; porque nunca nos quita por hacernos daño, sino por hacernos bien, aunque no le entendamos. Cuantas más cosas os quite en la vida, aunque parezca un contrasentido y os cueste fiaros, creed que es porque más os está cuidando, está haciendo sitio para Él y eso es lo más importante al final.

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