Libertad de espíritu en todo

Libertad de espíritu en la oración y libertad de espíritu también a la hora de adquirir la perfección. Porque esto de “ser perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”, es… muchas veces, para muchas personas, es una gran complicación. Sí: sed perfectos. Y eso… ¿cómo se hace? Pues de una manera simple. La perfección es simple, es sencilla, no es compleja. Y hay que permanecer libres, hay que permanecer tranquilos, por encima de todo.IMG-20180423-WA0072.jpg

No puede ser que el mandato del Señor de ser perfectos nos quite la paz, la serenidad, la alegría y se convierta en un agobio. Si Dios nos hubiera mandado algo así, ni sería Padre, ni sería bueno. Cuando Jesús nos ha dicho: “Sed perfectos, como vuestro Padre es perfecto”, quiere decir que ser perfecto es una gozada. Es una alegría, no es un rollo. Porque es que a veces parece que Dios, con todas las cosas que nos ha mandado, lo que ha hecho ha sido complicarnos la vida y nos hubiera dejado en paz sin darnos tantas ideas de estas que se le ocurrieron, porque hubiera sido más fácil.

Todo lo que hace el Señor en nuestra vida es para darnos la felicidad, nunca para fastidiar: ni los mandamientos ni ninguna de sus recomendaciones.

“Sed perfectos como vuestro padre celestial es perfecto”. ¿Por qué? Porque la felicidad está ahí. Entonces, a la hora de adquirir esa perfección, hay que tener la misma paz y la misma libertad de espíritu. Si me falta esa libertad de espíritu, es que mi modo de adquirir la perfección no es según Dios. Es según mis entendederas, que no siempre son lúcidas ni acertadas.

Teresa lucha por librar a sus hermanas de sus conceptos estrechos y estereotipados acerca del bien. Y ella dice: “Por lo que a mí toca, no encuentro nada en los libros si no es en el Evangelio. Este me basta. Escucho esta palabra de Jesús que me dice todo lo que tengo que hacer: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis el descanso para vuestras almas”. Aprender de Jesús, que es manso y humilde de corazón, es toda nuestra ciencia. No tenemos que hacer nada más que aprender de la mansedumbre y de la humildad del Corazón de Cristo. Y ahí encontraremos siempre el descanso y la paz. Nada que tenga que ver con la turbación y los agobios ni la angustia. Es palabra del Señor.

Y aprender de Jesús eso: la mansedumbre y la humildad. De Jesús no hay que aprender ni a predicar la palabra, ni a hacer milagros, ni a… todas las cosas que Él hizo. Sino aprender la mansedumbre y la humildad. Y eso os dará el descanso, la paz, el sosiego, la alegría… Luego el modelo, el maestro es el Corazón de Cristo. Él es el Libro Vivo en el que tenemos que estudiar todo y aprender todo.IMG-20180412-WA0061.jpg

Y cuando Teresita dice que todo lo encuentra en el Evangelio, es porque el Evangelio y el Corazón de Cristo son una misma cosa. El Evangelio es Jesús, la Palabra escrita, formulada, pero es Jesús. San Manuel González,el obispo de los sagrarios abandonados, tiene una cosa preciosa, y dice que si aprendiéramos a mirar el Evangelio con los ojos de la fe, veríamos como en cada una de sus páginas palpita el Corazón vivo de Cristo. Porque el Evangelio es Palabra viva. El Evangelio es Jesús. Jesús está vivo en el sagrario, en la Hostia consagrada sacramentalmente, y Jesús está vivo en el Evangelio, en su Palabra. Porque la Palabra de Dios está viva, está ungida por el Espíritu Santo. Teresita lo sabe, por eso identifica el Evangelio con Jesús mismo y entiende que ese “aprended de Mí”, solamente es contemplando el Evangelio, contemplando a Jesús en el sagrario y en el Evangelio.

 

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