Eliminando obstáculos

Teresa busca, simple y llanamente el Querer de Dios. Qué quiere Dios, cuál es la Voluntad de Dios. Y llega a esta conclusión: la Voluntad de Dios no es otra que la de establecer, entre su criatura y Él un intercambio real y permanente de amor. Y la tarea principal de Teresita es mantener un determinado estado interior en las almas que le son confiadas: un estado interior de sencillez y desprendimiento para que de verdad Dios pueda realizar ese intercambio permanente de amor.cereales-para-papilla-o-biberon

Quitar obstáculos de las almas: ella quiere que seamos libres para que esa atracción que se ejerce sobre nosotros la podamos seguir sin que nada nos detenga. Que seamos de verdad un terreno propicio donde podamos desarrollar el plan de Dios. Que haya los menos obstáculos posibles. Puede decirse que Teresa le facilita a Dios la libertad de atraernos más fuertemente a Él, de obrar en cada uno de nosotros sin que nada humano nos encadene a nada que no sea Dios mismo. Ese es su empeño. Por eso quiere vernos libres y va desbrozando el terreno. Quiere hacer espacio libre y diáfano para que entre la luz y Dios pueda actuar. Por eso tiene tanto empeño en la libertad.

Teresa, por otra parte, respeta a Dios y la obra de la sabiduría de amor, hasta tal punto de lucha denodadamente por despreocupar de ello al alma: “No tienes necesidad de comprender lo que Dios hace en ti. Eres demasiado pequeña.” le dice a otra hermana. Porque a veces queremos entender por qué Dios hace esto, hace lo otro, y no hace lo de más allá.

Y eso es un error, porque ya estamos poniendo obstáculos: el obstáculo de nuestra razón y nuestras entendederas: “Yo quiero entender por qué me pasa esto”. ¡Y a ti qué te importa! Fíate y déjale a Dios obrar, porque con eso pierdes muchísimo tiempo y muchísimas energías.

Por qué me pasa esto… yo no lo sé, pero tú… ni lo sabes, ni te importa en principio. ¡Déjale a El que haga! ¡Fíate! No intentes comprender, porque eso mismo es un obstáculo. Y un alma que de verdad es pequeña, vive el presente y se deja querer. No intenta entender por qué Dios la ama ahora, si no que se deja querer. Todo esto prueba que no hay temor a equivocarse, ateniéndose a lo que Teresa defiende del verdadero sentido de la fidelidad en las cosas pequeñas, que no consiste en una serie de prácticas minuciosas, o de devociones que aprisionan al alma y la cansan, ni un deseo en exceso de “cositas”, que resultarían agotadoras.

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Hay personas que se entretienen a hacer dos mil “cositas”, mil prácticas, y no sé qué “devocioncita”… Que yo no digo que no haya que hacerlas, siempre y cuando no resulten una carga, un agobio: “Es que tengo que hacer… Es que hay que…” No. No es que “hay que”… No “hay que”… No “hay que” hacer nada. Solamente “hay que” vivir el presente y dejarse querer.

Si esas “cositas” te liberan y te llevan a Dios, bien. Si van a ser un agobio: porque no lo he hecho, por que qué hay que hacer… porque cuándo lo hago, porque lo hice bien… porque luego no lo hice… ¡Fuera! Que no sirve para nada. Si no te lleva a Dios, es yugo pesado y agobiante, es una esclavitud. Luego, no es de Dios.

Teresa lleva a sus hermanas a conquistar su libertad interior, para hacer lugar en sus almas a Dios. Y a la inspiración del Espíritu. Reclama de ellas la humilde fidelidad cotidiana. Y les enseña a encarnar el Espíritu en la letra de las cosas. El Espíritu que vivifica, que de vida. Porque si no… todo se torna una esclavitud, un agobio y una angustia.

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