Apoyándose en el deseo de Dios

Teresita ve que esa llamada hacia el Padre, que todo bautizado tiene, es una llamada que hace que el deseo de Dios, tan vehemente, tan absoluto… hace que todo ceda ante ese deseo. Todos los demás deseos que tengamos, lo que era prioritario en un principio en tu vida, acaba siendo relegado, subordinado, porque el deseo de Dios es más fuerte. Ella lo sabe y por eso insiste en excitar y provocar ese deseo.20180414_122814.jpg

Apoyarse en el deseo de Dios es apoyarse en Dios mismo. Cuando vemos que un alma tiene sed de Dios, que desea a Dios, hay que luchar por no por apagar esa sed y por provocarle más sed. Es lo mejor que se puede hacer, es el mejor apostolado. Desde la oración principalmente, y a veces también en el contacto directo, porque provocar la sed de Dios es hacer que esa persona se apoye más en Dios, busque más a Dios.

Santa Catalina de Siena, otra doctora de la Iglesia, enseñaba que sólo en nosotros, porque puede dilatarse hasta el infinito, el corazón es capaz de alcanzar a Dios. Solamente en el ser humano. Porque tenemos un alma a semejanza de Dios. Pero, sobre todo, la semejanza de Dios en nuestra alma es en el deseo, porque nos hace desearle casi tanto como Él nos desea a nosotros. Y ese deseo en nosotros puede llegar al infinito. Por eso somos capaces de alcanzar a Dios. Ninguna otra criatura es capaz de alcanzar a Dios como el ser humano, por esa capacidad que nos ha dado de desearlo. Dios es tan bueno que, para que podamos llegar a Él, nos ha dado la capacidad de desearle de modo que lleguemos a Él. Es una muestra más de la bondad de Dios.

Teresita ha ilustrado con su vida esta doctrina segura y tan olvidada: la doctrina del deseo de Dios. Cuando ella vivió, finales del siglo XIX, nadie se preocupaba de eso. El tema del deseo de Dios estaba aparcado. Vivía en una sociedad muy compleja, también, con la herencia del modernismo en el ambiente y con la herejía del jansenismo.IMG-20180329-WA0008.jpg

Francia para eso fue un terreno abonado. Un montón de deformaciones y de herejías que Teresita vivió en primera persona y cuyas consecuencias padeció también en primera persona, porque eso llevó al catolicismo a defenderse como un gato panza arriba. Como la Iglesia Católica se sentía atacada por muchos frentes diferentes, la reacción fue un endurecimiento de muchas cosas. Se perdió la perspectiva de Dios como Padre, la noción de Dios como Amante, y se impone la visión de Dios como un juez, como Alguien que marca unas pautas y que “obliga” a ir por unos carriles de los que no se puede salir. Impera la mentalidad de un Dios justiciero al que hay que pagarle cada céntimo de la deuda, que no va a perdonar nada y que si no acabas de pagarla ahora… hay que pagarla después, hay que purgarla después. En ese ambiente Teresita es formada y crece.

Pero ella tiene otro deseo. Ella desea amar y ser amada, y entiende que Dios no le puede poner ese deseo en el corazón si no lo va a realizar. Por eso después ella -por su propia experiencia- se agarra tanto al deseo de Dios. Porque agarrada a ese deseo empezó a caminar y nos abrió un camino, fue abriendo brecha y haciendo ruta. En ella el deseo tiene una importancia singular. Dice: “Dios nunca me da deseos que Él no pueda realizar”; y también: “Dios me hace desear aquello que Él quiere darme”.

Para mover a las almas que le han sido confiadas a realizar aquello que les resulta difícil o costoso, ella se apoya en el deseo que estas almas tienen de Dios: el deseo de Dios que se da a Sí mismo como recompensa.tipos-de-flores-margaritas

Ella presenta siempre a Dios como el que se da. No como el que solamente pide o como una especie de cobrador de impuestos al que hay que pagarle hasta el último céntimo de lo que debes. Teresita nunca ha visto así a Dios, nunca le ha entendido así, y no lo presenta así. Teresita presenta a Dios como Aquel que siempre se da a sí mismo en recompensa a mi esfuerzo. A esto que me cuesta y que se me hace difícil, Jesús no me va a dar un premio cualquiera, Jesús se va a dar a sí mismo. Él va a ser mi premio, Él va a ser mi recompensa. Entonces… ¿qué hace ella? Provocar en sus hermanas el deseo de recibir esa recompensa. Se emplea a fondo en provocar este deseo.

 

Un comentario en “Apoyándose en el deseo de Dios

  1. Cuándo vemos que un alma tiene sed de Dios,que desea a Dios,hay que luchar por no apagar esa sed y por provocarle más sed.Esto se cumple en mi al cien por cien,hasta no hace mucho,yo cumplía con mis obligaciones como católica practicante,pero nada más,no veía más allá.Ahora, gracias a Dios y a Las Carmelitas Samaritanas,tengo sed ,cada vez más.No me cansaré nunca de darle las GRACIAS. Para mí ,son parte de mi familia, mi gente.Todo un regalazo que me dio El Señor, Un abrazo.

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