¡Acompaña a Aquel que nunca te abandona!

Nos lo dice Santa Teresa en el Camino de Perfección en el capítulo 26 al comienzo del capítulo“Procurad luego, hija, pues estáis sola, tener compañía. Pues ¿qué mijor que la del mismo maestro que enseñó la oración que vais a rezar? Representad al mismo Señor junto con vos y mirad con qué amor y humildad os está enseñando. Y creedme, mientras pudierdes no estéis sin tan buen amigo. Si os acostumbráis a traerle cabe vos y El ve que lo hacéis con amor y que andáis procurando contentarle, no le podréis -como dicen- echar de vos…”

Santa Teresa no sabe estar sola, se esfuerza en buscar compañía y se descubre en su interior habitada por una Presencia. Esa Presencia la embellece y la hace ser. Se trata de salir de la ausencia para entrar en la Presencia. De nuevo se establece la relación de los amigos gracias a una sensibilidad tremenda, profunda, de fe y amor para detectar una Presencia escondida en mí, pero real.download

Nos servimos otra vez del Evangelio, como Santa Teresa solía hacer. Y vamos a contemplar el pasaje evangélico con el que hemos iniciado estas reflexiones. Nos lo narra el evangelista Lucas en el capítulo 24, en el versículo 13 y ss.

Aquel mismo día, dos de ellos iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante  de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: “¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?” Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ello, que se llamaba Cleofás, le respondió: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?” Él les dijo: “¿Qué?” Ellos le contestaron: “¿Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron”.

Entonces él les dijo: “¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?” Y, comenzando por Moisés  y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: ¡Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída”. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se los iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y se nos explicaba las Escrituras?” Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían  reconocido al partir el pan.IMG-20170608-WA0198

Vemos a estos dos discípulos que están de vuelta, camino de su pueblo, de Emaus. Van desanimados por la lectura que hacen de los hechos que han acontecidos en Jerusalén los días anteriores. Van juntos pero tremendamente solos y vacíos. Sin esa Presencia interior que les anime, les vivifique, les embellezca… ¡van tristes! Caminan pero van desanimados; van a Emaus pero van sin rumbo, sin rumbo interior, sin saber qué hacer con su vida, sin saber qué hacer con su desilusión. No esperan ninguna presencia.

Jesús aprendió a acompañar a lo largo de su vida. Les ve solos, desfondados, tristes y -como hace muchas veces con nosotros- se hace el encontradizo. Se mete discretamente en sus vidas para hablarles desde dentro y ahí -dentro de su corazón- las palabras de Jesús queman, revuelven, cuestionan, interpelan, hacen arder el corazón… “¿No estaba ardiendo  nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba por el camino y nos explicaban las Escrituras?”

Y ¡le ven! Y… ¡¡¡le miran!!!  “No os pido más de que le miréis”.

Y cuando desaparece de su vista, cuando ya no le ven, vuelven sobre sus pasos, empiezan a caminar con una Presencia dentro, ya no van solos y van con un brillo en los ojos que los hace testigos, que trasparenta a Cristo Resucitado.

Ahora nos toca a cada uno de nosotros entrar en la experiencia de estos discípulos de Emaus para ser como ellos, protagonistas de un encuentro con Cristo, para hacernos portadores de un Presencia, de un Don, de un Regalo que se llama Jesucristo Resucitado. ¡Nosotros somos los pobres discípulos del Evangelio!IMG-20170602-WA0000

Orar es vivir con la Presencia de Jesús dentro y con la mirada de Jesús impresa en mis pupilas; es mirar el mundo a través de sus Ojos, compartir esa visión, amar al mundo con la mirada y en que mi mirada todo el mundo se encuentre con Él. Orar es vivir con la Presencia de Jesús dentro del alma. Y Santa Teresa de Jesús desde el asombro de la Presencia de Jesús en su vida nos repite: “Mientras pudiéreis no estéis sin tan Buen Amigo.”

Nosotros, en todos los atardeceres de la vida, podemos orar y decir: “¡Quédate con nosotros, Señor, porque atardece!” Y en ese atardecer, esperar que llegue la noche y se nos cierren los ojos, vencidos por el cansancio, pero ¡mirándole! ¡Nuestra última mirada para Él! Y la primera al abrirlos, ¡también para Él!

“No os pido más de que le miréis”.

 

Un comentario en “¡Acompaña a Aquel que nunca te abandona!

  1. Nosotros somos los pobres discípulos del Evangelio.Hasta que no conocí su:GRITA AL MUNDO, tenía mucha teoría encapsulada ya después de tantos años siendo católica practicante, pero hasta ahí llegaba mi fe.Gracias a Dios que las puso en mi camino y todo cambio.Cada día descubro a través suyo , Este Jesús que me acompaña cada momento del día .Un abrazo.

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