Independencia

Hace varios días que me veo bombardeada por un aluvión de mensajes en torno a la controvertida cuestión de la independencia de Cataluña. La verdad es que es un tema que contemplo desde fuera y con bastante indiferencia: no tengo convicciones políticas y -aunque soy consciente de las repercusiones sociales y económicas que esa cuestión puede tener- me quedo tranquila, tomen las cosas el rumbo que tomen, y respetaré lo que el Estado de Derecho decida.

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En toda esta cuestión me impresiona que, cuando se está hablando de unidad, de Unión Europea, de unificar monedas y restar fronteras… aparezca ahora una región que quiera dar un paso atrás en lo que pueda facilitar las cosas y estrechar la mente y el corazón y recortar el horizonte y cerrar las puertas a la fraternidad universal… Me resulta bastante incomprensible.

Es cierto que todos hemos nacido en algún lugar del mundo y es normal que cada uno ame ese determinado lugar con su cultura y sus costumbres, pero por encima de eso, que es lícito y natural, no entiendo que se fanatice el tema hasta el punto de despreciar a nadie y atentar contra la paz. Sí, lo habeis leído bien: afirmo con tristeza, pero convencida de ello, que todo aquel que priorice su lugar de nacimiento y su origen al bien común, es un violento en esencia, pues no ama la paz si es capaz de anteponerlo al bien de la humanidad.

Todos somos ciudadanos del mundo y todos somos seres humanos con la misma dignidad y los mismos derechos y obligaciones. ¿Qué importa dónde hemos nacido para amarnos y hacernos el bien unos a otros? Lo que importa es hacia dónde se dirige nuestra vida y cuál es nuestro destino. Importa la meta, no el punto de partida, y desde luego… no es sano dar vueltas en círculo sin avanzar.

En cuanto al tema de la independencia… repito que no tengo convicciones políticas, sino que me guío por principios morales desde los que valoro y evalúo la vida y las realidades cotidianas, y respecto al tema de ser independiente… diría que es otro planteamiento absurdo. Nos guste o no, a nivel individual y colectivo, nadie es totalmente independiente. Todos somos interdependientes, porque necesitamos unos de otros para poder vivir y vivir bien, armónicamente y en paz. toscana6-postUna cosa es que yo sea libre y autónoma y gestione mi propia vida y tome mis propias decisiones, y eso es bueno y a eso debemos tender, y otra cosa es que sea un islote y pueda vivir absolutamente sola y sin necesitar de nadie. Esto último es mentira: necesitamos unos de otros en infinidad de cosas, aún en niveles muy básicos.

Nos guste o no, dependemos unos de otros: yo, con toda mi autonomía personal y económica y toda mi capacidad de autogestión, necesito de un dentista si me duele una muela. Seguiré siendo libre y autónoma y todo lo que queráis, pero “necesito” de él para que me cure y poder seguir manteniendo una calidad de vida, “dependo” de él para estar bien y disfrutar de mi autonomía y mi libertad. Y como este ejemplo hay miles en el día a día. Nadie es absolutamente autosuficiente, así que dejémonos de tonterías y reconozcamos que no se trata de aislarnos, sino de procurar entre todos el bien común y -sobre todo- de reconocer la realidad con paz y entre todos construir un mundo más humano y acogedor, más cálido y en el que se erradiquen la solitariedad y el aislamiento, el individualismo y el egoísmo que se nos cuelan bajo capa de libertad e independencia. Dependemos unos de otros y esa es una gran noticia que nos debe impulsar al servicio y a la entrega. ¡Qué responsabilidad tan grande saber que la felicidad de muchas personas depende de lo que yo hago, de mi trabajo y -sobre todo- de la sonrisa con que lo hago!

 

 

2 comentarios en “Independencia

  1. Ni entiendo ni entenderé nunca estas posturas tan radicales .La constitución es la que hay y a quien no le guste que se vaya dónde le dejen hacer éstos experimentos que dañan a todos. Esto pasa por darles tantos privilegios , piden y piden cada vez más, ahora toca coger todo el pastel para ellos , el de los ingresos claro, gastos para el estado. Espero que todo acabe bien y vuelvan a la normalidad.Un abrazo.

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  2. Justo ayer, tras cinco días de estancia muy reconfortante en el monasterio, leo en la prensa un escrito de la hermana Olga acerca del omnipresente independentismo catalán.
    Me alegra haberlo visto y me alegra la cantidad de sentido común que hay vertida en esos pocos párrafos.
    Conozco bastante el problema del separatismo que se viene fraguando en Cataluña desde hace al menos tres décadas, y hoy día es indispensable decir que tomarse demasiado en serio la tierra donde uno ha nacido o se ha criado entraña una violencia, pues de ese supremo apego se deduce con gran probabilidad un menosprecio a otras tierras y a sus personas. Recordar que hay que atenerse al Estado de Derecho, es decir, que se ha de dar al César lo que es del César, no es algo que precisamente en esta más que molesta actualidad deba obviarse si nos atenemos a que algunas autoridades catalanas incluso han llamado abiertamente a la desobediencia. Asimismo, conviene refrescar la memoria de aquello elemental cristiano: a Dios no le gustan las disgregaciones ni la estridencia que suele habitar en toda división, porque en verdad solo niegan el amor fraterno y se oponen al ideal al que está llamada la cristiandad de ser “un solo rebaño”.
    Por lo que se refiere a lo que es de Dios, que nuestra mirada y nuestra confianza perseveren puestas en Él “tomen el rumbo que tomen las cosas”, quizá resultará poco comprendido por no pocos lectores: el permanecer tranquila independientemente de los avatares no es una evasiva de una realidad inquietante y severa, la del separatismo, que desparrama sufrimiento y malestar, genera discordia y desconfianza en el seno de las familias y entre amigos y compañeros de trabajo, provoca cambios de residencia para poder entre otras cosas respirar aire no politizado, etc.; tras ello descansa el “nada te turbe” de santa Teresa, lo cual no es sino la pobreza de aceptar que nosotros solos no podemos contra los males y las desgracias, y que por muchos que pudieran cernirse y arrojarse sobre nosotros, “solo Dios basta”. Una España, unida, pero sin la fibra del humanismo cristiano, no da razón para esperar: en un plazo impreciso medio o corto, fracaso cierto. Por tanto oramos por una patria cuyo nervio central sea un catolicismo revitalizado -“siempre recomenzar, decía el artista-, en un empeño que no ha de cejar a pesar de cuantas debilidades, torpezas y desvíos amenazan y emergen en nuestros días por doquier, incluso en el mismo seno de la Iglesia católica. En un país con un cristianismo sincero y vivo no hay lugar para pensar en la desunión de una parte, menos para plantearla con arrogancia fuera de la ley.
    De modo que resulta sorprendente y grato que en la región catalana, sin duda la más descristianizada de España y que hizo hace mucho tiempo del nacionalismo una especie de religión, aun así, se den o se acojan iniciativas como la de los “40 días de oración por la vida” que se va a abrir con una Misa en el monasterio de Santa Isabel de Barcelona el próximo día 21, o esa otra de un grupo de jóvenes, “Guardianes de la fe”, que grabaron docenas de horas la persecución de cristianos en Irak para un documental estrenado hace unos meses en España, o el leve aumento en los últimos años de templos con Adoración Perpetua.
    Muy cordialmente, en Él.

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