Dime de qué presumes…

Los refranes son casi siempre una fuente de sabiduría popular auténtica. No sé si son algo típicamente español, creo que sí, pero son agudos y chorrean sentido común. Hay uno que, de manera particular, se me viene mucho a la mente últimamente, sobre todo contemplando el panorama que nos rodea: “Dime de qué presumes, y te diré de qué careces…”

Hace unos días se acercó a mí un buen hombre y me espetó a bocajarro con un tono un tanto desafiante: “Hermana, yo no creo en Dios”. Le miré un tanto perpleja por el abordaje inesperado, pero inmediatamente sonreí y le dije: “bueno… cada uno… rezaré por usted para que reciba el don de la fe; porque creer es un regalo” y seguí sonriendo, poniendo en mi sonrisa todo el cariño y la ternura de que fui capaz.

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El mantuvo su tono y su mirada desafiantes y me contestó categóricamente: “no rece, porque ni creo, ni quiero creer”. En su actitud y el tono de sus palabras capté un resentimiento inmenso y pude vislumbrar una historia de dolor en su vida y bastante amargura. Interiormente, en ese mismo momento, rogué por él, pero no le dije nada más, aunque él siguió mascullando entre dientes frases hirientes contra el Crucifijo que llevo, contra mi hábito, contra Dios, contra la Iglesia… ¡En fín…! Lo típico. Como respuesta… otro refrán: “al mal tiempo, buena cara”, silencio y seguir sonriendo.

Cada uno es como es, y no pasa nada: somos humanos y esto es lo que hay; se trata de acoger y comprender a todos desde el respeto y algunas veces echando mano de grandes dosis de paciencia. Si no obráramos así… la convivencia sería muy complicada, o imposible. Pero lo que me impresionó fue el ataque gratuíto, porque yo no le abordé ni me metí con él, sino que iba a lo mío, a mis asuntos, sin tratar de imponer mi fe, y respetando a los que no la comparten. Y sin comerlo ni beberlo, él vino a mí y me abordó con la confesión de su ateísmo, o su rechazo de Dios, como lo queramos llamar.

Este hombre no se limitó a expresar su falta de fe, que no era tal, sino un gran enfado con Dios. Si de verdad no creyera en Dios no estaría tan furioso y resentido contra alguien que para él no existe. Todo él rezumaba amargura y la necesidad de autoafirmarse en su desprecio hacia lo religioso.

¿No os habéis fijado que quienes más hablan de paz y de tolerancia son los más viscerales a la hora de agredir a los demás, los que atacan con mayor virulencia y más despiadadamente? wp-1488654443064.jpgAlgunas veces, sin saber por qué,resultamos agredidos y maltrechos por la violencia que guardan algunos en su corazón. Y en esos momentos… ¿Qué hacer? Devolver bien por mal y jamás devolver pedradas. Responder con mansedumbre a la violencia, con paciencia a la intolerancia y… permanecer en la propia postura sin necesidad de arrollar a nadie, porque cuando uno vive convencido de su verdad no necesita autoafirmarse: se sostiene sola, la sostiene la propia vida, no hay que enarbolarla ni agredir a nadie. No es necesario “presumir” de ateo para serlo en autenticidad, ni “presumir” de cristiano para serlo con coherencia.

Quien de verdad ha hecho una opción vital con seriedad -no una ventolera fruto de una rabieta- no necesita agredir a nadie, ni defender su opción cada cinco minutos a costa de arrollar a los que le rodean, simplemente vive según sus convicciones y deja vivir a los demás. Quien se autoafirma continuamente es porque no se cree su propia opción y la cacarea de contínuo: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”

 

 

2 comentarios en “Dime de qué presumes…

  1. Simplemente genial, muy de la vida real. Pues sí, hay que actuar de esa manera ante tanta intolerancia que camina por las calles.

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  2. Querida Madre Olga María, la actitud de ese caballero me hizo recordar que, hace mucho tiempo, un profesor ( que nos hacía clases de antropología y escatología ), Sacerdote Salesiano, nos dijo referente al hombre ateo :
    ” ¡ no creo en el ateísmo radical de los hombres ! “, pues él, a lo largo de toda su vida, según la experiencia que tenía como sacerdote católico ( un padre ya bastante mayor ), nunca observó, ni conoció a un ateo realmente feliz, o que en sus palabras reflejara una profunda convicción de lo que dice, tampoco hay una expresión serena en ellos, nos decía.; ” muestran una carga negativa que llevan por dentro, reflejan rabia, hablan con desprecio, incluso con grosería “. Si ellos no creen no tienen para qué reaccionar de aquella manera, el Padre nos decía también: ” es porque en lo más profundo del corazón ese hombre tiene una inquietud, sabe, reconoce que Dios existe, ” el amor o el odio no es hacia un ente abstracto, es hacia alguien que existe ” .
    El nos enseñó a responder tal como usted lo hizo con ese señor, nos afecte como nos afecte según nuestra sensibilidad, debemos ser siempre bálsamo para las heridas…..ellos buscan llamar la atención, y nosotros tenemos la oportunidad de ejercer la caridad aún cuando a veces tenga que ser de manera más heroica.
    Gracias, querida Madre, por compartirnos vuestras experiencias, he recibido un hermoso recordatorio de como debo ser con el más miserable de mis hermanos, hay de mí si no doy testimonio, pues comulgo a mi Jesús todos los días.
    Gracias una vez más.
    Un gran abrazo
    Eliana

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