Libros de autoayuda

 

 

Cada vez observo más claramente cómo esos llamados “libros de autoayuda” van ganando terreno en las librerías y entre personas con buena voluntad que buscan una lectura que potencie valores y ayude a la reflexión. Es tremenda la sutil trampa y la facilidad con que gente buena cae en ella. Esto me tiene preocupada.

¿Y en qué consiste la trampa? La inmensa mayoría de los libros de autoayuda son una respuesta a una necesidad urgente hoy, más o menos manifestada por la gente: vacío existencial, baja autoestima, sentimientos de culpa a flor de piel, inmadurez emocional, inhibiciones, inseguridades, miedos… y una lista larga de problemas de personalidad.

Ante estas realidades humanas que, evidentemente hay que tratar de afrontar y solucionar, los libros de autoayuda aplican para todo el mundo la misma receta. Para nada se tiene en cuenta que cada ser humano es único y tiene su propia historia y vive en primera persona circunstancias que parecen tener precedentes ya en otros seres humanos. Esto es -por supuesto- un error de base, porque cada circunstancia vital es diferente a la del resto, por muchos precedentes que haya. IMG-20170720-WA0122Pero esto no tiene importancia para los autores y editores de esa pseudoliteratura barata y mentirosa. Se contentan con empaquetar y vender consejos, rodeándolos de misticismo absurdo e inmaterialidad más absurda aún, y se receta el libro de autoayuda X como quien receta un analgésico para el dolor de cabeza.

A partir de ahí la lectura deja de ser un hábito sano y enriquecedor y se convierte en una especie de falsa terapia y una búsqueda de respuestas. Lo peor de todo -a mi entender- es esa especie de subidón emocional que se produce en el que lee su primer libro de autoayuda cuando tiene la sensación de haber encontrado un texto vital y fundamental, un resumen metafísico equivalente a un cursillo intensivo de filosofía.

Hace poco leí un comentario de una persona que acababa de leer uno de estos libros y cuando le censuraban la escasa -por no decir nula- calidad literaria del mismo, contestaba: “… a mí me va el mensaje. El contenido. He leído El Alquimista, es un cuento interesante. Aporta y ayuda a reflexionar. ¿No es eso suficiente? El Quijote es una de las mejores obras de literatura de todos los tiempos. No hay duda, ¿verdad? Ya lo leí, y no me hizo reflexionar. Para mí eso es lo más importante, reflexionar…”

Y en aras se ese deseo de reflexionar y de “espiritualizar” una vida excesivamente materializada que ya nos tiene hastiados, nos rodeamos de “libros espirituales” que potencian los valores. Ese es el gran engaño: que no potencian ningún valor, sino una filosofía de la vida descafeinada y basada en mentiras sin fín. La primera de todas fomentar un narcisismo y una autorreferencialidad aterradores que llaman “autoayuda” y potenciar la autoestima, pero no un autoestima realista, sino una visión falsa de la propia realidad, en la que se ayuda a “olvidar” los problemas, a no tenerlos en cuenta, a no darles importancia…

Es bueno y conveniente que las personas valoren su dignidad y sean conscientes de ella, pero no convertirlas en ególatras y en seres aislados, autosuficientes y egoístas. Hay que conducirlas a la verdad y no a vivir en mundos paralelos que no son reales, conduciendo a medio mundo a la paranoia. IMG-20170721-WA0104No se puede negar la existencia del sufrimiento propio ni ajeno y “enseñar” a las personas a vivir como si no existiera, ignorándolo y repitiéndose interiormente cinco mil veces cada día que eso no nos afecta. Eso no es ayudar a nadie; es terreno abonado para la paranoia y otros desequilibrios mentales.

La realidad es la que es y uno no puede vivir su vida prescindiendo de los demás y sin que no le afecte nada de lo que sucede a su alrededor a no ser que no esté psicológicamente sano. Madurez es asumir con paz, serenamente, la realidad y aprender a convivir con todo lo que nos toque sin perder por ello la alegría. Esa es la ayuda que necesitamos. Dejémonos de novelas de ciencia ficción y aprendamos que la vida tiene luces y sombras y que la belleza de ese cuadro se aprecia cambiando de ángulo algunas veces, pero no apagando la luz o mirando a otro lado.

 

4 comentarios en “Libros de autoayuda

  1. Querida Madre: opino exactamente igual que tú. Ese tipo de libros a mi tampoco me gustan. Lo intenté con uno y tuve de sobra. No dicen nada, están vacíos…. Y lo triste es eso, que algunas personas, sobre todo jóvenes se dejan llevar por esas tonterías que dicen en esos libros. Yo los llamo “sacaperras” 😂😂😂😂😂😂😂😂 porque es para lo único que sirven. Donde esté la fe en el Señor, la oración, la comunión y el consejo de un o una buena guía espiritual, que se quite todo lo demás. Madre, si yo hubiera conocido hace 50 años ( puf! Que vieja soy) a alguien como tú hoy seria completamente feliz…. Y no hubiera cometido tantos errores en mi vida. Pero en fin, nunca es tarde para acercarse a Jesús. Me cuesta mucho a veces, creer que él me sigue amando a pesar de todo y que me ha perdonado ….. No me atrevo ni a decirle que le quiero, que El fue mi primer amor y que dentro de mi corazón sigue siendo el primero y el ultimo. Quiero a mi marido, es una persona buena que me quiere y respeta, pero….. Yo siempre tengo un “pero” que no me deja ser completamente feliz. Perdón querida Madre. No pretendía soltarle este rollo. Es que es como una necesidad que siento que me hace dirigirme a tí . Y mira que podría ser tu madre por la edad, pero yo me siento muy pequeñita a tu lado y me encanta. Un abrazo y un beso grandote. Maríasun.
    El El vie, 28 jul 2017 a las 23:10, Grita al mundo escribió:
    > Madre Olga María posted: ” Cada vez observo más claramente cómo esos > llamados “libros de autoayuda” van ganando terreno en las librerías y entre > personas con buena voluntad que buscan una lectura que potencie valores y > ayude a la reflexión. Es tremenda la sutil tramp” >

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  2. Madre Olga María: simplemente gracias! Tengo 30 años y mil libros leídos de “autoayuda”, no encontraba mi camino, andaba perdida… Pero el Señor hizo que me encontrara a una persona que me enseñó “el camino”, el único y verdadero, que era reencontrame con el Altísimo.

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