Lanzándome a lo que está por venir

 

“No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo a ver si lo obtengo, pues Cristo Jesús lo obtuvo para mí.”

Yo solo voy, solo quiero ir. Pero el camino lo ha hecho Él primero. El premio lo tengo seguro, porque Él ya lo ha obtenido para mí. Solo tengo que ir a recogerlo.

El premio es lo más grande que una mente humana ha podido concebir. Yo, mujer, humana, limitada, voy a recoger el premio que Jesús ha ganado para mí. El premio de que, siendo humana y limitada, y pobre y finita, Él me ha convertido en Hija de Dios; transformando mi pobreza, mi limitación, mi naturaleza de muerte y destinada a la muerte, en una naturaleza inmortal, divina, de hija, y heredera de Dios, de una vida que no se acaba y de una felicidad eterna e infinita.

¡Ese es el premio que Jesús me ha conseguido! ¡Y lo tengo seguro, porque ya lo ha conseguido! Solo tengo que caminar y recoger el premio. Si camino, y voy hacia Él, lo recogeré seguro, me lo van a dar seguro. Pero tengo que ir a recogerlo.

“…solo busco una cosa -y esta es la verdad-: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome… ¡Lanzándome! No caminando, sino ¡lanzándome con todo mi ser, con todas mis fuerzas, con toda mi alma, con todo mi deseo! “…Lanzándome hacia a lo que está por venir…”, eso que Dios sabe y está en su Mente y en su Corazón, hacia a eso me lanzo, aunque no sé muy bien lo que es, aunque apenas lo vislumbro. ¡Pero me lanzo hacia a lo que está por venir, rompiendo con el pasado, sin mirar hacia a tras, olvidándome de todo aquello! Bueno, malo o regular, el pasado es pasado y es un lastre, no me deja lanzarme hacia a lo que está por venir.

El pasado solamente hay que hacer una cosa con él, una, nada más: ¡depositarlo en el olvido eterno del Corazón de Cristo! En el momento en que yo deposito mi pasado -todo mi IMG-20161107-WA0005pasado, con lo bueno, con lo malo, con lo regular, con lo que me duele, con lo que ya no me duele, todo lo que ha sido mi vida hasta ahora-, lo deposito en el olvido eterno, en la misericordia infinita del Corazón de Cristo, ¡quedo libre, ligera! El pasado solamente puedo hacer eso con él. ¡Cargar con él toda mi vida no tiene ningún sentido! En el momento en que lo deposito ahí, en el Corazón del Señor, quedo libre, absolutamente libre y ligera, para lanzarme como una flecha, con todas mis fuerzas a lo que está por venir.

¡Es tan actual esto en mi vida! ¡Tiene para mí tanto sentido en este momento de mi vida! ¡Cada día este texto es nuevo para mí!

“…lanzándome hacia a lo que está por venir, corro hacia la meta -a recoger mi premio, que me lo van a dar cuando llegue a la meta- para ganar el premio, al que Dios desde arriba, me llama en Cristo Jesús.”

Mi premio es la posesión eterna de Dios, como hija Suya. ¡Es inconmensurable, casi inconcebible! ¡Soy hija de Dios! ¡Y mi premio es el Regazo de mi Padre, las Entrañas de amor de mi Padre!

Pero, para eso, tengo que lanzarme hacia a lo que está por delante, hacia a lo que está por venir, y desembarazarme del pasado. Esto es importante, porque conozco muchas personas –pero muchas, ¿eh?, no una o dos, ¡muchas!- atascadas en su vida espiritual, porque no son capaces de deshacerse de su pasado. Y quieren, quieren ir hacia delante, pero es imposiçpoih´´ble, están trabadas, encadenadas…, lamentándose, con unos arrepentimientos extraños, que yo no entiendo. Porque el arrepentimiento, cuando algo hemos hecho mal, nos tiene que llevar a descansar en Dios, no a angustiarnos eternamente. Y yo digo: ¿Quién no tiene cosas de qué arrepentirse en la vida? ¿Quién?…

Y hay personas que se auto-castigan, se auto-compadecen…, caen en el derrotismo, en el victimismo… y pierden su tiempo, su vida, sus energías en lamentarse. Y están ahí paradas días, meses, años en el mismo punto, sin avanzar un paso, porque el centro de su vida es su pasado, lo que han hecho, lo malas que han sido, las cosas que han hecho mal… Sí, bueno… ¿y qué? ¡¡Deja tu pasado y lánzate hacia a lo que está por venir!!

Luego hay otro grupo: el de los profetas de desventuras, que aseguran que cualquier tiempo pasado fue mejor… ¡Qué engaño tan grande!

Nada es mejor que el presente, ¿sabéis por qué? Porque el presente me permite amar a Dios y reconducir mi vida hacia Él. El pasado ya no. El pasado solo logra que me distraiga de la oportunidad que me da el presente de amar a Dios. ¡El pasado es un lastre! El pasado hay que abandonarlo y lanzarse, con toda la fuerza y todo el amor, hacia a lo que está por venir, seguir corriendo hasta la meta y alcanzar el premio! Y, en cada momento presente, amar a Dios con todo mi ser. ¡Eso  es lo único que sirve para algo!

IMG-20170521-WA0079Es una mentira -¡pero una burda mentira, un engaño tremendo, una tentación tremenda del enemigo!- pensar que el pasado fue mejor, que lo anterior era mejor… ¡¡No, no!! ¡Lo mejor es hoy, ahora, amar en este instante! ¡Eso es lo mejor siempre! ¡Y nunca mirar hacia atrás! Recordad a la mujer de Lot convertida en estatua de sal por mirar hacia atrás…

¡Hacia atrás no hay que mirar ni para coger impulso! ¡¡Nunca!! Jesús no está atrás, ¡está delante! Está delante con mi premio, con mi tierra prometida… ¡que es Su Corazón! La posibilidad de vivir eternamente en su Corazón… ¡ese es mi premio! ¡Esa es mi Tierra Prometida!

 

 

Un comentario en “Lanzándome a lo que está por venir

  1. Me gusta el plan de viaje que nos propone Madre Olga.Oyendola a usted parece facil.Con la ayuda de Dios nos iremos acercando a Su encuentro.Gracias por sus palabras,mucho bien nos hace .

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