Dichoso el que no se escandalice de Mí

Dice el Evangelio que “junto a la cruz de Jesús estaban Su Madre y la hermana de Su Madre, María, mujer de Cleofás y María Magdalena” (Jn 19, 25)

Yo en varias ocasiones he rastreado el Evangelio, buscando, como mujer que soy, la llamada de Jesús a todas estas mujeres que le seguían y que le llegan a acompañar hasta el Calvario y nunca en ninguno de los cuatro Evangelio he encontrado que Jesús llamara expresamente a su seguimiento a ninguna de ellas.

A los hombres, a los apóstoles, les llamó; a Zaqueo, le llamó a la conversión; a varias personas Jesús las llama, pero todas estas personas son hombres. Las mujeres no fueron llamadas expresamente. ¿Por qué? No hacía falta, porque ellas le ven, ellas le conocen y, aunque Él no las llame… ellas le quieren, le aman y le siguen. cropped-img-20160911-wa0378.jpgJesús no necesita llamarlas expresamente a su seguimiento: ellas quedan fascinadas por Él, por su persona, por su trato… ¡Cómo las quiere, con qué cariño y con qué delicadeza las trata…! Y ellas quedan totalmente subyugas y enamoradas de Él y le siguen. Y le siguen… hasta el final. Donde los apóstoles no llegan, llegan ellas: en el Calvario, junto a la Cruz de Jesús -un poco más allá que la Virgen y Juan- había algunas mujeres.

Por un lado… es evidente que no necesitamos ninguna explicación precisa de la razón por la que su Madre estaba allí: era su Madre y este hecho explica que Ella estuviera con Él, no hay que buscar más explicación. Pero sí que podemos pensar: ¿por qué ellas estaban allí? ¿Por qué estaban allí las otras mujeres? ¿Quiénes eran y cuantas eran?

Los Evangelios nos citan los nombres de algunas de ellas: María Magdalena; María, la madre de Santiago, el Menor; Salomé, la madre de los hijos de Zebedeo; una cierta Juana y una cierta Susana. Estas mujeres habían seguido a Jesús desde Galilea.

Galilea es el lugar donde Jesús pasó su infancia, sus primeros años. Galilea es el lugar del hogar; Nazaret, el hogar de Jesús y María, está en Galilea. Galilea es el lugar de la intimidad, de la vida de familia; así como -por contraposición- Judea es el de la predicación y la vida pública. descargaLas manifestaciones más notorias de Jesús tienen lugar en Judea, en Jerusalén o en las cercanías de Jerusalén, mientras que Galilea es el lugar de la intimidad.

Y ellas le habían seguido desde Galilea. Lo habían acompañado llorando en el camino del Calvario; en el Gólgota, observaban de lejos, o sea, desde la distancia mínima que se les permitían acercarse. Y después de muerto, ellas siguen con Él: acompañan su cadáver con tristeza, con dolor, con profunda pena, al sepulcro.

Este hecho, está demasiado comprobado y es demasiado extraordinario como para pasar por encima de él sin darle importancia. Las llamamos, con cierta condescendencia, “las piadosas mujeres”. Pero yo creo que es un apelativo injusto: ¡No son unas mujeres piadosas! Son unas mujeres valientes, intrépidas, que se atreven a hacer lo que prácticamente nadie se atreve a hacer, lo que los más íntimos de Jesús no se han atrevido a hacer. No son unas mujeres piadosas que, solamente por un sentimiento pío, hacen eso… sino porque de verdad le aman y son valientes, intrépidas… y desafían el peligro que supone dar la cara por un hombre que ha muerto fuera de la Ley, que ha muerto como un maldito.

Y es impresionante… cropped-wp-1479886053322.jpg¡porque ellas no son su Madre! No lo son pero dan la cara por Él, Le siguen hasta el final, desafían el peligro y se puede decir de ellas lo que dice el evangelista Lucas en el capítulo 7 versículo 23 lo pone en boca de Jesús: “Dichoso el que no se escandalice de Mí.” Ellas son dichosas porque no se escandalizan de Jesús. Estas mujeres son las únicas que no se han escandalizado de Él. Y ellas son -de alguna manera, en este momento- un referente para nosotras, las Carmelitas Samaritanas: no escandalizarnos de Él y estar con Él siempre a las duras y a las maduras, y muchas veces son más las duras que las maduras. Pero no dejarle solo de modo que Él pueda decir de nosotras lo mismo: “Dichosas porque no os habéis escandalizado de Mí”.

2 comentarios en “Dichoso el que no se escandalice de Mí

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