Dios siempre vence en mí

Me duele y me preocupa que -todavía hoy-  haya tantos cristianos que tengan miedo a Dios, porque eso significa que hay determinados ambientes eclesiales y determinadas espiritualidades que todavía apuntan por ahí: al miedo a Dios, a la exigencia implacable… Cuando la exigencia de un cristiano tiene que ser puramente el amor y lo que el amor conlleva de donación y de entrega: a mí nadie me exige nada, es que yo amo y espontáneamente quiero y me sale.wp-1484913172086.jpg

Y todavía hay cristianos que siguen teniendo miedo a Dios, que siguen viendo a Dios como una especie de “aguafiestas” que, cuando entra en tu vida, te fastidia; que te prohíbe continuamente cosas y que es una especie de juez  que está siempre pidiendo cuentas y explicaciones. Y por eso muchas personas están alejadas de Dios y de la Iglesia: porque quizá lo poquito que han oído hablar de Dios ha ido en esa línea y eso no atrae a nadie, sino que repele a cualquiera.

La fe cristiana, sin embargo, se expresa más plenamente en la alegría por haber descubierto el amor de Dios. La fe cristiana no es otra cosa sino un gozo indecible e inenarrable porque te has encontrado el Amor personal de Dios hacia ti y ese en el que uno puede apoyarse, vivir, descansar, abandonarse… Y uno de los retos de los cristianos de hoy, cuando se habla tanto de la Nueva Evangelización, es transmitir esa realidad: ¡yo soy inmensamente feliz porque soy cristiana!

“¡Ahhh! Pero… ¿ser  cristiana te puede hacer inmensamente feliz?”

¡Sí! Porque me he topado de bruces con el amor personal de Dios hacia mí en Jesucristo; me siento querida, me siento cuidada, me siento mimada… me siento de verdad importante para Él. Y por eso ya no me importa lo que piensa el resto, que yo sé que para Dios soy importante y a mí eso me llena de alegría, de felicidad, me hace rodar… ¡Esa es la plenitud de la alegría! ¿Por qué estoy alegre? Porque tengo esto y teniendo esto -la fe cristiana con lo que supone de experiencia de Jesucrito- lo tengo todo y no necesito nada más.

La fe vivida de esta manera es testimonial, es evangelizadora, elimina de tu vida el fatalismo dramático, el victimismo absurdo y también delante del propio mal. Porque cuando tú vives el encuentro personal con Dios, un encuentro personal con Alguien que te quiere con locura y te llena absolutamente, cuando tú lo vives así… incluso tu percepción del mal y tu aceptación del mal que te rodea cambia; o  sea, cambia todo.

De modo que, esa alegría del encuentro con Dios puede convertir tu mal, tu pecado, el que tú tengas -que cada uno tiene el suyo- la culpa se convierte en feliz culpa. “¡Óh feliz culpa – dice el Pregón Pascual – que nos mereció tal Redentor!”

Lo grande de todo es que hasta en tu pecado la bondad y el amor de Dios  vencen. O sea: por mala persona que tú seas… no vas a inventar nada nuevo ni en lo malo: no vas a romper tú el molde y vas inventar una maldad nueva. Ya está todo inventado. Es que hay gente que recalca tanto su pecado y su mal que no deja de darse importancia hasta en eso… somos así de absurdos algunas veces. wp-1484913199034.jpg“He cometido un pecado que es lo más de lo más”  ¡No, no, no! Lo más de lo más es que en tu pecado, en toda tu podredumbre, aunque sean toneladas, Dios vence, Dios es más, la bondad de Dios resplandece. Por eso tu culpa se convierte en feliz culpa, porque la grandeza y la magnitud de tu pecado hacen que la magnitud del Amor y la Misericordia de Dios brillen y resplandezcan más.

Entonces eso hace que hagamos lo que hagamos y pase lo que pase, podamos ser las personas más felices, aun detrás del pecado más gordo y más gordo de lo más, si yo me vuelvo a Dios y reconozco ese pecado que es mío y no intento decir que fue del de al lado, que esa es otra… Si yo asumo la responsabilidad de mi pecado -¡que es mío, personal e intransferible!- y no lo niego, el resultado de eso es que la misericordia de Dios y el amor de Dios resplandecen mucho más en mi pecado, con lo cual siempre tenemos la posibilidad de ser las personas más felices, de poder sonreírle a Dios y de gozar alegremente del amor de Dios.

Pero el mayor veneno -el mayor, ¿eh?- que va siempre de la mano del pecado, es la tristeza. No hay un santo verdaderamente santo que sea triste. ¡La santidad es alegría! Y la tristeza es el mayor veneno contra la santidad, porque va contra la alegría, es el tóxico número uno contra la vida en si.

Porque mirad: la persona que da pie a la tristeza, es un suicida espiritual, se está matando interiormente. ¿Por qué? Porque se está envenenando y tú te puedes envenenar con cianuro  potásico -y la muerte es rápida- o te puedes ir intoxicando poquito a poco, vas inhalando un vapor tóxico un día, otro día y otro día… y después de ocho meses, tienes cáncer de pulmón. O sea: te puedes envenenar en cámara lenta  o te puedes envenenar en plan fulminante. A lo que voy es que muchas veces en nuestra vida nos vamos envenenando a cámara lenta porque nos vamos dejando llevar de la tristeza.

Con esto no estoy hablando de un momento malo que tengas: “Hoy estoy triste, tengo un rato malo.” wp-1484913163519.jpgEso a todos nos pasa, forma parte de la condición humana. Ahora tú tienes  que hacer que el rato malo sea sólo un rato malo. No una cosa que vas dejando que entre en tu vida y se vaya convirtiendo en una especie de atmosfera en la que se desenvuelve tu vida, se apodera de tu existencia muy solapadamente y al final vas por la vida como un alma en pena, autocompadeciéndote, pretendiendo  que los demás te compadezcan también…

¡¡No!! Estamos llamados a la alegría en Dios y tenemos miles de razones para ser felices y estar muy alegres. Es urgente la evangelización desde la alegría, desde la afabilidad y la sonrisa. Que viéndonos se disipen los temores que las personas puedan albergar en su corazón con respecto a Dios. Que la presencia de los cristianos ilumine de verdad el Rostro de Dios.

5 comentarios en “Dios siempre vence en mí

  1. Yo encontré al Señor hace más de veinte años en el Camino,y me cambio la vida,aunque siga cayendo en mis pecados una y otra vez,pero confío en su perdon

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  2. Madre Olga, no puede imaginarse lo bien q me hace leer este texto q tan sabiamente ha escrito, Dios perdona nuestras faltas, nuestros pecados por su inmenso amor hacia Nosotros, pero q dicifil es perdonarse a uno mismo. Gracias Madre por darnos luzen este caminar

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  3. Madre Olga, no puede imaginarse lo bien q me hace leer este texto q tan sabiamente ha escrito, Dios perdona nuestras faltas, nuestros pecados por su inmenso amor hacia Nosotros, pero q dicifil es perdonarse a uno mismo. Gracias Madre por darnos luz en este caminar

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