¡¡Déjame estar contigo!!

 

Déjame estar contigo, déjame estar aquí, echar en el olvido todo lo que viví.

Déjame estar contigo y descansar al fin,que tu presencia, Amigo, es vida para mí.

Déjame estar contigo, así quiero vivir, que tengo por perdido lo que pasé sin Ti.

Déjame estar contigo para llorar y reír,las piedras del camino no me podrán herir.

Déjame estar contigo, quiero quedarme así; tu Corazón y el mío serán sólo un latir.

Déjame estar contigo, así quiero morir, que Tú eres mi destino y tengo sed de Ti.

Dejame estar contigo aunque haya que sufrir que ya probé tu Vino y de tu Pan comí

Déjame estar contigo y hacerte sonreír,que es tarde y hace frío, déjame estar aquí.

Déjame estar contigo, quiero olvidarme a mí y quedarme dormido, sentado junto a Ti

 

Esta canción tan preciosa, en el tiempo del Adviento, la tenemos que cantar dándole la vuelta. La tenemos que cantar escuchando que es Jesús el que nos dice a cada uno de nosotros: “Déjame estar contigo”.wp-1482406445859.jpg

Porque, aunque nos parezca difícil de creer a veces por nuestra pobreza, por nuestra pequeñez, por nuestra faltas de generosidad; porque a veces nuestra vida no está a la altura que debía estar la vida de alguien que quiere estar con Jesús, que quiere seguir a Jesús… Pues, aunque nos parezca increíble por todo esto, es una realidad que Él quiere estar con nosotros.

Y esa canción, que cantamos tantas veces y que es tan preciosa, en Adviento yo creo que su sentido pleno lo adquiere cuando la cantamos como dirigida a cada uno de nosotros. Es muy impresionante, porque es Jesús quien nos pide que le dejemos estar con nosotros.

Y yo me pregunto: ¿quién soy yo, para que Dios me suplique a mí, me pida a mí que le acoja y le deje estar conmigo? Si Él es Dios y, como tal, puede hacer lo que quiera… En buena lógica, sería lo que se puede contestar, la objeción que se puede poner: ¿por qué me pide permiso Él a mí? ¿Quién soy yo para que Él me pida a mí permiso para venir a estar conmigo?

Pues la respuesta es muy sencilla: yo soy una criatura infinitamente amada y, por eso, infinitamente respetada por Dios. Él nunca va irrumpir en mi vida violentándome, forzándome a nada, atropellándome. Él se va asomar a mi vida con un amor inmenso. Y por eso, con un respeto inmenso a mi persona y a mi libertad. Y Él viene, ahora viene y me dice:

“¡Déjame estar contigo! ¡Déjame estar aquí! ¡Déjame que te ayude a echar en el olvido todo eso que viviste y quieres olvidar, todo eso que te ha hecho daño; que… en un momento dado te ha dolido, te ha hecho sufrir, Yo quiero ayudarte a curarlo! Yo quiero ayudarte a sanarlo, pero déjame que venga a ti… ¡Déjame que estar contigo!wp-1482406445881.jpg

¡Déjame estar contigo para que puedas descansar al fin! ¡Déjame irrumpir en tu vida para darte vida, para ser tu descanso, tu reposo, tu sosiego! ¡Déjame estar contigo para llorar y reír, para que las piedras del camino, si Yo estoy contigo, no puedan herirte! ¡Déjame estar contigo y quedarme siempre así contigo, para que tu corazón y el Mío lleguen a ser un solo latir! ¡Déjame! ¡Ábreme! ¡Te estoy pidiendo! ¡Te estoy suplicando! ¡Déjame estar contigo!

¡Déjame estar contigo, porque estando contigo y por ti y para ti, yo quiero morir! Para darte vida, para ser tu vida, ¡quiero morir! Piensa que, al fin, Yo soy tu destino y tengo sed de ti, y ¡tengo sed de que tú tengas sed de Mí! ¡Déjame estar contigo!

¡Déjame estar contigo, aunque para estar contigo, Mi Corazón tenga que sufrir!… ¡No me importa, con tal de salvarte y de hacerte feliz! ¡Déjame estar contigo y hacerte sonreír! Que es tarde y hace frío,… ¡déjame estar aquí!”…

¡Qué bueno es Dios y qué condescendiente, cuando se acerca a nosotros así! Y así viene Él: bajo humildes apariencias, mendigándonos, suplicándonos la posibilidad de que le dejemos hacernos felices. ¡Viene a nosotros! ¡No tengamos miedo de abrirle las puertas de nuestra vida de par en par!…

Que no vuelva a suceder en nosotros las palabras terribles del Evangelio: “vino a los suyos y los suyos no le recibieron”. ¡Que no vuelva suceder nunca más!

Que, cuando Jesús diga, cuando Jesús me diga a mí, a cada uno de nosotros, particularmente, en ese  diálogo personal que Él va a tener con cada uno… Cuando Jesús nos diga “déjame estar contigo”, encuentre una persona abierta, dispuesta, un corazón entregado. Que no se vuelva oír nunca que “vino a los suyos y los suyos no le recibieron.”

2 comentarios en “¡¡Déjame estar contigo!!

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