Dichoso el que no se escandalice de Mí

Domingo de la Tercera Semana de Adviento (Ciclo A)

  • Is 35, 1-6a.10: Dios viene en persona y os salvará
  • Sal 145: Ven, Señor, a salvarnos
  • St 5, 7-10: Manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca
  • Mt 11, 2-11: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

 

Reflexión: El Señor es fiel a su Palabra y a su compromiso de salvación, por eso su venida y su entrega son presentes y continuas. Viene a cada uno de nosotros y hemos de “mantenernos firmes porque la venida del Señor está cerca”. Hemos de ser pacientes y desterrar de nuestra vida los lamentos y los quejidos. No sirve de nada quejarse y lamentarse de continuo…

Lo grande de la venida de Jesús es que en su Persona resplandecerá la bondad del Padre, le identificaremos porque los dolores profundos de la humanidad quedarán aliviados y sanados para siempre. Jesús responde a los discípulos del Bautista: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo: los ciegos ven, y los inválidos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de Mí!”

Toda esta obra preciosa de Dios tiene lugar en lo sencillo y humilde, en lo oculto y pequeño, en la Galilea de los gentiles, no en la Judea de los piadosos… “¿de Nazaret puede salir algo bueno?” Por eso Jesús llama bienaventurados a todos aquellos que son capaces de no escandalizarse de Él, de su sencillez, de su pobreza, de su incógnito…

Es la hora de los débiles y los humildes, nuestro Dios “trae el desquite, viene en persona, resarcirá y los salvará”. Pero esto será siempre contando con la incomprensión de los sabios y poderosos de este mundo. El Señor llega en la fragilidad de un recién nacido. La Omnipotencia de Dios nace de una mujer del modo más extraordinario –sin concurso de varón y de una madre virgen- pero en la apariencia más ordinaria y sencilla –un matrimonio joven que tiene un hijo- esto es muy escandalizante para muchos… Por eso: bienaventurados nosotros si no nos escandalizamos de Él.

Oración: Dios mío, concédeme la gracia de que no me escandalice de tu sencillez y tu humildad. Convierte mi corazón engreído en un corazón de niño capaz de acoger el misterio de tu humildad y abajamiento. Amén.

Un comentario en “Dichoso el que no se escandalice de Mí

  1. Y contra todo pronóstico… salió de Nazaret la debilidad que confronta este mundo de poderes e intereses mezquinos. Madre gracias una vez más por sus reflexiones.

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