La esperanza

(Artículo publicado en La Nueva España el 2 de diciembre del 2016)

Estamos en una época del año, el Adviento, que es especialmente preciosa e ilusionante. Para los no creyentes esto puede sonar a chino. Os explico: el Adviento es el tiempo que en la Iglesia dedicamos a prepararnos espiritualmente para las celebraciones del Nacimiento de Cristo, que es la Navidad. Son cuatro semanas intensas y muy hermosas que se caracterizan principalmente por ser un tiempo de espera y de esperanza. Y de esto último pretendo hablar ahora: de la esperanza.wp-1480234391412.jpg

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua española define así la esperanza: “estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea.” Con todos los respetos al diccionario, he de decir que me parece una definición pobrísima: ¿un estado de ánimo? ¡¡No!! La esperanza no puede ser algo tan frágil y voluble como un estado de ánimo. La esperanza es una actitud continuada y firme, hacia algo o alguien de quien estamos pendientes y en quien posamos nuestra mirada y nuestras aspiraciones. La esperanza es el pórtico de la confianza y la confianza es esa esperanza revestida de amor. La confianza es la esperanza llevada al terreno de las relaciones interpersonales: si yo confío en alguien es porque tengo esperanza en esa persona.

Y ¿qué pretendo con todo este rollo de definiciones? Pues… expresaros lo que yo entiendo por esperanza y cómo intento vivirla. Cuando escribo estas parrafadas intento no ser demasiado monjil para no aburriros, pero lo cierto es que soy una monja y hablar de la esperanza hace inevitable mencionar mi fe cristiana, porque mi esperanza está en Dios. Nada ni nadie en este mundo merece mi confianza y mi esperanza como Dios, y más en esta época previa a la Navidad.

La esperanza es una postura del corazón que fija sus deseos y sus anhelos en algo o en Alguien y ahí descansa. La esperanza no es positivismo, tampoco un optimismo hueco de baratija… eso se desploma con el primer vendaval adverso que nos azota en la vida. El optimismo y el pesimismo son extremos e indican simplemente que las personas somos frágiles y nos cuesta centrarnos en la verdad. No es bueno ser pesimista ni optimista, es bueno ser realista. Es decir: mirar la vida con serenidad, desde la aceptación de la realidad que me rodea, sin disfrazarla ni deformarla con gafas de optimismo o de pesimismo. Y desde ese sano realismo… abrazar la vida con esperanza.

La esperanza es un cimiento vital: wp-1479998593655.jpg¿dónde o sobre qué construyo yo mi vida? ¿en quién o en qué pongo yo mi esperanza? ¿qué espero de verdad en la vida? ¿cuáles son mis anhelos más íntimos y profundos? ¿qué hace brincar mi corazón? Mirad: la vida es una gran escuela y últimamente estoy recibiendo un cursillo intensivo de relativizar, de distinguir entre lo sólido y lo efímero, entre lo estable y lo pasajero, entre lo temporal y lo eterno. Os recuerdo que el tiempo que tenemos de vida es breve y no podemos malgastarlo en tonterías y sin ser felices. La vida es muy corta y no podemos poner nuestra esperanza en lo que no es sólido y se acaba, sino en lo que es estable e imperecedero.

Como creyente yo lo tengo claro: mi esperanza depositada en Jesucristo, que no defrauda y permanece en medio de mis oscuridades, en mis cansancios, en mis traiciones, en el dolor, en la muerte de aquellos que más amamos… Y eso me permite afrontar la vida desde el realismo y siendo consciente de lo que me rodea y hacerlo con fuerza, con ganas, con alegría… Aunque a veces las situaciones o el dolor nos cerquen por todas partes, yo quiero tener esperanza en Dios y en su Palabra. Estamos en Adviento, tiempo de espera y de esperanza.

2 comentarios en “La esperanza

  1. Gracias, Madre por cada una de vuestras reflexiones en este tiempo maravilloso de Adviento, en el que necesitamos preparar nuestro corazón para poder recibir dignamente al Niño Dios.
    En este tiempo precioso, experimento un gozo especial en el corazón sobre todo cuando rezo Laudes y Vísperas; y doy gracias a Dios el poder complementar más profundamente mi crecimiento espiritual a través de lo que usted nos envía, lo cual es un tesoro de infinito valor, vuestras reflexiones es lo primero que buco en la mañana y de allí saco mi propósito del día, no soy una lectora simplemente, sino que vivo de vuestra espiritualidad, me alimento de vuestra sabiduría.

    ¡¡Gracias Madre Olga María !!

    Un abrazo
    M.Eliana

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