Santa Bernardita

Hoy quiero dedicar un post a Santa María Bernarda Soubirous, Bernadette, Bernardita, la Vidente de Lourdes.

¡Es para mí una santa muy querida! Bernardita encarna de alguna manera, mi ideal de sencillez, de pequeñez, de candor, de inocencia… Era profundamente inocente, profundamente sencilla; era de verdad pobre de espíritu, absolutamente limpia de corazón. Bernadette desconocía la doblez, la complicación, el disimulo…

Estoy convencida de que por eso la Virgen la escogió, por eso mismo pudo ver a la Virgen: por su limpieza, por su transparencia, porque era una criatura sencilla; porque era una criatura tremendamente pura, pudo ver a la que era Purísima. ¡Y yo la quiero mucho! ¡Quiero muchísimo a Bernadette!220px-bernadette_soubirous_1_publicdomain

Todo en ella me atrae: su espiritualidad, su sencillez… sobre todo me conmueve su ignorancia… su falta absoluta de malicia, su capacidad de fiarse, de dejarse conducir. Bernadette no conocía en nada, ni remotamente, qué cosa era el amor propio. No concebía que nadie pudiera tener malicia. Era de verdad de los que van por delante siempre en el Reino de Dios.

Y ella… es verdad que era ignorante, muy ignorante, pero tenía la inteligencia de los que “saben” a Dios, de los que conocen a Dios. Y eso es lo que la condujo a ver a la Virgen y, por supuesto, a la santidad.

Bernadette no es Santa María Bernarda Soubirous porque vio a la Virgen; porque vio a la Virgen es la simplemente la Vidente de Lourdes. Ella es Santa Bernadette, Santa María Bernarda Soubirous porque vivió y practicó las virtudes en grado heroico. Independientemente de que viera la Virgen o no, su santidad está en la vivencia de las virtudes cristianas y evangélicas en grado heroico.

A mí, como os digo, que me conmueve mucho y repito que, aunque era ignorante, no era tonta. Comprendía, intuía a Dios, barruntaba su Querer, su Voluntad, lo que a Él le gustaba, lo que a la Señora le gustaba, lo que a la Señora le ponía triste, lo que a Jesús le ponía triste… Bernadette era así. Y el Corazón del Señor se complacía en ella. Por eso le permitió ver a su Madre, hablar con su Madre.

Ella decía que, desde el punto y hora en que vio a la Virgen, vivió con una permanente nostalgia del cielo. Lo único que deseaba era volverla a ver. Y cuando concluyeron las apariciones, ella supo que ya no la iba a volver a ver más en esta tierra y todo su deseo era irse al cielo para volverla a ver y no dejar de verla ya nunca más.

Y Bernardita, que se consideraba a sí misma una pobre, una mendiga, aquella que todo lo espera, fue experta en no pensar en sí misma, en arrinconar la soberbia y huir crédito humano… Habiendo sido la Vidente de Lourdes, habiendo visto a la Virgen, hubiera podido utilizar eso para ser el centro, para ser tenida en cuenta, para ser estimada… ¡Ella no hizo nada de eso! Su sencillez, su humildad le impedían nada de eso. Siempre se consideró a sí misma una pobre mendiga.08f862dbc4bb96b2ccdae833516a7693

Procedía de una familia humilde, muy pobre, y pasó verdadera necesidad material… nunca aspiró a las riquezas, ni a ser más. Siempre quiso ser, ella lo dice así, una simple criada ¡Nunca aspiró a otra cosa!  Otra cosa fueron los designios que Dios tenía sobre ella, pero nunca quiso otra cosa sino ser una pobre criada, alguien que se dedica a servir a los demás, a obedecer a los demás, en las tareas más humildes… Y delante de Jesús se sentía una pobre mendiga, aquella que no tiene nada y lo tiene que pedir todo.

Hay en Lourdes un Vía Crucis. Y en una de las estaciones está Bernardita arrodillada delante del Corazón de Jesús, mendigando todo, porque ella no tiene nada. Y ella, del Corazón de Jesús… ¡esperaba todo! A Él le pedía todo, porque un mendigo -decía ella- tiene que pedir todo, porque no tiene nada; y pide humildemente, no exige: mendiga.

Y cuando ella comprendía que Jesús nos mendigaba a nosotros decía: “¡No, no! ¡Eso no puede ser! ¡Él mendigarme a mí no! ¡La mendiga soy yo! ¡La pobre mendiga soy yo!” A ella no le cabía en la cabeza que Jesús tuviera que mendigarle a ella. Daba por supuesto que Jesús tenía derecho a tomar todo y se colocaba en su lugar de rodillas ante Él y decía: “¡No, no! ¡La mendiga soy yo! ¡La que no tiene nada soy yo! ¡La que tiene que pedirle a El soy yo!”

Y escribe una oración. Bueno… exactamente no la escribe. La reza, la pronuncia, y después otros la pusieron por escrito, porque Bernardita no se detenía  ni siquiera en esto, no se le pasaba por la mente que, lo que ella rezaba o lo que ella hacía, pudiera tener interés para alguien. De hecho, ella nunca pensó -ni remotamente- que la Iglesia la fuera proclamar santa, ni mucho menos que su cuerpo estuviera -como está- incorrupto…  Porque lo que sucedió en Lourdes que ella ya lo vio en vida: peregrinaciones, milagros y demás… Bernardita se lo atribuía a la Señora, como realmente es. Pero ella se borró totalmente, se hizo a un lado, desapareció y nunca se le ocurrió pensar que la gente, los peregrinos fueran a Nevers a visitar su tumba. virgen-de-lourdes-inmaculada-concepcion-y-santa-bernadette-soubirous-mensajesdediosalmundo-blogspot2

Y mendigándole a Jesús, compuso esta oración: “¡Oh Jesús, dame, te lo ruego, el pan de la humildad, el pan de la obediencia, el pan de la caridad, el pan de la fuerza para romper mi voluntad y fundirla con la tuya… el pan de la mortificación interior, el pan del desprendimiento de las criaturas, el pan de la paciencia, para soportar las penas que sufre mi corazón! ¡Oh Jesús!, ¿me quieres crucificada? ¡Hágase! Dame el pan de la fuerza para sufrir, el pan de no ver más que a Ti en todo y siempre. Jesús, María, la Cruz… ¡no quiero otros amigos!”

¡Ésta es Bernardita! La niña de la que todos decían que era tonta, que no podía haber visto a la Virgen siendo tan tonta; la niña que no sabía lo que era la Santísima Trinidad y por eso no le dejaban hacer la Primera Comunión…; la niña que, cuando la Virgen le reveló quien era, no entendió nada y fue repitiendo continuamente por el camino las palabras de la Virgen: “Yo soy la Inmaculada Concepción”, para no olvidarlas y podérselas repetir al Dean de Lourdes. Esa niña que no sabía quién era la Inmaculada Concepción, ni quién era la Santísima Trinidad, que no recordaba el Catecismo… Esa niña comprendió lo que es la verdadera humildad, la verdadera pobreza de espíritu y por eso es santa. No por lo que sabía intelectualmente, sino porque, por el don de Ciencia, comprendió los misterios de Dios y fue humilde y dócil a la gracia.

¡Esa es Bernadette! ¡mi Bernardita! Siendo como ella, se ve a la Virgen. Con otros ojos no se la puede ver, porque la Virgen no se deja mirar, no se muestra, a los ojos de los soberbios, de los prepotentes. La Virgen es la Madre de los pequeños, de los sencillos, de los pobres. La Virgen es la Madre del que se despojó de su rango de Dios y tomó la condición de esclavo. La Virgen es la Esclava… y se muestra a los que son como ella, sencillos, puros, limpios.

Junto con la “Oración de la mendiga”, hay otro texto de Bernardita que es su Testamento Espiritual. Y a mí me impresiona mucho y le pido a Bernardita que me enseñe a dar gracias por todo, como da ella. Ese es un buen proyecto de vida: dar gracias a Dios por todo y no refunfuñar por nada, no quejarnos por nada, agradecer. Dice así:

“Por la pobreza en que vivieron papá y mamá, por los fracasos que tuvimos, porque se arruinó el molino, por haber tenido que cuidar niños, vigilar huertos frutales y ovejas, y por mi constante cansancio, ¡te doy las gracias, Jesús!

Te doy gracias, Dios mío, por el Fiscal, por el Comisario, por los gendarmes y por las duras palabras del Padre Peyramale.

No sabré agradecerte, si no es en el paraíso, por los días en que viniste, María, y también por aquellos en los que no viniste.

Por la bofetada recibida y por las burlas y ofensas sufridas; por aquellos que decían que yo estaba loca y por aquellos que veían en mí una impostora y una mentirosa; por aquel que trataba de hacer un negocio a mi costa… ¡te doy las gracias, Madre!

Por la ortografía, que jamás fui capaz de aprender; por la mala memoria que siempre tuve; por mi ignorancia y por mi estupidez, ¡te doy las gracias!hqdefault

Te doy las gracias porque, si hubiese existido en la tierra un niño más ignorante y estúpido, Tú lo hubieses escogido.

Porque mi madre haya muerto lejos; por el dolor que sentí cuando mi padre, en vez de abrazar a su pequeña Bernardita, me llamó Hermana María Bernarda, ¡te doy las gracias!

Te doy las gracias por el corazón que me has dado, tan delicado y sensible, y que colmaste de amargura; porque la Madre Josefina anunciase que no sirvo para nada, ¡te doy las gracias!

Por el sarcasmo de la Madre Maestra, por su dura voz, por sus injusticias, por su ironía y por el pan de la humillación, ¡te doy las gracias!

Gracias por haber sido como soy, porque la Madre Teresa pudiese decir de mí: “Jamás le deis lo suficiente”.

Doy las gracias por haber sido una privilegiada en la indicación de mis defectos y que otras hermanas pudieran decir: “¡qué suerte que no soy Bernardita!”.

Agradezco haber sido la Bernardita a la que amenazaron con llevar a la cárcel porque te vi a Ti, Madre.

Agradezco que fuí una Bernardita tan pobre y miserable que, cuando me veía, la gente decía: “¿Esa cosa es ella?” La Bernardita que la gente miraba como se fuese el animal más exótico.

Por el cuerpo que me diste, digno de compasión y putrefacto; por mi enfermedad, que arde como el fuego y quema como el humo; por mis huesos podridos, por mis sudores y mi fiebre, por los dolores agudos y sordos que siento… ¡te doy las gracias Dios mío!

Y por el alma que me diste, por el desierto de mi sequedad interior, por tus noches y tus relámpagos, por tus rayos, por todo, por Ti mismo, cuando estuviste y cuando faltaste, ¡te doy las gracias, Jesús!”

 

2 comentarios en “Santa Bernardita

  1. ¡¡ Maravilloso, Madre !! , gracias por compartirnos algo de la vida de Santa Bernardette, desde muy niña me gustaba leer sobre su vida…. y siempre me es de nuevo novedoso y enriquecedor volver a saborear estas vivencias de su vida tan llenas de verdad y de santidad.
    Leemos en la Palabra de Dios que rezamos en Laudes el jueves de la primera semana, ” Y ¿en quién voy a fijarme? En el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras. ” así nos dice el Señor….. humildad que vivió, que respiró, que marcó cabalmente la vida de Santa Bernardita, ojalá pudiera yo alcanzar ese grado, y ella es doblemente santa pues la vivió a muy temprana edad.
    Pido a Dios me dé la gracia de poder ser humilde, y se la pido por intercesión de santa Bernardita.
    Gracias, Madre Olga María, por ponerla a ella en mi camino en el día de hoy.

    Un abrazo grandísimo en el amor de Jesús
    su agradecida
    M.Eliana

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  2. Madre Olga con este post acaba de ganar una seguidora para siempre. No es cuestión de que me alargue ahora, sólo decirle que he ido a Lourdes durante 10 años con la Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes de Barcelona como voluntaria acompañando a enfermos y discapacitados, estando con ellos casi las 24 horas del día durante 5 dias, y a veces en las 2 peregrinaciones que la Hospitalidad organiza. Por tanto, puede imaginarse lo que significa Lourdes y Bernadette para mi. Es mi trocito de cielo.

    Por último, darle las gracias por todo el bien que hacen tanto usted como el resto de la Comunidad, y por este empeño en dar a conocer el Sagrado Corazón de Jesús y particularmente a mí, hacerme caer en la cuenta de que Jesús me ama con un corazón de hombre.

    Que Dios las bendiga. Un abrazo en el Señor.

    Rosa M. Manonellas Félix

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