Templos de Dios vivo (I)

Inicio estas reflexiones sobre la vocación de todo cristiano de templos del Dios vivo y Cenáculos del Espíritu Santo. Son un poco extensas, (ya sabeis los que me leeis habitualmente que me enrrollo como las persianas) así que las dividiré en varios post. Gracias anticipadas por vuestra benevolencia y paciencia.

Debemos pedir la gracia de que ser conscientes de lo que somos por nuestro bautismo. En teoría los cristianos sabemos que, por nuestro bautismo, somos hijos de Dios y somos templos de Dios. Pero una cosa es que lo sepamos intelectualmente y otra cosa es que se nos olvida, se nos borra… wp-1473111199372.jpgNo solemos recordarlo.

Una cosa es tener conocimiento intelectual de lo que somos y otra cosa es la gracia de ser conscientes, de vivir sabiéndolo. No conocerlo intelectualmente sino encarnar en la vida eso que somos. Soy una hija de Dios, pero… ¿realmente lo soy? ¿Soy consciente de mi dignidad de hija de Dios? ¿Vivo en consecuencia con esto? ¿Lo recuerdo? ¿Lo llevo entrañado en mí o se me olvida?

Y lo mismo, paralelamente: ¡Soy un templo de Dios! Esto yo lo sé. Pero… ¿realmente eso afecta mi vida? ¿Cambia mi vida? ¿Soy consciente de que soy un templo de Dios con todo lo que eso significa? ¿Soy un santuario de la gloria de Dios? ¿Un sagrario vivo que lleva a Dios Hombre dentro, el Cuerpo de Cristo dentro? ¿Soy consciente de eso? Porque si soy consciente de eso y lo tengo presente… ¡no puedo vivir de cualquier manera! Si soy consciente de que soy portadora de Dios, de que llevo y custodio a Dios dentro de mí, no puedo vivir de cualquier manera.

¡Sé que esto no es fácil! Somos limitados y… nuestra imaginación, nuestra memoria se van de una cosa a otra. Pero la 86f297f460394c17d35d905298c7ccbetendencia tendría que ser esa y es una gracia que debemos pedir: la gracia de recordar, de tener presente, de ser consciente de que soy un templo vivo de Dios.

Mirad, yo hace muchos años -¡muchos años ya!- recibí una llamada dentro de mi llamada, a un lugar, a una misión y la entendí así… y por eso fuimos a Valladolid. A Valladolid, junto al Templo Expiatorio Basílica Santuario Nacional de la Gran Promesa del Corazón de Jesús, a consolar, a reparar, a expiar, a ser agua, a ser aceite, a ser bálsamo… Así lo entendí y así lo voy tratando de vivir.

Lo entendí… no mal, pero sí a medias. La llamada es la llamada y la primera impresión de una llamada. Cuando uno percibe una llamada, al principio, la percibe y la percibe con claridad; pero no se puede todo al mismo tiempo, no tenemos capacidad. Entonces se percibe un primer grito, que te pone en marcha. Pero después pasa el tiempo y de ese primer grito va quedando el eco, la resonancia, y es entonces cuando una va escuchando despacio esa resonancia y va comprendiendo la belleza de la llamada en toda su plenitud. A mí me pasó así. Yo me sentí llamada a Valladolid, al Templo Expiatorio, a todo eso que os acabo de decir.

En estos últimos cuatro años, ¡he ido comprendiendo tantas cosas acerca de aquel grito!… He comprendido sobre todo que yo tengo que ser ese templo predilecto del Corazón de Jesús, en el cual El mora y descansa, independientemente de que yo llegue o no llegue físicamente a ese lugar santo. 29Yo tengo que ser ese Templo Expiatorio, ese templo vivo desde el cual el Corazón de Jesús hable a la humanidad, desde donde brinde la promesa de un amor eterno –esa es la Gran Promesa- y, desde mi interior, Él la formula y la da.

Y para eso Él quiere templos espirituales que habiten el templo de piedra, para que el Templo esté vivo. La llamada es a ir allí a darle alma, a darle vida a ese cuerpo muerto, igual que estamos intentando hacer en Valdediós. Y para poder dar vida a un templo, darle calor, darle alma, yo tengo que ser ese templo. Esa es mi llamada y me ha costado mucho a entenderlo, pero Dios, que es tan bueno, poco a poco me ha ido enseñando el camino. Yo tengo que ser ese templo vivo.

Cuando se entra en la Basílica –las que habéis estado y las que no, ya llegaremos todas- cuando se entra allí, lo primero que se ve, porque no se puede ver otra cosa, es un Corazón de Jesús presto para abrazarte: grande, bello, majestuoso, con los brazos abiertos y la mirada fija en aquel que se acerca al templo! Mi pregunta es: ¿cuando alguien se acerca a mí se encuentra en mí a Jesús con los brazos abiertos, la mirada fija y la acogida, la ternura de Él? ¿Es eso lo que ve la gente que se acerca a este templo que soy yo? ¿O se encuentra un templo vació, hueco, frío, sin vida, sin Jesús?

Somos un templo y la única finalidad de un templo es albergar a Dios dentro, tener a Dios dentro y estar con Él. Nuestra única finalidad como templo es estar con Jesús, vivir con Jesús. Todo lo demás que hagamos, es secundario: yo no voy a entrar ahora a juzgar si hay que hacer o no hay que hacer ciertas cosas. Lo principal de nuestra vida es estar con Jesús, vivir con Jesús, permanecer con Él… ¡permanecer!

La presencia de Dios en el Templo ha de ser permanente, ininterrumpida. Permanecer es un palabra que indica fidelidad, constancia. No es algo momentáneo, transitorio, pasajero, sino que implica estabilidad, compromiso, entrega…

Reparar, expiar, sanar, consolar… son las palabras que encierran el sentido de estar con Él, para eso estamos con Él: para reparar, para consolar, para sanar. Sabemos que Él tiene un Corazón wp-1473240750165.jpgy un Corazón herido, lastimado y hay que suavizar ese dolor, esas heridas, hay que curarlas a base de amor, a base de ternura. Hacerle olvidar ese dolor con nuestro cariño, con nuestra alegría. Jesús tiene derecho de vivir en un templo lleno de luz, de gozo, de alegría, de gratitud; en un templo interior donde yo le adore y le de culto como Él merece, donde le glorifique, donde le alabe, donde le dé gracias, donde le dé el culto debido, porque es Dios.

Al mismo tiempo, es un templo donde debería estar expuesto el Santísimo Sacramento de forma permanente, para que pueda continuamente ser acompañado, consolado y reparado. ¡Es el fin del Templo Expiatorio!

Y… he pensado muchísimo en eso. Yo comulgo cada día. Y, si bien las especies sacramentales desaparecen -después de quince minutos aproximadamente-  yo soy consciente de que debería de ser un templo donde el Señor esté expuesto las veinticuatro horas del día.

Cada persona que se acerque a mí tiene que ver a Jesús y tiene derecho a pedirlo: acordaos de aquellos griegos que se acercan al pobre Felipe y le dice: “Queremos ver a Jesús”. Hay miles de personas que se acercan a nosotras, porque quieren ver a Jesús. Cuando organizamos cualquier cosa… Es curioso, sobre todo las Tomas de Hábito y los eventos que son hacia fuera: nadie quiere tomar nada, nadie quiere merendar… ¡quieren estar con las monjas! Porque en las monjas esperan encontrarle a Él, esperan encontrar a Jesús… Y tienen derecho a pedírnoslo y es nuestra obligación mostrárselo. Pero esto no es obligación exclusiva de curas y monjas, sino de todo bautizado: ¡¡Seamos custodias vivas que expongan a Dios a la contemplación del mundo entero!!

¡Tenemos que mostrar a Jesús al mundo! Tiene que estar permanentemente expuesto en cada uno de nosotros; ser cada bautizado no solo un templo, sino una custodia viviente que muestre a Jesús, que lleve a Jesús… Que en mi Templo-Custodia, todos los hombres se encuentren con Él, le puedan ver a Él.

Y hay que mostrarlo sin miedo a todos los hombres, de toda raza, lengua, pueblo y nación; ser portadores de Dios, llevar la Buena Noticia de que Dios está, de que Dios existe, de que Dios nos ama con un Corazón de Hombre; llevarle a Él presente en mi vida, encarnado en mi ser, somiedo1_60222entrañado, inseparablemente unido a mí. De suerte  que quien se acerque a mí, palpe a Dios y vea a Dios en mis gestos, en mi mirada, en mi conversación, en mi sonrisa, en mi alegría, en mi apertura de corazón, en mi misericordia, en  mi compasión… Tenemos que transparentar al Dios que llevamos dentro.

Cuando uno se acerca a un templo, es porque quiere estar con Dios. Son unos pocos los que se dedican a mirar la arquitectura del templo. Pero la mayoría de las personas, cuando entran en un templo, es porque quien encontrarse con Dios, quieren orar, quieren dar culto a Dios, saber que Dios está allí. Muchas personas cuando se acercan a nosotras, se acercan por eso: porque buscan a Dios, porque quieren encontrarse con Dios, porque saben que en nosotras está Dios -o al menos debe de estar- y vienen a buscarlo. Repito que esto no es tarea de las monjas, sino vocación de todo cristiano.

Esa es mi vocación: ser ese Templo de Dios, transparentar a Dios en todo mi ser; y, de manera más concreta, ¡ser el Templo del Corazón de Jesús! ¡Somos depositarios de su promesa de amor eterno! Y esa promesa hay que anunciarla, hay que darla a conocer.

3 comentarios en “Templos de Dios vivo (I)

  1. Que hermoso querida Madre,gracias por estas luces,por transmitir esta hermosa verdad,poco conocida en el corazón,en lo intimo de nuestro ser,le pido a Dios esta hermosa Gracia por intersección de María Santisima,y le ruego sus oraciones para que asi sea,gracias y doy gloria a Dios por todas ustedes que hacen presente a Dios en un mundo que lo rechaza.
    Dios las bendiga

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  2. Queridísima Madre Olga María :
    He leído cada una de sus últimas reflexiones en donde me quedo sin palabras, las leo y vuelvo a hacerlo delicadamente y con mucha atención…. y las recibo como LAS PERLAS PRECIOSAS que son.
    ¡Que grande es su alma !, ¡Tan llena de Dios !, yo no sé expresarme con esa sabiduría y perfección con que usted lo hace…. y cómo quisiera poder tener algún día su talla espiritual, pero con toda la humildad de mi corazón tengo ansias gigantes de alcanzar mayor perfección en mi vida de cristiana, es por eso que llevo una profunda vida de oración,,,, desde mi infancia conservo intacta mi devoción a la Santísima Virgen….. ya hace más de treinta años que rezo la Liturgia de las Horas en donde puedo profundizar ese sentido de pertenencia a Dios, y puedo percibir en el corazón lo gustoso que EL se siente de saberme templo de su espíritu…..

    Gracias Madre mía, por guiar mi vida espiritual, con el ejemplo de santidad de la suya, ha de saber que usted muestra a Dios con la sola presencia. y todo lo que hablan sus labios, cada una de sus palabras salen y vienen de su infinita riqueza interior. ¡¡¡ Dios la bendiga !!!!

    Un gran abrazo de su
    siempre agradecida
    María Eliana

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