La historia del pajarillo

El En vísperas de la fiesta del Corazón de Jesús, es bueno que nos hagamos eco de lo que Santa Teresita –esa Maestra inigualable del amor y la ternura de Jesús, esa gran Doctora del amor misericordioso- nos dice al respecto, cómo entiende ellala espiritualidad del Sagrado Corazón después de haberse ofrecido víctima de holocausto a su Amor Misericordioso.

El ofrecimiento de Teresita es –a mi juicio- la consagración más perfecta que se puede hacer al Corazón de Jesús. Y os invito a leer y recordarwp-1463596931508.jpg lo que ella nos dice, su vivencia, su experiencia personal, que plasmó en una carta famosísima, una carta magna, una carta que escribe el 14 de septiembre de 1896 –un año antes de su muerte- a su hermana María, a Sor María del Sagrado Corazón, carmelita en Lisieux como ella. Utiliza una imagen bellísima y llena de ternura, pero que -ante todo- está llena de una hondura espiritual impresionante.

“… ¿Cómo un alma, tan imperfecta como la mía, puede aspirar a poseer la plenitud del Amor…?

¡Oh, Jesús, mi primero, mi solo amigo, tú a quien únicamente amo!, dime qué misterio es éste. ¿Por qué no reservas estas inmensas aspiraciones para las  almas grandes, para las águilas que vuelan en las alturas…? Yo me considero un débil pajarillo cubierto solamente por un ligero plumón. No soy un águila, sólo tengo de ella los ojos y el corazón, porque, a pesar de mi extrema pequeñez, me atrevo a mirar fijamente al Sol divino, al Sol del Amor, y mi corazón siente en sí todas las aspiraciones del águila…

El pajarillo quisiera volar hacia ese brillante Sol que embelesa sus ojos; quisiera imitar a las águilas sus hermanas, a las que ve elevarse hasta el foco divino de la Santísima Trinidad… Lo más que puede hacer es alzar sus alitas, ¡pero en cuanto a volar no está en su débil poder!

¿Qué será del pajarillo? ¿Morirá de pena al verse tan impotente…? No, el pajarillo ni siquiera se afligirá. Con audaz abandono, quiere seguir mirando fijamente a su divino Sol. Nada sería capaz de atemorizarle, ni el viento ni la lluvia. amapolaY si oscuras nubes llegaran a ocultarle al Astro del amor, el pajarito no se mueve, no cambia de lugar: sabe que más allá de las nubes su Sol sigue brillando, que su resplandor no podría eclipsarse ni un solo instante.

A veces, es verdad, el pajarito se ve asaltado por la tempestad, le parece creer que no existe otra cosa más que las nubes que le envuelven. Entonces llega la hora de la alegría perfecta para ese pobrecito y débil ser. ¡Qué dicha para él permanecer allí y seguir mirando fijamente la luz invisible que se oculta a su fe…!

Jesús, hasta aquí comprendo tu amor al pajarito, puesto que no se aleja de ti… Pero yo lo sé, y tú también lo sabes, muchas veces el pajarillo aun permaneciendo en su sitio (es decir, bajo los rayos del Sol), se deja distraer de su única ocupación: toma un granito acá y allá, corre tras un gusanillo…; luego, encontrando un charquito de agua, moja en él sus plumas apenas formadas; ve una flor que le gusta, y su diminuto espíritu se entretiene con la flor… En fin, al no poder volar alto como las águilas, el pobre pajarillo vuelve a ocuparse una y otra vez de las bagatelas de la tierra.

Sin embargo, después de sus travesuras, en lugar de ir a esconderse en un rincón para llorar su miseria y morirse de arrepentimiento, el pajarito se vuelve hacia su amado Sol, presenta a sus rayos bienhechores sus alas mojadas y gime como la golondrina; y, en su dulce canto, confía, cuenta detalladamente sus infidelidades, pensando, en su temerario abandono, conquistar así más dominio, atraer más plenamente el amor de Aquel que wp-1460841905897.jpegno vino a llamar a los justos sino a los pecadores…

Y si el Sol adorado permanece sordo a los gorjeos de su criaturilla, si permanece oculto…, pues bien, el pajarillo permanece mojado, acepta estar aterido, y aún se alegra de este sufrimiento que él, a pesar de todo, ha merecido.

¡Oh, Jesús, cómo se alegra tu pajarito de ser débil y pequeño! ¿Qué sería de él si fuera grande…? Nunca tendría la audacia de comparecer en tu presencia, de dormitar delante de ti…

Sí, ésta es también una debilidad del pajarito cuando quiere mirar fijamente al Sol y las nubes no le dejan ver ni un solo rayo: a su pesar, sus ojos se cierran, su cabecita se esconde bajo el ala, y el pobrecillo ser se duerme creyendo seguir mirando fijamente a su amado Sol.

Al despertarse, no se desconsuela, su corazón permanece en paz. Vuelve a comenzar su oficio de amor. Invoca a los ángeles y a los santos, que se elevan como águilas hacia el Foco devorador, objeto de su deseo, y las águilas, compadeciéndose de él, le protegen, le defienden y ponen en fuga a los buitres que quisieren devorarle…

¡Oh, Verbo divino!, eres tú el Águila adorada que yo amo,la que me atrae. Eres tú el que lanzándote a la tierra del destierro, quisiste sufrir y morir a fin de atraer a las almas hasta el centro del eterno Foco de la Trinidad bienaventurada. Eres tú, el que remontándote hacia la Luz inaccesible que será para siempre tu morada, permaneces todavía en el valle de las lágrimas, escondido bajo la apariencia de una hostia blanca…

¡Oh, Jesús, déjame que te diga, en el exceso de mi gratitud, déjame que te diga que tu amor llega hasta la locura…! ¿Cómo quieres que, ante esta locura, mi corazón no se lance hacia ti? ¿Cómo habría de tener límites mi confianza…?

Jesús, yo soy demasiado pequeña para hacer grandes cosas…, mi locura consiste en esperar que tu amor me acepte como víctima… Mi locura consiste en suplicar a las águilas mis hermanas que me obtengan la gracia de volar hacia el Sol del amor con las propias alas del Águila divina…

Por el tiempo que tú quieras, oh Amado mío, tu pajarillo permanecerá sin fuerzas y sin alas, seguirá con los ojos fijos en ti. Quiere quedar embelesado por tu mirada divina, quiere convertirse en víctima de tu amor…

Un día, yo lo espero, vendrás, Águila adorada, wp-1463377977686.jpga buscar a tu pajarillo; y, remontándote con él hasta el Foco del amor, le hundirás por toda la eternidad en el ardiente Abismo de ese amor al cual se ofrece él mismo como víctima…

¡Oh Jesús, que no pueda yo revelar a todas las almas pequeñas cuán inefable es tu condescendencia…!

Siento que si por un imposible, encontraras un alma más débil, más pequeña que la mía, te complacerías en colmarla de favores mayores todavía, con tal que ella se abandonase con entera confianza a tu misericordia infinita.

¿Pero por qué estos deseos, de comunicar los secretos de tu amor, oh Jesús? ¿No fuiste únicamente tú el que me los enseñó a mí? ¿Y no puedes acaso revelárselos también a demás…?

Sí, estoy segura de ello y te conjuro a que lo hagas. Te suplico que bajes tu mirada divina hacia un gran número de almas pequeñas… ¡Te suplico que escojas una legión de pequeñas víctimas dignas de tu AMOR…!”

Teresita concluye pidiéndole a Jesús que nos llame, que llame a una legión de almas pequeñas, que quieran consagrarse y se víctimas de su Amor. El término víctima lo solemos entender muy mal y nos da muchísimo miedo. Lo mejor que nos puede pasar en la vida, pero con diferencia sobre todo lo demás, es que Dios nos escoja para ser víctimas de su amor.

Eso significa una cosa simple, que no tiene nada que ver con historias truculentas ni trágicas, ni cruentas, ni de enfermedades, muertes, dramas, ni tragedias. Ser escogida por Jesús como víctima de holocausto de su Amor Misericordioso significa simplemente consagrarse a Jesús, a su Corazón, ofreciéndose voluntariamente a recibir las oleadas de ternura infinita que están encerradas en su Corazón. Es una vocación, es una llamada, y solo hay un único requisito: ser pequeño y querer seguir siéndolo.

Decimos muchas veces que Jesucristo es verdadero hombre y tiene Corazón. ¡Y es cierto! Y esto significa que, si tiene Corazón y es verdadero hombre, tiene sentimientos y entre esos sentimientos hay uno en Gorrión-común--e1453135822552

Todos hemos experimentado alguna vez en la vida -en mayor o menor medida- lo que duele el corazón cuando quieres entrañablemente a alguien y esa persona te ignora o te rechaza. Todos hemos experimentado alguna vez cómo duele eso. ¡Qué mal se pasa! ¡Qué tristeza! Pero sobre todo… ¡qué dolor más lacerante! Bien: Jesús experimenta continuamente ese dolor lacerante de ser rechazado por personas a las que ama entrañablemente. Tiene que reprimirse en su deseo de amarlas, de darles, porque esas personas rechazan su amor.

Y Teresita, en su sencillez, recibió esa intuición del Espíritu de comprender y atisbar el dolor del Corazón de Jesús por tener que reprimirse y no poder derramar su amor libremente. Ella veía a Jesús de verdad como Alguien verdaderamente vivo. Y, contemplándole vivo, comprendió el dolor de Jesús, se dedicó a “estudiar” su Corazón, a observar su Corazón, sus actitudes y captó su dolor.

E inmediatamente, como le amaba tanto, brotó en ella un deseo: “¡No! Pobre Jesús: ¡que no tenga que reprimirse de esa manera! Que no tenga que padecer esta tristeza de tener el Corazón encogido y reprimido. ¡Pobre Jesús!” Y añade: “Él quiere dar, quiere derramarse, quiere querernos… y no le dejan, le rechazan. Bien, pues… yo quiero que me quiera, que conmigo no se reprima, que conmigo no se corte, que en mí derroche y derrame todo eso que tiene encerrado en su Corazón, ese Amor Misericordioso que está en sus Entrañas, que no tenga que reprimirse. wp-1463248251445.jpgQue se consuele queriéndome a mí, inundándome a mí. Me ofrezco como víctima de ese amor. Si ese amor cae sobre mí en tal grado e intensidad que me consume… ¡bendito sea! Me ofrezco a recibir continuamente, incesantemente, ese amor.”

Y al mismo tiempo que ella se ofrece a vivir eso de esa manera, le pide a Jesús que llame a una legión de almas pequeñas como ella a vivir ese mismo ofrecimiento, a vivir de la misma manera.

Esa es la vocación que yo os propongo hoy: ofrecernos todos a Jesús para que Él pueda derramar en nosotros todo su amor, sin medir consecuencias, sin tener miedo, sin ponerle límites. Señor: ¿Tú quieres amar, Tú quieres dar, Tú quieres anegarme? Pues yo estoy dispuesto, no te pongo límites, no rechazo tu amor. Aquí estoy: quiero ser tu víctima. Acéptame y seré inmensamente feliz.

 

 

 

 

4 comentarios en “La historia del pajarillo

  1. He repasado nuevamente la carta de Teresita, y vuelvo a quedar una vez más sin palabras. Dios la colmó a ella con ese sentimiento, además le dió la sabiduría de saber expresarlo….. con el fin de que seamos conocedores nosotros de tal amor ¡ tan infinito ! , y de cómo debemos entregarnos a Jesús sin medidas.
    Me deleito al leer tan hermosas palabras y que expresan tanto contenido espiritual, parece que una va vislumbrando todos los rincones del corazón de Teresita, y halla en el una perfección sin igual, quedándome una lección que debo poner en práctica también con premura, siento que no encontraré descanso hasta que sepa ofrecerme de verás como víctima a Jesús.
    Cuánta perseverancia hemos de tener, he de tener yo, para no fallarle. ¡ claro que quiero ofrecerme como víctima !
    ¡ Dame Jesús, la sabiduría y la fuerza que necesito, para no retractarme ni un segundo !

    Gracias Madre Olga María.
    M.Eliana

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