¡Sana mi alma!

 

¡Cuántas personas se extravían andando caminos equivocados! ¡Cuántas personas doloridas, enfermas en su cuerpo, en su alma, buscan el remedio, buscan la sanación y buscan por caminos equivocados! Con lo fácil que es ir delante de Jesús, mostrar nuestras llagas, mostrar nuestros dolores y decirle: “fotos-para-románticos-dulce-atardecer_312375041Aquí estoy, ¡cúrame! ¡Sana mi alma! ¡Sana mi cuerpo! ¡Sana mi corazón! ¡Sana todo lo que soy!”

¡Qué fácil es acercarnos a Él y robarle -como lo hizo la mujer hemorroisa- la gracia de la sanación. Pero hay que venir como vino ella: con intrepidez, con osadía y… sobre todo, ¡con fe!

Ella pensaba que con tocar el borde de su Manto iba a quedar curada, como así fue. Pero no la curó el borde de su manto, la curó su fe: la fe inquebrantable en el poder de Jesús para curarla. Ella sí que supo hacerlo bien: supo acercarse a Él y robarle la curación, robarle aquello que necesitaba. Y nosotros que no lo hacemos… ¡qué tontos somos! muchas veces porque ni siquiera nos acercamos, no venimos a estar con Él. Y otras veces nos acercamos pero nuestra mente y nuestro corazón están lejos, no están del todo y para siempre con Él, dudan de Él y de su capacidad de curarnos.

Jesús nos está llamando: “¡Venid! ¡Venid a Mí! ¡No busquéis en otras partes! ¡No dejéis que os engañen, que os maltraten, que jueguen con vosotros, que os alejen de la verdad, que empeoren vuestros males!” ¡Es tan fácil ir a Él  y tocarle con  fe y robarle la gracia…!

Dice el Evangelio que “salía de Él una fuerza que sanaba a todos”. Esa fuerza sanadora sigue estando presente en Jesús, en la Eucaristía, en su Cuerpo, imagenes-de-paisajes-verdes-4en su Sangre, en su Alma, en su Divinidad. De Él viene la fuerza sanadora, la fuerza regeneradora, la fuerza redentora que nos devuelve todo lo que habíamos perdido y nos devuelve la verdadera salud, la salud que es eterna. La enfermedad del pecado ha quedado sanada para siempre en Jesús pero tenemos que venir y apropiarnos de la gracia, como hizo aquella mujer.

Él sabe y distingue en su Corazón cómo nos acercamos. Él sabe quien le besa por compromiso, quien le besa con toda el alma, quien le roza buscando algo, quien le toca con fe y le roba la gracia…. No es indiferente a nuestra actitud, no es indiferente a nuestra manera de estar con Él.

De hecho, dice le pasaje evangélico que, en medio de aquel gentío que le apretujaba por todos los lados, Él sintió que alguien le tocaba de manera diferente y tocaba con fe, le tocaba con esperanza y notó que de Él salía la gracia sanadora.

Y lanzó la pregunta que podría parecer más absurda en este momento: “¿Quién me ha tocado?”  –Señor: ¿Cómo preguntas eso si estamos apretujados por todas partes? Pues… ¡cualquiera te ha tocado! Todos te estamos tocando y apretando. -Ya… pero, ¿quién ha sido? ¿Quién me ha tocado?”

Pidamos hoy la gracia de que, cada vez que comulguemos, cada vez que adoremos en la Eucaristía, cada vez que besemos una imagen o un crucifijo, conmovamos a Jesús y le hagamos exclamar: “¿Quién me está besando? ¿Quién me está tocando? ¿Quién ha sido? ¿Quién se ha img-20160412-wa0016.jpgacercado a Mí de esa manera diferente, con esa fe, con esa esperanza, con ese amor?”

Solamente Él puede sanar mi corazón! ¡Solamente Él puede curar todas mis dolencias! ¡Solamente Él puede satisfacer un corazón que Él ha creado para amar y ser amado! ¡Sólo El puede llenar todos y cada uno de los repliegues de mi corazón! ¡Sólo Jesús! ¡Nadie más!

Démosle gracias por esta llamada a estar con Él,  y no tengamos nunca miedo a acercarnos a Jesús y tocarle y anunciar la verdad, ¡nunca! ¡Solo Él es el Camino, la Verdad y la Vida! Que nunca nada ni nadie nos pueda apartar de Él ni siquiera un poquito. Oremos mucho unos por otros para que permanezcamos en Él, en la fidelidad a este estar con Él. ¡Él es el único! ¡El único Camino, la única Paz, la única Verdad, la única Vida!

3 comentarios en “¡Sana mi alma!

  1. Hacía siglos que no escuchaba algo tan claro y tan útil para nuestra vida diaria (qué tristeza me da ver tantos libros de “autoayuda” en librerías católicas). Siempre me emocionó el pasaje de la hemorroísa, pero nunca me lo habían explicado de esta manera. Muchas gracias por compartirlo.

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  2. Realmente a mi también me ha conmovido este mensaje y lo había escuchado muchas veces. Pero en esta ocasión, me ha hecho pensar en la forma que me acerco al Señor , esto sí que lo he experimentado en muchas ocasiones, tengo la profunda necesidad de tocarle, de rezarle , de besarle … Pero hasta que punto lo hago con verdadera fe ?? Hasta que punto creo que ese contacto con Cristo me va sanar o va a cambiar mi vida verdaderamente, o simplemente obedece a un impulso que siento , a un simple acto sensible que me dicta el corazón , pero que no va más allá del simple formalismo , de la simple devoción costumbre!! Esta pregunta me inquieta y me hace sentir mal , porque a continuación me planteo que el acercarnos a Al Señor , para tocarle , para besarle, para demostrar que somos suyos ,no se puede quedar en el mero roce , en el gesto en sí , nos debe comprometer a actuar de otra manera , a un cambio en nuestras acciones , a la profunda entrega de nuestra vida por el prójimo que es el mismo Dios , el que tenemos muy ceca y también tocable ….
    Y palpable … y muy cotidiano … y muy real. El evangelio nos lo dice : venid benditos de mi padre porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me distéis de beber , desnudo y me vestisteis….
    Y al preguntar sorprendidos que cuando hemos hecho eso , Dios nos contesta que cada vez que lo hicimos con un hermano, lo estábamos haciendo con Él
    Pero me apena pensar que ese toque salvífico al acercarme a Cristo, no cambie mi vida definitivamente y es la gracia que quiero pedir que Él me conceda !!
    Queridas Samaritanas vosotras que estáis tan cerca de Dios rezad para que así sea, que el toque salvífico de Dios cambie nuestras vidas!!!

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