Adultos en la fe

Hace poco leí unas palabras, como todas las de Benedicto XVI, magistrales, impresionantes, en las que él definía qué es esto de ser adulto en la fe, adulto según el Evangelio. Y decía: “Adulto, según el Evangelio, no es quien no está sometido a nadie, quien no depende de nadie, quien no necesita a nadie. Adulto, o sea, maduro y responsable, puede ser solamente aquí quien se hace pequeño, humilde y siervo ante Dios.”

10927248_607441542689023_3088159886248988124_o.jpgEse es el adulto, el coherente, el responsable según el Evangelio, según el Corazón de Jesucristo. No el que hace lo que quiere, cuando quiere y porque quiere; sino el que vive con los ojos puestos en Dios y es consciente de su pobreza, de su pequeñez y se hace humilde y siervo ante Dios y ante los hombres.

Nunca es más grande el hombre ni más pleno, ni más maduro, que cuando reconoce que Dios es el que es y él mismo es el que no es, el que no puede, el que no tiene, el incapaz, el pobre, el pequeño. Cuando reconocemos esto con amor, es cuando de verdad somos maduros y adultos en la fe, porque es cuando de verdad hemos visto nuestra realidad y la hemos aceptado con paz. Porque, en el momento en que aceptamos la pobreza y la pequeñez, la incapacidad de nuestro ser con sosiego, con dulzura, sin crispación, sin enfado… en el momento en que lo reconocemos y lo aceptamos, es cuando de verdad, hemos madurado y hemos crecido, porque estamos aceptando nuestra realidad. ¡Eso es ser adulto en la fe! ¡Eso es ser responsable!

Nadie fue más adulto, ni más responsable, ni más coherente, ni más maduro que Jesús. Y Jesús es el que se reconoce Hijo del Padre y, como Hijo, es el Obediente, el entregado a la Voluntad del Padre, el abandonado a la Voluntad el Padre. En el momento en que nosotros adoptamos una postura así, llegamos –¡es así de simple!- a la santidad. No es otra cosa la santidad que esa aceptación.

Santa Teresa del Niño Jesús lo expresa magistralmente cuando le preguntan qué es la santidad. Y ella lo define así, concordando perfectamente con lo que dice Benedicto XVI… Y ella nos dice: “la santidad no está en tal o cual práctica; no consiste en hacer esto o lo otro o lo siguiente. La santidad no está en tal o cual práctica. Es una disposición del corazón, que nos hace humildes y sencillos en los brazos de Dios; conscientes de nuestra debilidad, pero confiados hasta la audacia en Su Bondad de Padre”.wp-1458658849454.jpg

¡Esa es la santidad! Esa es la madurez plena de la vida cristiana: ¡saber que somos pequeñitos, pero que de esa pequeñez somos amados! Y vivirlo con gozo, con alegría, con confianza audaz, con esperanza. Esa vivencia gozosa de nuestra pequeñez en Dios, en nuestro Padre, eso es la santidad. ¡Eso es la madurez de la fe! Eso es la madurez de la esperanza, porque viviendo abandonados en nuestro Padre que nos ama, estamos viviendo en plenitud la virtud de la esperanza, la virtud teologal de la esperanza que es tan hermosa y de la que tan poco se habla. Viviendo en ese abandono audaz, gozoso, confiado en nuestro Padre Dios, estamos viviendo en plenitud y de manera madura, adulta y responsable, la virtud de la caridad; porque descansamos confiados en esa certeza de que somos amados, amados por Dios, amados por el Padre.

¡Esa es la santidad a la que estamos llamados! No hay que intentar grandes cosas, ni rompernos la cabeza, ni pensar en una práctica, en otra, en una cosa y la siguiente… ¡No! ¡Es un modo de vivir, de sentir! ¡Sabiéndonos pequeños y en los brazos de Padre! ¡Es una disposición del corazón!

3 comentarios en “Adultos en la fe

  1. Cuanta sabiduría en sus reflexiones!! Profundisimas pero simples, sencillas, esperanzadoras, que llegan al corazon, consuelan, alientan, acercan al Señor!! Muchas gracias Madre!! Soy de Argentina y me siento unida a Ud y su comunidad, a traves de sus oraciones y entrega generosa a Jesús. Muchas gracias!!

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  2. “¡Esa es la santidad a la que estamos llamados! No hay que intentar grandes cosas, ni rompernos la cabeza, ni pensar en una práctica, en otra, en una cosa y la siguiente… ¡No! ¡Es un modo de vivir, de sentir! ¡Sabiéndonos pequeños y en los brazos de Padre! ¡Es una disposición del corazón”

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  3. Comprendo entonces, que ser adultos en la Fé requiere transformar lo ordinario de cada día en lo extraordinario para configurar la santidad desde lo pequeño, simple y consistente por el sentido desde el cual se asume el día a día.

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