Getsemaní

Jesús permanece en el Huerto, permanece orando en medio de un tedio y de una angustia indescriptible y le oyen claramente llamar a Su Padre: “¡Abba!”

Abba es una palabra tierna, entrañable, sumamente familiar y cariñosa que los niños hebreos utilizaban para nombrar a su padre. Y Jesús llama así al Padre, como un niño llama a su padre, Él llama al Padre y dice:images-10.jpeg “¡Abba! Si es posible, que pase de Mí este cáliz, líbrame de este cáliz; pero que no se haga lo que Yo quiero sino lo que quieres Tú.”

Esa es la oración de Jesús, esa es la actitud de su Corazón, lo que tiene dentro: el deseo, por encima de todo, de la Voluntad de su Padre, que es su Amor más grande. Su alimento es la Voluntad de su Padre. La Voluntad del Padre es todo para Él, su Encarnación ha sido Voluntad del Padre, toda su Vida ha sido Voluntad del Padre y su Muerte ahora también es Voluntad del Padre. La Voluntad del Padre es todo para Jesús, lo más grande.

Frente a ese deseo ardiente de su Corazón hay una lucha profunda, como una resistencia de la voluntad humana de Jesús frente a lo que se le viene encima: siente miedo, repugnancia, tedio, angustia… ¿Qué es eso que le turba de tal manera que le desencaja y le lleva a sudar sangre? ¿Qué contiene esa copa amarga que Él tiene que beber? ¿Es su muerte al día siguiente? ¿La noche que le espera ante el Sanedrín, en el Pretorio? images-9.jpeg¿Los tormentos del día siguiente: la crucifixión, la soledad en que va a vivir todo eso? ¿La vergüenza, el escarnio público, la maldición que pesa sobre los que mueren en un madero? ¿Es eso lo que turba a Jesús?

¡No, no es simplemente eso! La lucha titánica que hay en el Corazón de Cristo es el horror natural que siente, como Dios que es, hacia el pecado. ¡Ese es el cáliz amargo que le paraliza, que le horroriza, le hace temblar y le hace sudar sangre! Pensemos que en ese momento Jesús es de verdad el Cordero de Dios que toma sobre sí todos los pecados del mundo… ¡todos!, absolutamente todos, desde el principio hasta el final de los tiempos, de todos los hombres de todos los tiempos. Todo ese pecado recae sobre  Él, lo toma sobre Sí, carga con Él, ¡todo!, ¡todo! –intentemos imaginarlo- ¡todo!, toda la maldad de todos los tiempos, todos los pecados de todas las clases, de todas las especies, los toma sobre Sí, los siente sobre Sí y los hace suyos.

Jesús es Dios, Jesús es la Suma Bondad, la Suma Pureza: lo más opuesto al pecado. Intentemos por un image-e05afba72a188687e3e8b1d11079f650-prayeratgethsemane (2)momento imaginar, atisbar, la infinita repugnancia que tuvo que sentir. Y así enlodado, así embarrado, así cargado y revestido de todos nuestros pecados se presenta ante el Padre. Esa es la Redención! Cargó sobre Sí todo nuestro mal para sanarlo de una vez para siempre. Para que la deuda que debíamos fuera pagada… y sólo Él podía hacerlo, solamente Él podía reparar en estricta justicia cualquier ofensa inferida a Dios. ¡Solamente Él podía hacerlo y así lo hizo! Pero el sufrimiento tuvo que ser inmenso. ¡Ese es el drama íntimo del Corazón del Señor en Getsemaní, la verdadera Pasión del Corazón de Cristo tuvo lugar ahí! Y ese acto de obediencia, acto de amor supremo, infinito, a su Padre fue lo que nos trajo la salud, el que nos trajo la salvación, el que nos trajo la vida. El resto de la Pasión, todo lo que queda por acontecer durante esta noche y al día siguiente, no es sino la consecuencia de esa aceptación de la Voluntad del Padre. La batalla más dura, Jesús la libra en el Huerto aceptando, obedeciendo.

Y en esos momentos es cuando El nos pide: “Velad y orad para no caer en tentación.” ¡Velad y orad! Es ese el sentido de nuestros jueves: velar con Él, corredimir con Él, confortarle, consolarle en esta tarea de la Redención, porque ahí, en este momento, estuvimos presentes todos. Y de una manera de una manera especial le tuvieron que pesar tantas y tantas personas que han pasado por la vida, y pasan, y pasarán, ignorando por completo su Amor, su entrega por ellos. Nuestra llamada, nuestra vocación, es compartir con Él esos sentimientos: consolarle, reparar y aliviar un poco su dolor y su soledad.

 

Un comentario en “Getsemaní

  1. Mientras voy leyendo la reflexión se va ahondando de manera más profunda en mi corazón ese sufrimiento real de Cristo, cuántas veces una lee sin llegar a comprender suficientemente el misterio de la Redención; pero me pasa que todo lo que la Madre Olga María nos dice o nos explica, me hace percibir con mayor claridad; sin duda que Dios nos proporciona las gracias necesarias para comprender en su real dimensión cada uno de sus Misterios, a través de la persona de ella.
    Hoy con mayor razón me aferro a la Voluntad de Dios…. durante estos días han retumbado en mis oidos las palabras de Jesús ” Velad y orad conmigo para no caer en tentación “.
    Gracias, Madre Olga María por tantas bendiciones, gracias por guiarnos, por llevarnos a Jesús !!!

    M.Eliana

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