Muéstranos al Padre (XIX)

La Inmolación del Hijo estremece las entrañas del Padre

 

Abraham caminando en silencio –a mí me gusta mucho contemplar eso- hacia el monte para inmolar allí a su hijo Isaac. Y en ese caminar… Abraham es figura de otro Padre. También la Liturgia, de suyo, propone esta lectura de la historia de Abraham cuando pone juntas en el 2º Domingo de Cuaresma, en el Ciclo B, la lectura de Génesis 22 y la de Romanos 8, 32, por si queréis verlo y hacer un paralelismo, que es muy bonito.

Esto nos ayuda a hacernos una idea más exacta de la actitud del Padre en el Misterio de la Redención: va caminando, entregando lo que para Él es todo, lo más que tiene, el mayor tesoro: su Hijo. Él no estaba ausente en su cielo mientras el Hijo iba hacia el Calvario, sino que -por el contrario- estaba con Él. Y Jesús lo dice en Juan 16, 32: “Vosotros me dejaréis solo aunque que Yo no estoy solo, está conmigo el Padre”. atardecer1¿Quién puede describir los sentimientos del corazón de Abraham mientras acompaña a su hijo al lugar de la inmolación? Podemos imaginar, podemos atisbar… es algo sobrecogedor… pues multiplicadlo por infinito.

Orígenes dice que el momento de mayor tentación de Abraham fue cuando, abriendo camino hacia el monte Moria, su hijo se volvió hacia él, completamente ignorante de lo que pasaba, preguntándole dónde estaba la víctima para el sacrificio y llamándolo Padre mío, porque dice el relato que Isaac se vuelve y dice: “Padre mío, Padre mío, ¿dónde está? Llevamos la leña, llevamos el cuchillo pero ¿dónde está la víctima para el holocausto?” Porque tenían costumbre de ofrecer -con relativa frecuencia- a Dios holocaustos. Abrahán se lo enseño así a Isaac: dar culto a Dios. Luego a Isaac no le extraña ir un día con su padre para ofrecer un holocausto –ya lo hacía de vez en cuando– pero faltaba algo… siempre lleva leña, lleva cuchillo y lleva víctima. Isaac le dijo: “Padre mío, ¿dónde está la víctima para el holocausto?” Y dice Orígenes que tuvo que ser el momento más terrible para el corazón de Abraham, que guarda silencio. Y la contestación… es que podría haber dicho “Mira, Dios me ha dicho esto…”. En ningún momento hace o dice nada que pueda provocar a Isaac o volverle contra Dios; sufre sólo, traga sólo, evita todo el sufrimiento que pueda al hijo hasta el último momento y le dice: “Dios proveerá, hijo mío, víctima para el holocausto” ¡¡¡Eso sólo hace un padre!!! ¡Y ninguno más! Traga hasta el final e Isaac, que confía en su padre, puede pensar: “parece un poco raro esto”, pero sigue en paz porque su padre le preserva, le quita todo el sufrimiento, porque el padre no quiere que sufra el hijo inútilmente.

Dice Orígenes que -ante estas palabras- Abraham se sobresaltó como quien es cogido en culpa y le contesta: “Dime, hijo mío. ¿Cómo podría decirle a mi hijo ‘la víctima eres tu’?” Para Abrahán esa voz fue verdaderamente una voz tentadora: todas sus entrañas paternas se estremecieron al escuchar aquellas palabras “Padre mío”. Prosigue Orígenes: “¿Quién podrá narrar lo que pasaba en el Corazón del Padre celestial cuando en Getsemaní Jesús se dirigió a Él esas mismas palabras: ‘¡Padre mío!? ¡Abba! ¡Padre! ¡Todo es posible para ti, aparta de mi este cáliz!’ (Mc 14,36).

Ciertamente Abraham hubiera preferido mil veces morir él mismo antes que hacer morir a su hijo. Padre e Hijo estaban pues juntos en la Pasión y el momento en que Jesús siente el Padre más lejano y grita: “¿por qué me has abandonado?” es en realidad el momento en que el Padre está más cerca
de Él y lo estrecha con un abrazo de amor, si es posible, aún más fuerte porque es el momento en que la voluntad humana de Jesús está más unida a la Voluntad de Dios. Ese es el momento culmen de la Redención: lo que nos redime no es la Pasión cruenta del Redentor, esa fue la materialización de algo… lo que nos redime es la adhesión plena y absoluta de la voluntad humana de Jesús a la Voluntad del Padre.

Lo que nos redime es eso que no nos gusta un pelo y se llama… ¡obediencia! La desobediencia nos condena. La desobediencia de uno nos condena a la muerta eterna y la obediencia de Otro nos da la vida, nos redime. wp-1456922637959.jpg¡La obediencia es lo más importante! Preguntará alguien: “¿Más que el amor?” ¡¡Es que es lo mismo!!

“Es más importante amar que obedecer”. No te engañes: si no obedeces, no amas. ¡Es mentira! No es amor, será… un sucedáneo, una cosa parecida… amar y obedecer es lo mismo. No hay amor verdadero fuera de la Voluntad de Dios, fuera de la obediencia de Dios. “Es que yo quiero mucho esta persona…” No, eso es afecto, no es amor. El amor es otra cosa; el afecto es una cosa y el amor es otra, pero eso lo explico otro día.

Ahora podemos comprender bien lo que quiere decir San Pablo con la frase: “Dios no ha escatimado a su propio Hijo sino que nos lo ha dado a todos nosotros”. Quiere decir que no lo ha escatimado, que no se lo ha guardado para Sí como un tesoro, celoso… Si lo hubiera guardado para sí no había sido amor –y eso en Dios no cabe- hubiera sido egoísmo. Las madres -es un ejemplo- quieren mucho a sus hijos, pero a veces son muy egoístas porque son muy posesivas y cuando de verdad amas, no constriñes, no agobias, no posees, dejas al ser amado libre… si no, no lo estás amando de verdad, se está colando ahí el egoísmo.

Si Dios hubiera sido un Padre celoso y posesivo, no nos hubiera dado ni entregado a Jesús. El Padre no solo es el que recibe el sacrificio del Hijo, sino también el que hace el sacrificio del Hijo. Él ha hecho el gran sacrificio de darnos a su Hijo.

En la más antigua teología de la Iglesia se aborda con toda sencillez y seguridad el sufrimiento de Dios en Cristo. Un testigo de esta teología arcaica, que floreció sobre todo en Asia Menor, decía citando a Tertuliano: “si el Hijo ha padecido, el Padre ha compadecido”. Y también: “¿Cómo podría padecer el Hijo sin que el Padre compadeciese?”

 

Un comentario en “Muéstranos al Padre (XIX)

  1. Es muy conmovedor y profundo el mensaje de esta meditación !!
    Pero a la vez muy difícil de comprender desde nuestra visión del mundo egoísta y que no sabe ver más allá de lo inmediato.
    En el episodio de Abraham sí nos ponemos en su lugar, hubiéramos dado mil vueltas al mensaje de Dios y no sé si nos hubiéramos puesto en camino a entregar en sacrificio aquello que es lo más importante de nuestra vida !!
    Qué ejemplo de confianza total en Dios tiene Abraham y a la vez movido por ese ejemplo de fe, su hijo Isaac también confía plenamente en las palabras de su padre y no busca más respuestas, al final vemos que Dios jamás defrauda ni abandona y en esa prueba salen padre e hijo fortalecidos y seguro que más cerca aún si cabe el uno del otro !!
    Es conmovedor este testimonio de fe y confianza en que lo importante es OBEDECER siempre la voluntad de Dios porque Él ya se encarga de todo lo demás y al final siempre saldremos fortificados de la prueba y habremos crecido en Amor y eso es lo importante!!

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