Hoy estarás conmigo en el Paraíso

Todos -absolutamente todos- estamos condenados a muerte y, de alguna manera, crucificados. Lo único que varía entre unos hombres y otros es que, según la postura de nuestro corazón ante nuestra condena a la muerte y nuestra crucifixión podemos situarnos a la derecha o a la izquierda del Corazón de Jesús.

El Buen Ladrón fue crucificado con ánimo malhechor, y al principio, blasfemaba igual que a su compañero, increpaba a aquel falso Mesías, que no era capaz de salvar su propia vida ni la de ellos. Al fin y al cabo, todos tendemos a hablar mal de Dios cuando no nos conserva la vida temporal ni el bienestar.

Dimas –el Buen Ladrón- contempla el silencio y la mansedumbre de Jesús. Y, contemplándole, empiezan a disiparse las tinieblas de su ignorancia de Dios.

Es normal -pensadlo despacio-: ¿cómo no elevar el pensamiento hacia a Dios cuando tenemos delante a Cristo Crucificado? El problema es que no lo solemos tener delante. wp-1451588362646.jpgY vivimos en un mundo que lucha por apartárnoslo de la vista, lucha por borrar la cruz y el Crucificado, que no le veamos delante, porque la Cruz de Cristo es el faro luminoso que ilumina la ignorancia de Dios.

Dimas le mira y empieza a iluminársele el corazón. Después de ese silencio y esa mansedumbre de Jesús, escucha a Jesús que pide perdón. Después de su silencio, la primera palabra que escucha es el “perdón”, y eso a él tuvo que traspasarle el corazón. Un corazón abierto, eso sí, y dispuesto, y quizá pensó algo así: “Si hasta el pecado de estos verdugos que le están matando puede ser perdonado, ¿no podrá ser perdonado el mío?” Se rinde ante esta luz: y la rebeldía inicial, la rabia, da paso en él la sumisión, que es el gran signo de la conversión, y se abre al conocimiento de sus pecados.

Nuestra cruz -la misma cruz de Dimas- no es el misterio, porque la hemos merecido. ¡La Cruz de Cristo es el verdadero misterio! ¿Por qué Jesús sufre así? ¿Por qué ha sufrido tanto por mí? ¿Y por qué sufre con esta actitud? Es el misterio insondable de la muerte inocente: se hace pecado para obtenernos la salvación y la reconciliación con Dios.

Dimas se vuelve a Jesús -en ese momento es lo único que tiene- se refugia en Él y ora desde su cruz. ¡Cuánto nos cuesta orar desde nuestra cruz! En vez de increpar y maldecir a Dios, tenemos que aprender a orar desde nuestra cruz. Y le dice: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino!” ¡Es una oración preciosa, llena de confianza, llena de humildad.

Dimas viendo a Jesús Crucificado ha comprendido la misericordia de Dios. Toda su vida criminal queda pulverizada por la grandeza de esa contrición y de esa confianza. Ha perdido la vida en crímenes, la ha malgastado, le queda muy poco tiempo… pero cree, confía y se abandona. No le pide a Jesús nada en concreto. Simplemente le está viendo morir como un maldito, pero cree en su Reino.

¡Qué consuelo tuvo que ser esta oración de Dimas para Jesús en la dispersión de sus apóstoles! img-20160221-wa0181.jpg¡El único que le reconoció como rey fue un criminal, un malhechor, un ajusticiado como Él! Sus amigos no estaban. ¡Cuántas veces los que nos parecen lo peor del mundo son los que consuelan a Dios! ¡Y cuántas veces nos permitimos el lujo de etiquetar a las personas! ¡Qué atrevidos somos! ¡Y cuánto nos equivocamos!

Y Jesús le contesta lo más bello y consolador que un ser humano puede aspirar a escuchar: “En verdad, hoy mismo estarás Conmigo en el paraíso”.

Dimas nos muestra un nuevo matiz de la Redención. La Redención es perdón, pero no es perdón solamente porque sí. Es perdón para estar ya mismo con Cristo, porque si no… ¿para qué queremos el perdón? ¿Para vernos impolutos y limpios? Es perdón para estar con Él.

Por la Redención somos admitidos a la unión con Él, a vivir con Él, a gozar con Él ya, hoy mismo, ahora, aquí, en ese momento. Sin reproches, sin pedir explicaciones, sin advertencias ni condiciones, sin exámenes de conciencia torturantes… ¡Hoy mismo! El paraíso es estar con Jesús ya, desde ese instante, ya mismo. Y hoy mismo el obrero de última hora -de ultimísima hora- recibe el primero el premio.

Dimas muere ya colgado más en la Cruz de Jesús que en la suya propia. La cruz del ladrón se convierte en Cruz de Cristo, en cruz corredentora. Ojalá que cada uno de nosotros sepamos convertir nuestra cruz en Cruz de Cristo, porque mi cruz pesa mucho para mí, ¡no puedo! “Sin mí nada podéis” y menos llevar la cruz. Que mi cruz sea Cruz de Cristo, sea cruz corredentora y la lleve Él, aunque yo ayude un poquito.

 

2 comentarios en “Hoy estarás conmigo en el Paraíso

  1. Que conmovedor es el diálogo entre Jesús y el buen ladrón.
    Es de los pasajes más bonitos del evangelio y la verdad, nunca lo había considerado en toda su magnitud y significado !!!
    Creo que es un testimonio precioso de amor y confianza plena en Jesús, y nos viene dado como en muchos puntos del evangelio, por alguien considerado por los hombres como un pecador y un ser indigno, que lecciones de humildad se nis descubre en esta meditación, es el pecador quien nos fa lecciones a los que nos consideramos ” más puros ”
    El evangelio es la gran paradoja de nuestra vida, el testimonio más maravilloso y demodelor!!
    Cuanto debo de aprender de ese buen ladrón !!!
    Rotundas las palabras de Jesús y totalmente presentes en este año de la Misericordia para todos los que con humildad reconocemos nuestra culpa: hoy mismo estaremos con Él en el paraíso !!!
    Gracias por recordármelo !!!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s