Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

 La primera palabra que se recoge de Jesús en la cruz nos la presenta el evangelista Lucas: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Estas palabras de Cristo Crucificado nos llegan al corazón y nos abren al Corazón del Señor.

Escuchamos a Jesús en  medio de un coro de injurias, de blasfemias, de burlas, de gritos de odio, de desprecio por parte del pueblo, por parte de los sacerdotes, por parte de sus compañeros de suplicio.

Y la única respuesta de Jesús a todas esas injurias, a todos esos insultos es el silencio. img-20160207-wa0110.jpgEl silencio profundo, humilde, porque también existen silencios altaneros y despectivos. El silencio de Jesús es un silencio humilde, sereno, manso, profundo…

Contemplemos la actitud humilde de Cristo humillado, de Cristo desnudo, totalmente desnudo en la cruz. Desnudo de vestiduras, desnudo de palabras, anonadado hasta lo más. El Verbo Eterno de Dios finaliza su vida como la ha comenzado: desnudo y callado en un pesebre, desnudo y callado en la Cruz.

Lo único que Jesús tiene en la Cruz, con lo que está revestido, lo que reviste su carne, es su amor y su vida ofrecidos al Padre. Ojalá que nuestra vestidura siempre fuera esa: ¡el amor y la vida entera ofrecidos!

Él es el Sumo Sacerdote de la humanidad que está ofreciendo el sacrificio supremo de la historia, el sacrificio definitivo de la historia, porque Él es la Hostia perfecta, el Cordero sin mancha que expía todos los pecados de todos los hombres, de todos los tiempos. Y los grandes sacrificios se ofrecen en silencio.

Es Cordero, Víctima Expiatoria, que carga sobre sí, en Ss Corazón, nuestro pecado. Para que seamos bendecidos por Dios, Él se ha hecho maldito de Dios y carga con los males y las enfermedades de toda la humanidad. Carga con todos nuestros males para curarlos, carga con nuestra maldición para convertirla en bendición, y lo hace en silencio. Se ha hecho a Sí mismo maldito de Dios para que seamos bendecidos de Dios. Se ha hecho de Sí mismo un sin-Dios para que encontremos a Dios.img-20160207-wa0111.jpg

Jesús está así ante el Padre y muere orando al Padre. Reza al Padre -a quien ama intensamente, infinitamente, apasionadamente- y le reza piisiendo perdón porque la ofensa al Padre a Jesús le destroza el Corazón, es lo que más le hiere. Y ora de tal manera, con tanto respeto, que el mismo centurión -que era un pagano- se queda impresionado y reconoce en Él al Hijo de Dios.

¿Y qué reza Jesús? De su Corazón brota irresistible el grito del perdón para nosotros por encima de todos los insultos, de todos los gritos, de todas las blasfemias, de todas las barbaridades que llegaban a sus oídos. El grito de Jesús es más fuerte: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”.

Ese grito de Jesús en la Cruz tuvo que taladrar las entrañas del Padre… ¡tuvo que ser impresionante! Y ese grito sigue resonando en el Corazón del Padre hasta el fin de los siglos.

Jesús sigue presentándose al Padre, en un continuo presente, pidiendo perdón para nosotros, pidiendo perdón para mí, para cada uno. Jesús desnudo, sin nada, se sigue presentando al Padre en su Cruz, como un escudo delante de mí; y continuamente dice: “Padre, perdónala, porque ella no sabe lo que hace”. ¡Es mi gran Valedor, es mi Salvador, es Quien me cuida, el que intercede por mí! El que pone su Cuerpo delante del mío, para recibir Él el castigo que yo merezco; y para que, viéndole a Él, el Padre olvide mi pecado, no lo tenga en cuenta.

Jesús pide perdón por todo y para todos. Jesús no pide perdón por esto o por aquello o por lo otro. Jesús pide el perdón. El perdón absoluto de todo, el perdón que es la Redención, el rescate de todos, para devolvernos a la dignidad de verdaderos hijos de Dios. Jesús nos reconcilia con el Padre para siempre por Su Sangre, por Su Cruz, perdón para todos, porque somos unos inconscientes, unos locos y no sabemos lo que hacemos.

La Sangre de Jesús no clama venganza, clama perdón. La Sangre de Jesús es derramada para el perdón, para el perdón de los pecados: perdón para los verdugos, perdón para Anás, para Caifás, para los que le han entregado, para todos estos que manipulan a la multitud; perdón para Pilato, para Herodes, para Pedro, para Judas, perdón para ti, perdón para mí…

Jesús manso y humilde de Corazón siempre excusa, siempre perdona. Reconoce que pecamos, asume la verdad de nuestro pecado, no lo niega, pero pide perdón. Pide perdón, atenuando en la medida de lo posible, la severidad, la dureza, la inflexibilidad. Y es verdad que no saben bien lo que están haciendo: que todos esos que crucifican a Jesús, en realidad, no saben lo que hacen.

Vivimos el mal en proporciones industriales, en cantidades ingentes de violencias, de guerras cruentas, campos de concentración, hambre, violación de los derechos más fundamentales de las personas… ¡No sabemos bien lo que hacemos, la mon59f1001bstruosidad a la que estamos conduciendo al mundo!

La Virgen, con el Corazón destrozado, se une a la oración de Jesús, intercede por los pecadores, pide perdón para aquellos que le están matando al Hijo.
¡Qué lección para nosotros! Para nosotros, para quienes suele ser tan difícil perdonar y olvidar las injurias que nos hacen que, comparadas con la Cruz de Jesús, son ridículas y solemos tener para esas pequeñas injurias muchas veces una memoria imborrable.

El Señor nos enseña cómo se perdona aún a aquellos que nos están quitando la vida. Todos los mártires -que son los verdaderos testigos- nos lo han enseñado así. Ningún mártir sería considerado como tal si no perdonara a los que le martirizan. Ahí está la grandeza del amor: “haced el bien a los que os injurien”, “amad a vuestros enemigos…”

Nos acercamos ahora a esa Sangre que fluye y corre por el madero. Peguémonos al madero, y no tengamos reparo en dejarnos empapar por la Sangre de Jesús, empaparnos de ella, para que nos purifique, para que nos enseñe a pedir perdón y a ser generosos ofreciendo nuestro perdón. No podemos irnos del Calvario sin recibir perdón y sin perdonar. Que no quede nuestro corazón ninguna mancha de resentimiento.

¡Hoy, sin falta, perdonémonos todos todo, sin excepción! Regresemos del Calvario con el corazón limpio, ligero, purificado y abierto, porque la Palabra de Jesús nos ha hecho caer en la cuenta de que no sabemos lo que hacemos.

 

Un comentario en “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

  1. Es cierto todo lo que NM a escrito en este texto.
    Dios a dado su vida entera por mi y por la humanidad entera, para perdonar mis faltas, mis pecados, solo sabe amarme Dios, no sabe hacer otra cosa, que perdonarnos, amarnos, y constantemente dando su vida por mí. Y por ello quiero pedir perdón a todas aquellas personas, que he podido ofender.

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