Muéstranos al Padre (XIV)

El Padre ha querido darse a conocer por el Magisterio y el Ministerio de la Iglesia

¿Cómo reacciona ante esta herejía la fe de la Iglesia?  La Iglesia, ante un error, siempre reacciona y reacciona con energía: ¿cómo? Con un Concilio. De hecho se convocaron los primeros Concilios para definir la fe. El Credo que rezamos –el “largo” que llamamos– salió de Nicea y de Constantinopla; de dos Concilios que hubo, en los que se definió claramente que Dios era Padre, Hijo y Espíritu Santo; porque había sus más y sus menos en la primitiva Iglesia.

El Credo de los apóstoles –el “corto”– define muy claramente las cosas, pero muy conceptualmente, y el Credo Niceno-Constantinopolitano –se llama así porque salió de los dos concilios: Nicea y Constantinopla en el siglo I, muy al principio– define con más claridad las verdades de la fe. Por ejemplo: dice el Credo Apostólico “Creo en Espíritu Santo” y el otro dice “Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria…” ¿Por qué? Porque los cristianos de aquella época creían que el Espíritu Santo sí era Dios, pero no era tan Dios… Era alguien… como de tercera división, porque encima era el tercero de la lista. Y hay que nombralo el tercero, porque… no se puede nombrar los Tres al mismo tiempo, pero no porque sea el último: “es Señor y Dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, y con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria…” porque es Dios igual que el Padre y el Hijo.

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La Iglesia siempre reacciona y por eso nunca podemos buscar ninguna verdad fuera de la Iglesia Católica. ¿Por qué? Por supuesto lo digo porque soy católica y católica convencida, pero porque tiene una razón: la Iglesia es Madre y es Maestra y el Espíritu Santo actúa cuando quiere, donde quiere y como quiere, es cierto. Pero ordinariamente actúa por el Magisterio de la Iglesia y por el Ministerio de la Iglesia. ¿Qué quieren decir estas dos palabras? Magisterio de la Iglesia es la enseñanza de la Iglesia, la Iglesia es Maestra, la Iglesia nos enseña la verdadera fe y es la garantía de que la fe que estamos recibiendo es la que Jesús nos vino a transmitir. Si nos salimos de ahí no vamos por buen camino.

La Iglesia Católica es Madre y Maestra y es la Iglesia que fundó Jesús. Es santa a pesar de que está formada por un montón de hombres y mujeres pecadores que dejamos mucho que desear. La Iglesia es santa e inmaculada, es eterna, no va nunca conocer la corrupción. Es inmaculada y “nunca las fuerzas del mal van a poder vencerla” –eso es Palabra del Señor, de Nuestro Señor Jesucristo– “nunca las fuerzas del mal” -y ¡cuidado que ha sido combatida y perseguida desde el principio, sigue siéndolo y lo seguirá siendo!– “van a poder con ella”. La Iglesia es siempre garantía de salvación y garantía de verdad.

La Iglesia Católica, nuestra Iglesia, es la Iglesia que fundó Jesús. Fundada sobre el Magisterio, sobre lo que nos enseña Pedro, que tiene una asistencia especial y única del Espíritu Santo de Dios. Todo lo demás, fuera de ahí, es muy respetable -y lo respetamos- pero la Iglesia verdadera, de la que y a la que doy gracias a Dios de pertenecer, es la Católica, Apostólica y Romana, la Iglesia de Roma.

Dios actúa por el Magisterio de la Iglesia, nos enseña a través de la Iglesia. Por eso cualquier doctrina, cualquier idea “guay del Paraguay” que uno tenga, por muy “guay” que te parezca, lo que hay que hacer es ir y decir a la Iglesia: “esto parece que nos dice el Señor. ¿Lo dice el Señor o me lo he sacado yo de la manga?” Quien tiene que juzgar eso es la Iglesia. Todo lo demás son… puros detalles, anécdotas los juicios que hagamos, pero ¿de garantía? El juicio de la Iglesia, todo los demás… son relativos aunque sean respetables, pero son relativos.

Y el Ministerio de la Iglesia es el trabajo de la Iglesia; la Iglesia nos enseña y trabaja en nosotros. Hay una cosa que muchas veces nos pasa desapercibida –a mí me ha pasado y todavía me pasa muchas veces desapercibida- pero otras veces lo repaso despacio y lo escucho despacio y es una gozada.

Yo no sé si os habéis fijado en las palabras de la fórmula de la absolución sacramental. “Dios Padre misericordioso, que reconcilió consigo el mundo por la muerte y resurrección de Su Hijo, te conceda por el Ministerio de la Iglesia el perdón y la paz.” El perdón de Dios viene por la Iglesia y sus ministros. Puede venir por mil medios, porque Dios es omnipotente y puede hacer lo que le da la gana. Y eso yo jamás lo voy a negar. Pero el camino ordinario por donde recibimos “el perdón y la paz”, el sosiego del alma, es por el Ministerio de la Iglesia. Y todo eso viene del Espíritu Santo que actúa en el Magisterio y en el Ministerio. El Espíritu Santo actúa de muchas maneras pero, con toda seguridad, actúa por el Magisterio y por el Ministerio. Y ¿por qué todo ese rollo si estamos hablando del Padre? Porque el Padre ha querido darse a conocer por el Magisterio de la Iglesia y por el Ministerio de la Iglesia.

christ-divine-redeemer-simon-dewey-399x560Ante las herejías –que es por lo que ha venido todo eso– la Iglesia reacciona, pone a “trabajar” a sus teólogos. Y tenemos a Tertuliano, uno de los padres de la Iglesia, que no sé bien porque no está canonizado. Orígenes sí que sé por qué no está canonizado. Tertuliano… debe ser que tenía un genio tan endiablado que no… no lo sé muy bien. Debía ser un buen hombre, debía de saber muchísimo, porque era un gran teólogo, es Santo Padre apostólico, pero debía tener un “geniete”… ¡de agárrate! por lo poco que he podido investigar. Entonces le valió la sabiduría, le valió el título de Padre de la Iglesia, pero no tenía la fama de santidad en el pueblo de Dios.

Digo que Tertuliano afirma ante esto que hacen los gnósticos, que lo hacen con buena voluntad, pero es equivocado, es una herejía. Dice: “Para saber quien es Dios no asistimos a las escuela de los filósofos, o a Epicuro, sino a los profetas y a Cristo. Nosotros, que creemos en un Dios que hasta ha venido a la tierra y ha querido compartir con nosotros la humildad de la condición humana para salvarnos, estamos bien lejos del parecer de quienes quieren un Dios que no se preocupa de nada. De ahí procede el racionamiento de los heréticos que dicen ‘si Dios se encoleriza, contesta, levanta la voz y se entristece eso quiere decir que se corrompe y que muere, luego no puede ser Dios. ¡Grandísimos necios! Juzgan las cosas divinas de acuerdo con las cosas humanas, y como en el hombre estas cosas implican corrupción, piensan que también lo hay en Dios.” O sea, encolerizarse, contestar, levantar la voz, enfadarse en el ser humano es signo del mal, es signo de pecado, es signo de corrupción; en Dios no significa eso, significa otra cosa que nos dice a continuación.

 

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