La llevaré al desierto y hablaré a su corazón

Del libro del profeta Oseas (Os 2, 16-22):

Por eso yo voy a seducirla, la llevaré al desierto y hablaré a su corazón. Allí le daré sus viñas; al valle de Acor lo haré puerta de Esperanza. Y ella responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto. 

Y sucederá aquel día –oráculo de Iahweh- que ella me llamará ‘Marido mío’ y no me llamará más ‘Baal mío’. Yo quitaré de su boca los nombres de los baales y no se mentará más por su nombre. Haré en su favor un pacto el día aquel con la bestia del campo, con el ave del cielo, con el reptil del suelo. Arco, espada y guerra los quebraré lejos de esta tierra, y haré que ellos reposen en seguro.

Yo te desposaré conmigo para siempre, te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasión. Te desposaré conmigo en fidelidad y tú conocerás a Iahweh”.

 

Oseas nos habla del desierto y… de alguna manera, lo mismo que Jesús fue conducido al desierto, nosotros somos conducidos ahora en esta Cuaresma también al desierto.

Pero estamos en el Año de la Misericordia y yo querría que consideráramos el desierto como nos lo presenta aquí Oseas: no con esa connotación negativa que solemos darle, de pura ascesis, de pura peregrinación, de puro despojo… -¡también el desierto es eso!- pero no sólo es eso y no siempre es eso.oasis_en_el_desierto

En este Año de la Misericordia, la Cuaresma es una peregrinación de cuarenta días por el desierto. Pero en el Año de la Misericordia, el desierto lo tenemos que mirar como lo presenta Oseas. El desierto es un ideal… ¡un ideal perdido! Así nos lo presenta la Palabra de Dios en el Éxodo.

¿Por qué es un ideal perdido? Porque Israel, cuando acaba de salir de Egipto y va peregrinando en su éxodo por el desierto, recién recibida la Ley en el Sinaí, recién liberado de Egipto, recién vivida la Pascua, recién atravesado el Mar Rojo… Israel era entonces joven y aún no se había corrompido ni prostituido con los dioses extranjeros. Israel era fiel a Yahweh durante el éxodo por el desierto, sobre todo al principio… No conocía dioses extranjeros -aún no era adúltero- y los israelitas le seguían a través del desierto fielmente, teniéndole siempre presente y visible en la columna de fuego o en la columna de nube.

Por eso el desierto es el ideal de vida que el pueblo ha perdido: ese caminar con Yahweh, en la presencia de Yahweh, en la fidelidad a Yahweh, con la novedad de su Ley… recién comida la Pascua, recién vivida la Pascua, recién estrenada la libertad.

Y Oseas, cuando nos habla aquí de cómo quiere cortejar a la mujer de la que está locamente enamorado y que le ha sido infiel, que es adúltera, presenta ese ideal: “yo voy a seducirla, la llevaré al desierto y hablaré a su corazón”.

arenas-del-desierto-1400x1050

Llevarnos al desierto es el lugar ideal, el lugar óptimo, donde Dios nos va encontrar, nos va a cortejar, nos va a seducir, nos va a enamorar… ¡El desierto es el lugar donde Él nos habla al corazón!

Y esta Cuaresma, este desierto cuaresmal, es un tiempo de misericordia: de que, a pesar de nuestra infidelidad, ¡Él va a volver a cotejarnos!, ¡va a volver a enamorarnos!, ¡va a volver a llevarnos al desierto, para recobrar el ideal de aquel amor primero, de aquel amor de antes de nuestro adulterio, anterior a nuestra infidelidad! Y allí, en el desierto, nos va a hablar al corazón.

Oseas sigue diciendo: “allí le daré sus viñas, el valle de Acor lo haré puerta de Esperanza”. El valle de Acor es el lugar de un acto de infidelidad duramente castigado por Yahweh. Lo podemos leer en el libro de Josué 7, 24-26. En el valle de Acor, el pueblo fue tremendamente infiel y duramente castigado. Y ahora nos dice que ese “valle de Acor” -signo y símbolo de la infidelidad- va a ser transformado en “Puerta de esperanza.”

Cuando nos lleve al desierto y hable a nuestro corazón, y nos corteje como al principio, nuestra infidelidad y nuestro pecado van a ser transformados en esperanza, en posibilidad de volver a comenzar. “Y ella me responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que subía de Egipto…”

Lo más grande de la Misericordia de Dios es su capacidad de infinita regeneración. No simplemente nos cura, sino que nos regenera de tal manera que borra nuestra infidelidad y vuelve al principio, vuelve a amarnos con la misma confianza, con la misma ilusión, con la misma alegría… sin tener para nada en cuenta nuestra infidelidad.

¡¡Éste es Dios!! ¡¡Y esta es su Misericordia!! Y esto nos posibilita responder allí como en los días de nuestra juventud, como en los días de nuestro amor primero, como cuando empezamos por primera vez a seguir al Señor: sin prejuicios, sin miedos, sin el peso de nuestra culpa, sin complejos… todo eso que a veces recordamos con nostalgia. ¡¡Está mal recordado así!!

En la vida espiritual no cabe esa máxima de que “cualquier tiempo pasado fue mejor… que ya aquello no puede ser como era…” Todas esas expresiones nostálgicas que utilizamos muchas veces, en la vida espiritual no sirven; no tienen objeto, porque en la vida del espíritu, en la historia de amor de cada una de nosotros con Dios, siempre hay un volver a empezar… Borrón y cuenta nueva, pero… ¡literalmente!

No vale decir: “ya no puede ser como aquello, cuando yo respondía al principio, inocente, sin culpa… Ahora eso yo ya lo he perdido…”arboles-en-flor,-acera,-arbustos-174736 ¡¡No!! En el amor humano sí es así, pero con Dios no es así. ¡Cabe la inocencia primera! ¡Cabe el amor primero! ¡Cabe la ilusión primera, porque Él hace nuevo todo! “He aquí que Yo vengo y hago nuevas todas las cosas”.

Jesús nos renueva hasta el punto de poder empezar de nuevo, con todo nuevo, con esperanza nueva, con ilusión nueva. Y no es un decir: ¡¡¡¡es verdad!!! ¡¡¡Es realidad!!! ¡¡¡Es nuevo!!!… ¡Ahora empiezo! ¡Ahora me enamoro por primera vez!… ¡Sin pesos de un pasado errado!

Si acarreamos -en nuestra vivencia de amor con el Señor- el peso de nuestros pecados pasados y de nuestros errores pasados, sabed que el defecto es nuestro, ¡no de Él! Él me sale al encuentro cada día. Y me sale al encuentro esta Cuaresma con amor nuevo, con amor recién nacido, con ilusión nueva, con confianza absoluta en mí.

¡¡Él es así!! No cometamos el error de medir a Dios conforme a nuestra mezquindad.

 

2 comentarios en “La llevaré al desierto y hablaré a su corazón

  1. Qué cierto es saber que Él siempre nos seduce para que empecemos de nuevo a escribir nuestra historia de amor pero con un formato distinto,con una caligrafía más bella,con una pluma llena de perdón y mucho amor…..y cada página plasmará cosas maravillosas que antes no se vivieron y cosas importantes que antes no lo fueron…. Comenzar y recomenzar las veces que sean necesarias para sacar a flote de nuevo el amor entre dos seres que se quieren desde toda la eternidad.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s