El Ser amante que Santa Teresa nos muestra

 

Así que en estos tiempos de quietud, dejar descansar el alma con su descanso. Quédense las letras a un cabo. Tiempo vendrá que aprovechen al Señor y las tengan en tanto, que por ningún tesoro quisieran haberlas dejado de saber, sólo para servir a Su Majestad, porque ayudan mucho. Mas delante de la Sabiduría infinita, créanme que vale más un poco de estudio de humildad y un acto de ella, que toda la ciencia del mundo. oracion-3Aquí no hay que argüir, sino que conocer lo que somos con llaneza, y con simpleza representarnos delante de Dios, que quiere se haga el alma boba, como a la verdad lo es delante de su presencia, pues Su Majestad se humilla tanto que la sufre cabe sí siendo nosotros lo que somos”.

Santa Teresa nos habla de la humildad y condescendencia de Dios que desea nuestra humildad, que desea el conocimiento sencillo y amoroso de nuestra pequeñez y de nuestra dependencia de Dios. En el Camino de Perfección en el capítulo 22 en el número 4 dice unas palabras preciosas acerca de esto, dice: “que gusta más el Señor de la sencillez de un pastorcito humilde que ve que si más supiera más dijera, que de los muy sabios y letrados, por elegantes razonamientos que hagan, si no van con humildad.”

“También se mueve el entendimiento a dar gracias muy compuestas; mas la voluntad, con sosiego, con un no osar alzar los ojos con el publicano, hace más hacimiento de gracias que cuanto el entendimiento, con trastornar la retórica, por ventura puede hacer…”

A propósito de esta preciosísima afirmación de la Santa, Martín Ballester en sus comentarios a los grados de oración de Santa Teresa nos dice que “es evidente la primacía que la Santa da a la voluntad sobre el entendimiento. Influenciada por el franciscanismo de Osuna, Laredo y el agostinismo de San Juan de la Cruz, sabe que el entendimiento extrae la realidad de las cosas y se adueña de ellas y la voluntad sale a ser poseída por el objeto amado.

El ser pensante de Descartes, un siglo posterior a la Santa, no tiene nada que ver con el ser amante de Teresa. Pero cuanta formación extraviada de intelectualizantes forjó hombres que razonaron y razonaron, teorizaron y teorizaron, como si la vida de Dios, participada los hombres, fuese una abstracción que no llegaba a la voluntad.

img-20160111-wa0162.jpgLas abstracciones no son amables ni se pueden amar. Y, si no se aman, nuestra religión quedaría totalmente despersonalizada, fría, vacía, dando lugar a fríos intelectuales, nunca a santos y por consiguiente, a gente propicia a la soberbia, la autosuficiencia pecaminosa que es la soberbia.

Precisamente Satanás, el gran pervertido y pervertidor, es soberbio por eso: porque su inteligencia angélica muy superior a la nuestra, no está calentada por el amor, es una inteligencia fría, absolutamente centrada en sí y egoísta; mientras que la inteligencia del santo está iluminada y caleada por el amor y descentrada de sí mismo, centrada en Dios, orientada a Dios. Satanás tiene una inteligencia de ángel no calentada por el amor porque él es incapaz del amor.

Por eso, se confirma que la única vía válida para la santidad es el amor, cualquier ejercicio de cualquiera de nuestra facultadas tiene que quedar elevado, santificado por el amor.

Por esto y por otras muchas cosas, avisé yo en el primer modo de oración, en la primera agua, que es gran negoción comenzar las almas oración comenzándose a desasir de todo género de contentos, y entrar determinadas a sólo ayudar a llevar la cruz de Cristo, como buenos caballeros que sin sueldo quieren servir a su rey, pues le tienen bien seguro. Los ojos en el verdadero y perpetuo reino que pretendemos ganar. Es muy gran cosa traer esto siempre delante, en especial en los principios; que después tanto se ve claro, que antes es menester olvidarlo para vivir, que procurarlo traer a la memoria lo poco que dura todo y cómo no es todo nada y en lo nonada que se ha de estimar el descanso.

Parece que esto es cosa muy baja, y así es verdad, que los que están adelante en más perfección tendrían por afrenta y entre sí se correrían si pensasen que porque se han de acabar los bienes de este mundo los dejan, sino que, aunque durasen para siempre, se alegran de dejarlos por Dios. Y mientras más perfectos fueren, más; y mientras más duraren, más. Aquí en estos está ya crecido el amor, y él es el que obra. Mas a los que comienzan esles cosa importantísima, y no lo tengan por bajo, que es gran bien el que se gana, y por eso lo aviso tanto; que les será menester, aun a los muy encumbrados en oración, algunos tiempos que los quiere Dios probar, y parece que Su Majestad los deja. Que, como ya he dicho y no querría esto se olvidase, en esta vida que vivimos no crece el alma como el cuerpo, aunque decimos que sí, y de verdad crece. Mas un niño, después que crece y echa gran cuerpo y ya le tiene de hombre, no torna a descrecer y a tener pequeño cuerpo; acá quiere el Señor que sí, a lo que yo he visto por mí, que no lo sé por más. Debe ser por humillarnos para nuestro gran bien y para que no nos descuidemos mientras estuviéremos en este destierro, pues el que más alto estuviere, más se ha de temer y fiar menos de sí.

 Como siempre, Santa Teresa habla de su experiencia y desde su experiencia. En la soledad de Becedas, ella había gozado de la oración de unión, fruto de sus lecturas, de su soledad, de ese recogimiento y también del sufrimiento y los dolores de su enfermedad. Y nos cuenta que, vuelta a la Encarnación, cuando se mejoró un poco, después que San José le concediera la gracia de su curación, nos dice ella “comencé de pasatiempo en pasatiempo, de vanidad en vanidad, de ocasión en ocasión a meterme en tanto en  muy grandes ocasiones” hasta el punto y ella dice que “este fue el mayor engaño que le hizo el demonio, que dejó la oración por completo” hasta la enfermedad de su padre y el encuentro con el padre Barrón que la llevó de nuevo a la oración, la hizo  retornar  a la oración.


Pues tornando a lo que decía, gran fundamento es, para librarse de los ardides y gustos que da el demonio, el comenzar con determinación de llevar camino de cruz desde el principio y no los desear, pues el mismo Señor mostró ese camino de perfección diciendo: Toma tu cruz y sígueme. El es nuestro dechado; no hay que temer quien por sólo contentarle siguiere sus consejos.

En el aprovechamiento que vieren en sí entenderán que no es demonio; que, aunque tornen a caer, queda una señal de que estuvo allí el Señor, que es levantarse presto, y éstas que ahora diré.

wherever-he-leads-me-greg-olsenRespecto a los gustos de Dios, San Juan de la Cruz nos dirá que no solo no desearlos sino positivamente debemos rechazar esos sentimientos y no digamos otras manifestaciones aunque vengan de Dios porque aún siendo genuinos, aún siendo auténticos, aún procediendo de Dios, le resulta muy fácil al demonio acrecentar apetitos y afectos y deseos para que el alma caiga en la gula espiritual y otros daños.

Aquí Santa Teresa nos dice  al final de este número 13: “Comenzar con determinación camino de cruz y no desear gustos”. ¡Con determinación! Buscar a Dios con un amor limpio, desinteresado, buscar a Dios por Dios mismo, por quién Él es, no por el gusto o la satisfacción que yo pueda encontrar en ese hallarle a Él. No buscarme a mí misma, no buscar el gusto, la satisfacción, buscarle solo a Él, puramente a Él.

…Cuando es espíritu de Dios, no es menester andar rastreando cosas para sacar humildad y confusión, porque el mismo Señor la da de manera bien diferente de la que nosotros podemos ganar con nuestras consideracioncillas, que no son nada en comparación de una verdadera humildad con luz que enseña aquí el Señor, que hace una confusión que hace deshacer. Esto es cosa muy conocida, el conocimiento que da Dios para que conozcamos que ningún bien tenemos de nosotros, y mientras mayores mercedes, más. Pone un gran deseo de ir adelante en la oración y no la dejar por ninguna cosa de trabajo que le pudiese suceder; a todo se ofrece; una seguridad, con humildad y temor, de que ha de salvarse; echa luego el temor servil del alma y pónele el fiel temor muy más crecido;  ve que se le comienza un amor con Dios muy sin interés suyo; desea ratos de soledad para gozar más de aquel bien.

En fin, por no me cansar, es un principio de todos los bienes, un estar ya las flores en término que no les falta casi nada para brotar. Y esto verá muy claro el alma, y en ninguna manera por entonces se podrá determinar a que no estuvo Dios con ella, hasta que se torna a ver con quiebras e imperfecciones, que entonces todo lo teme. Y es bien que tema. Aunque almas hay que les aprovecha más creer cierto que es Dios, que todos los temores que la puedan poner; porque, si de suyo es amorosa y agradecida, más la hace tornar a Dios la memoria de la merced que la hizo, que todos los castigos del infierno que la representen. Al menos la mía, aunque tan ruin, esto me acaecía.

Porque las señales del buen espíritu se irán diciendo, mas como a quien le cuestan muchos trabajos sacarlas en limpio, no las digo ahora aquí. Creo, con el favor de Dios, en esto atinaré algo; porque, dejado la experiencia en que he mucho entendido, sélo de algunos letrados muy letrados y personas muy santas, a quien es razón se dé crédito, y no anden las almas tan fatigadas, cuando llegaren aquí por la bondad del Señor, como yo he andado.”

 

 

 

 

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